viernes, 7 de septiembre de 2012

RABIH ABOU-KHALIL - "Blue Camel": Un viaje hacia otras culturas


El Jazz siempre ha sido punto de encuentro de culturas. El sentimiento de apertura y libertad del género americano por excelencia, ha hecho que se conciba como la Música Clásica del siglo XX y se utilice como vehículo de expresión de músicos de todas las nacionalidades y pasado cultural. Esto hizo que el género fuera mutando y alejándose de su concepción primigenia y se enriqueciera con multitud de sonidos, hasta el punto de que hoy en día “Jazz” es un todo, más que algo concreto, para deleite de los ávidos por descubrir nuevos sonidos y desesperación de los puristas. Este hecho se hace evidente con músicos como ANOUAR BRAHEM, ARTO TUNÇBOYACIYAN o el que ahora me ocupa, RABIH ABOU-KHALIL (los dos primeros citados de origen turco y ABOU-KHALIL libanés), teniendo en común el mezclar la tradición, instrumentación y sonido orientales con la improvisación y la forma de componer del Jazz, y compartiendo además BRAHEM y ABOU-KHALIL su elección a la hora de expresarse: el Laúd. Todos estos elementos y argumentos pueden ser ilustrados con “Blue Camel”, uno de los puntos culminantes de RABIH ABOU-KHALIL y una maravilla de la fusión de culturas.

“Blue Camel” ha sido en varias ocasiones comparado con “Kind Of Blue”, no sólo por el traslado del azul hacia el paisaje desértico del Medio Oriente a lomos de un camello, sino por sus similitudes musicales en cuanto a frialdad en la ejecución, el uso de los modos en la composición y la instrumentación, trufada de herencia oriental, pero similar a la del disco de MILES DAVIS, con CHARLIE MARIANO y KENNY WHEELER como maestros de ceremonias, STEVE SWALLOW dando una lección de acompañamiento y el toque étnico de la mano de tres percusionistas, el gran MILTON CARDONA y NABIL KHAIAT y RAMESH SHOTHAM desde el punto de vista oriental. La comparación sea quizás algo excesiva, pero en cualquier caso el músico libanés consigue en “Blue Camel” una pieza muy inspirada en donde, especialmente en los tiempos más pausados y ceremoniosos, nos consigue trasladar a sonidos diferentes, a otras culturas e incluso épocas, sin abandonar por ello la libertad y el sentimiento musical avanzado que proporciona el Jazz en sentido estricto.

“Blue Camel” empieza haciendo honor a su nombre con “Sahara”, de manera pausada, rítmica y trayendo a la mente el constante balanceo de un camello atravesando el desierto en plena tormenta de arena. El pulso continuo de SWALLOW y CARDONA son la sangre que alimenta las venas de WHEELER, MARIANO y el propio ABOU-KHALIL, llevándonos de la mano a un viaje hacia Oriente. Con “Tsarka” la textura cambia: se mantiene el aire oriental, pero la fuerza y el poderío es mucho mayor, en especial en la parte solista de WHEELER y MARIANO. El calor tropical y los modos armónicos orientales vuelven con “Ziriab” (nada que ver con la composición de PACO DE LUCÍA de igual nombre, aunque sí con similar inspiración), esta vez con mayor protagonismo para el laúd de ABOU-KHALIL, mientras que el propio “Blue Camel” es vehículo de lucimiento para CARDONA, NABIL KHAIAT y SHOTHAM, que tejen un colchón de percusiones mientras ABOU-KHALIL está especialmente virtuoso en su improvisación y contagia al propio MARIANO. La segunda parte del trabajo sigue con “On Time”, corte efusivo especialmente por parte de WHEELER y que sirve de preludio para otro de los temas de ritmo pausado y cálido, “A Night In The Mountains”, que consigue transmitir el crepúsculo nocturno y el aroma de la arena del desierto con la Luna como única luz de guía. 

Para el final, RABIH ABOU-KHALIL reserva una pieza corta y directa como es “Rabou-Abou-Kabou” y su contrapunto, la composición más larga del trabajo, “Beirut”, que comienza con un gran sólo por parte de ABOU-KHALIL y acaba explotando en disonancias y cambios de estructura, como si el protagonista de “Blue Camel” hubiese querido trasladar por un lado el recuerdo de su ciudad y por otro la barbarie de la Guerra a la que se vio sometida. Con todos estos ingredientes RABIH ABOU-KHALIL construye su canto del cisne particular, un trabajo exquisito y lleno de matices, que consigue evocar e impresionar y que demuestra que el Jazz es ya sólo una excusa, un punto de encuentro entre sonidos antagónicos que se dan la mano de forma natural. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

DECAPITATED - "Organic Hallucinosis": Un cambio de tercio


Ya había ganas de escuchar el nuevo disco de estos polacos después de sus anteriores lanzamientos, y por fin tenemos en nuestras manos "Organic Hallucinosis", con unos cuantos cambios tanto en lo musical como en lo personal, que para mi gusto han dado como resultado un disco que probablemente abra un nuevo camino en el seno de una banda que siempre ha facturado grandes discos, a pesar de la juventud de sus miembros (en sus primeros discos no sobrepasaban los 18 añitos las criaturas).

El primero de los cambios es la incorporación de otro cantante. Covan es el nuevo miembro de la banda, y su registro es un poco chocante en el seno de la banda, pues tiene una tonalidad menos agresiva, aunque viendo en qué dirección está yendo la música de la banda, no podían haber elegido un cantante mejor. Y al hilo de esta nueva formación es el momento de hablar del otro cambio fundamental, la música. No es que DECAPITATED haya cambiado su propuesta en exceso, pero si parece que quieren quitarse de encima la etiqueta de Death Metal old-school, y han querido dar un aire más moderno, tanto en producción como en composición. Tampoco significa que hayan incluido samplers, o elementos electrónicos, pero las estructuras de los temas se han teñido de elementos pseudo-progresivos que los pueden conectar, por ejemplo, con unos MESHUGGAH a la centro europea. Los riffs de DECAPITATED se han vuelto más técnicos, esquizoides y con un sonido más actual, sin tanto regusto clásico de obras pretéritas. Esto a priori puede ser un punto en contra de este disco si consideras la carrera de estos jóvenes polacos, pero tras varias escuchas a "Organic Hallucinosis" puedo decir que creo que han dado con la fórmula adecuada para dar un nuevo aire a su música.

El primer corte, "A Poem About An Old Prison Man" es quizás el que más te puede recordar en las guitarras a MESHUGGAH, por esos riffs plagados de notas que se repiten una y otra vez. La voz de Covan, como ya he comentado, le da un aire más actual a la música, alejándose de lo hecho en el pasado, pero a la vez sonando a DECAPITATED por los cuatro costados. "Day 69" es probablemente mi corte preferido, donde cada instrumento tiene un momento de gloria, ya sea en forma de acompañamiento brutal (la batería) o de solos increíbles. Es uno de los temas más técnicos y duros de escuchar, pero que pasa con sobresaliente. "Revelation Of Existence (The Trip)" es un punto negativo para mi gusto en este disco. Pretende ser un medio tiempo, cargado de riffs complejos y groove, pero se queda a medio camino, dejándote un poco frío para mi gusto. Algo parecido me sucede con "Post(?) Organic", más rápido que su predecesor, pero donde más han intentado experimentar con estructuras alocadas y riffs machacones. De hecho a veces puedes pensar que estás ante un buen grupo de Metalcore, más que ante una banda de Death Metal. Pero no es esto lo que me deja frío del corte, sino su final, que se me antoja un poco precipitado, como si se les hubieran agotados las ideas. Nuevamente la sombra de MESHUGGAH viene con "Visual Delusion", un corte que combina esos riffs esquizoides de los suecos, con los ataques de Death Metal brutal a los que nos tenían acostumbrados DECAPITATED. 

No he hablado nada de la producción hasta el momento, pero no cabe duda que el sonido conseguido por los polacos en esta entrega, roza la perfección técnica, si bien es totalmente distinto a lo que habían tenido hasta ahora. Es una producción saturada de pistas, dónde las guitarras se doblan y el bajo está demasiado por encima de sus compañeros. Con ello logran que las partes más técnicamente obsesivas no se queden en caos y se puedan escuchar, pero pierden cierto aire clásico en las partes más típicamente DECAPITATED. Así, los dos temas que cierran el disco, en especial "Flash-B(l)ack" suenan muy bien en sus partes técnicas, pero a veces rayan la saturación por la presencia tan imponente de todos los instrumentos. Se echa de menos un sonido un poco más orgánico. Quién conoce al grupo, ya sabe que siempre gozaron de producciones muy buenas, pero manteniendo ese regustillo old-school que tanto nos gusta a algunos. "The Negation" ya supuso un paso adelante en este sentido, pero en esta nueva obra lo culminan, dejando fuera cualquier sonido añejo que estuviera presente anteriormente. El compacto, finalmente se cierra con "Invisible Control" quizás el corte más clásico de la banda, con más presencia de blast-beats, pero sin olvidar unas partes a medio tiempo brutales, con el doble bombo destrozando tus altavoces.

En definitiva, no sé cual será la dirección que tomará el grupo de ahora en adelante, pero estoy seguro que la trayectoria de DECAPITATED no será la misma después de este "Organic Hallucinosis". Es un disco de sobresaliente, pero quizás con un cambio demasiado radical con respecto a sus anteriores trabajos, lo que puede que no le guste a sus seguidores más acérrimos. Si estás dispuesto a aceptar esta evolución, seguramente "Organic Hallucinosis" te parecerá un gran disco, si preferías un disco más continuista, seguramente te sorprenda. A mi, personalmente, me ha gustado mucho, pero me sigo quedando con sus obras pretéritas. Cuestión de gustos.

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ABBEY LINCOLN - "It's Me": Excelente madurez


La carrera de ABBEY LINCOLN está llena de desapariciones y renacimientos. Empezando en los 50 como alternativa a una época dorada de vocalistas, sus productores y los sellos discográficos en los que grabó trataron de introducirla en el circuito “mainstream”, pero el invento no cuajó y en los sesenta la carrera de la cantante se diluyó. Surgió entonces su primer renacimiento, impulsada por el entonces su marido MAX ROACH y haciéndose cabeza visible de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. Poco o nada tenía ahora que ver el camino de ABBEY, metida de lleno en experimentaciones avant-garde. Pero nuevamente se produciría su “entierro momentáneo”, hasta que a finales de los ochenta resurgiera y se hiciera poderosa en los noventa y primeros años tras el cambio de siglo. ABBEY LINCOLN era ahora una vocalista madura, de la vieja escuela y tremendamente experimentada, además de una excelente compositora. Como excelente muestra postrera de este renacimiento final, “It’s Me” es una de sus obras más cálidas e intimistas.

Como ocurriría en la mayoría de los discos de su etapa final, el programa deja mucho peso a las composiciones propias de ABBEY, sin olvidar ciertos standards. Sin embargo, “It’s Me” es un disco homogéneo tanto por unos como por otros. ABBEY pretendía mostrar su alma desde el terciopelo de la media luz, con arreglos orquestales de la mano de ALAN BROADBENT del QUARTET WEST de CHARLIE HADEN o buenas melodías de saxo y flauta debidas a JAMES SPAULDING y JULIEN LORAU, y haciendo que su voz rota y personal que siempre le ha valido comparaciones con BILLIE HOLIDAY (a la que ya rindiera tributo en un doble trabajo excelente e imprescindible), suene más crepuscular que nunca, incluso en los momentos más Swing del disco (que también los tiene, como la excelente “The Maestro” de CEDAR WALTON, corte lleno de cambios estructurales y armónicos, que ABBEY simplifica con maestría). Para redondear las intenciones, la vocalista se rodea de buenísimos acompañantes, en especial un KENNY BARRON que está soberbio.

La apertura de “It’s Me” con la siempre emotiva y difícil de interpretar “Skylark”, deja claro que este disco no va a ser un muestrario de tiempos vivos y entretenidos, sino que LINCOLN quiere intimar con nuestros oídos y mostrarse tal y como es. Los temas propios que siguen no dejan lugar a dudas de estas intenciones, incluso con el colorismo añadido por las cuerdas arregladas por BROADBENT. Pero lejos de acabar por sonar demasiado edulcorado o parsimonioso, ABBEY carga de matices todas sus interpretaciones y, como las grandes, como si de una DINAH WASHINGTON se tratara, no deja nunca su sentido del Swing a un lado, ya se enfrente a una balada, a un medio tiempo o a un corte algo más movido. Esto es especialmente llamativo en el dúo que se marca con KENNY BARRON en “It's Me” combinada con la tradicional “O' Lord (Standin' In The Need of Prayer)” o sobre todo “Yellow Bird”, donde el ritmo ligeramente austral (intensificado por la flauta de SPAULDING) y las cuerdas, dejan espacio a una LINCOLN fiel a su sentido del Swing.

Desde “Abbey Sings Billie”, “The World Is Falling Down” y “A Turtle’s Dream”, ABBEY LINCOLN se reinventó y surgió de la nada, con la fuerza y la firmeza de una bagaje a sus espaldas que se extendía medio siglo y que aún iba a dar muchas alegrías. “It’s Me”, editado una década después del último de los citados, ya con la cantante totalmente reasentada y más prolífica que nunca, es otro paso más, no el último, en un reconocimiento artístico tardío que hace cierto aquello de “nunca es tarde...”. La experiencia de la madurez, y la fuerza de la juventud, unidas en un solo trabajo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

HB - "Frozen Inside": No mucho que destacar


Finlandia. Chica al frente con voz operística. Muchos arreglos orquestales y guitarras contundentes... ¿os suena a algo? ¡Premio!, NIGHTWISH. Si quisiera ser breve y finiquitar esta crítica en dos frases, mi trabajo habría acabado. Aquellos que quieran escuchar una banda heredera de los últimos años de la banda finlandesa antes de que Tarja abandonara el barco, con un poco del aire más orquestal y hasta cierto punto agresivo de AFTER FOREVER y otros grupos que en mayor o menor medida han bebido también de Tarja y los suyos, tendrán en “Frozen Inside” una alternativa, la versión inglesa del debut de HB, que originariamente, editado hace dos años, se llamaba “Enne”.

Sin embargo, creo que mi trabajo tiene que tratar de buscar el matiz cuando un disco parece estar definido desde su primera nota, y “Frozen Inside” no va a ser una excepción, partiendo de la base de que es un disco que no va a destacar por nada en especial, y que se convertirá en prescindible para todos aquellos que no sean fanáticos del Metal en su rama más Sinfónica al más puro estilo NIGHTWISH. Y el matiz está en su bella y joven vocalista, Johanna Aaltonen y en unas letras que tienen un denominador común: la religión cristiana. En lo que a Johanna se refiere, además de carecer de la elegancia innata de Tarja, adoptando un estilo mucho más rebelde y adolescente, como si de una Avril Lavigne se tratara, la voz de esta chica es más limitada que la de Tarja, pero sabe explotar sus virtudes. Esto implica que su deje operístico esté en un segundo plano, pero se abre hacia un plano de frialdad aterciopelada, si es que la unión de este sustantivo y este adjetivo cobra algún sentido en el lector de esta crítica. No sabría describirlo, pero sin ser técnicamente hablando un portento, la vocalista de HB tiene un aire muy nórdico, pero al mismo tiempo transmite ternura y belleza. Sin duda, dentro de la falta de personalidad general del combo, Johanna es lo mejor de HB.

En lo que a las letras se refiere, no estamos ante nada nuevo. Antes que HB y en múltiples géneros que van desde el Thrash, pasando por el Black y hasta el Death, han usado la temática cristiana, pero en mi opinión, dando un buen repaso a las letras de esta nueva versión del disco (evidentemente, al no saber finlandés no sé si se corresponde con lo que “Enne” recogía en su momento), HB enfoca el tema desde una perspectiva introvertida, no tan bíblica y grandilocuente como en otros grupos, sino más desde el terreno de las sensaciones personales, desde su propia experiencia. Para de contar, se acabó el matiz. El resto, la música, el trabajo compositivo, es más de lo mismo. Momentos más orquestales, momentos más contundentes, momentos más íntimos, pero todo con el mismo mecanicismo y sencillez de formas, lo que genera que el disco no se desprenda del estigma de ser “otro más” según avanzan las escuchas. Solo el trabajo solista de los violines y demás elementos sinfónicos y la ejecución, protagonista siempre, de Johanna son la notas de luz, lo demás, aunque se deja escuchar y demuestra que HB sabe lo que hace, no sorprende lo más mínimo.

La “Intro” es lo más llamativo de la primera parte del disco, una especie de nana que es puro lucimiento para la ternura ingenua de la voz de Johanna. De lo demás, y hasta “Frozen Inside”, tema donde las guitarras acústicas y los arreglos de teclado generan una atmósfera muy sensual y cercana, contrastando con la voz de tonalidad más fría y lejana en perfecta combinación, no hay mucho que decir la verdad. Tema tras tema, todo el peso recae en los cambios de la voz y los arreglos más o menos orquestales, sin que las guitarras pasen más allá de su papel acompañante. La correcta “God Has All Glory” sea quizás la más enérgica al ser en sentido estricto, el primer tema completo del disco. Sin embargo la segunda mitad del disco cambia. La música es más íntima y personal, y especialmente en los dos últimos cortes, en “Way” y la bellísima “The Lovesong”, HB demuestra que tienen calidad componiendo, si no se encorsetaran tanto en su propia monotonía. Insisto que “Frozen Inside” no es un mal disco, es de escucha muy agradable y la potente y perfecta producción, llena de matices, hace que sea un trabajo de precisa factura, pero le falta mucho tiempo de cocción para dejar de ser un lanzamiento destinado al sueño de los justos.

Si eres amante de NIGHTWISH y toda su estela y no estás muy satisfecho con el último trabajo del grupo después de la marcha de Tarja, HB te ofrece en “Frozen Inside” un buen disco, sólido, en su misma línea, y sin grandes novedades, pero tampoco malos resultados. En el resto de los casos, el debut reeditado en inglés de este grupo finlandés pasará casi inadvertido.

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PAT METHENY - "Unity Band": Otro capítulo a destacar de su carrera


PAT METHENY es uno de los grandes. Cuando uno piensa en guitarristas contemporáneos, su nombre aparece unido al de JOHN SCOFIELD y BILL FRISELL, siendo los tres músicos más personales y únicos con su instrumento de los últimos 30 años. METHENY fue quizás el que explotó antes, el que más éxito ha logrado y el que ha logrado expandir su sonido más allá de los géneros, pero los tres son referencias actuales que además tienen un origen común en cuanto a estudios musicales se refiere. Desde que creara su “Group”, METHENY fue escalando posiciones y pasando de ser un músico de Jazz, solvente en el acompañamiento, inventivo en la composición y virtuoso en la improvisación, a una estrella en toda regla capaz de llenar grandes escenarios por sí mismo con un público heterogéneo enfrente, gracias en gran parte a su salto desde ECM a grandes multinacionales y su imagen de rockero virtuoso. En su amplísima discografía se encuentran discos de todo tipo, si bien es cierto que últimamente se había dejado llevar demasiado por “idas de olla” que no parecían ir a ningún lado. Ahora llega “Unity Band”, disco que no se sabe si será un “All Stars” puntual o dará pie a una nueva banda que grabará en el futuro, pero que vuelve a poner el signo de admiración sobre el guitarrista.

La concepción de “Unity Band”, acompañando a METHENY tres grandes músicos del Jazz contemporáneo como BEN WILLIAMS, ANTONIO SÁNCHEZ y CHRIS POTTER, es similar (y de hecho acaba sonando ligeramente a ello) a “80/81”, aquel trabajo grabado junto a BRECKER, REDMAN, HADEN y DeJOHNNETTE. Aquí falta el otro saxofonista, pero la idea de espolvorear un puñado de composiciones más o menos estándar en cuanto a estructura y elementos y dejar el brillo del trabajo al virtuosismo personal del líder y de sus acompañantes, es la misma. Incluso se podría emparejar este mismo proyecto con el segundo disco de METHENY junto a MEHLDAU (si bien allí los egos encontrados estropeaban el resultado final) y aquel fantástico disco en formato trío junto a DAVE HOLLAND y ROY HAYNES llamado “Question & Answer”. Estamos por tanto ante un disco sin sorpresas aparentes, pero con una calidad instrumental altísima y mucha inspiración por parte de los componentes de esta UNITY BAND. El propio METHENY está comedido en sus experimentos sonoros, salvo alguna que otra excepción como “Roofdogs”, donde el sintetizador de su guitarra acaba llenándolo todo o “Signals (Orchestrion Sketch)”, donde METHENY vuelve a insistir en sus ideas de hombre orquesta sin mucho tino al principio del corte.

El aura clásica rodea todo el trabajo y se mantiene durante su hora de duración. De hecho, llama la atención que el primer corte, “New Year”, con METHENY en la acústica y un POTTER muy inspirado, suene un poco al QUARTET WEST de CHARLIE HADEN, por ese aire vintage a lo años cincuenta que rememora la melodía y la calidez rítmica de la composición. Este aura se mantiene también en temas más sentidos como “Come And See” o “Interval Waltz” (que hace honor a su nombre), cortes en donde se demuestra que los laureles solistas son de METHENY y POTTER (inmenso en muchas de sus aportaciones), que ANTONIO SÁNCHEZ es un portento que recuerda a los constantes cambios de ritmo de JACK DeJOHNETTE y que BEN WILLIAMS está en un segundo plano omnipresente, con un sonido redondo y poderoso marca de la casa James Farber. Finalmente también destacan los dos temas finales, “Then And Now”, medio tiempo de intensidad creciente y sobre todo “Breakdealer”, uno de los más fogosos y poderosos en su interpretación, con un BEN WILLIAMS que saca todo el partido a su labor y SÁNCHEZ desatado, mientras METHENY se suelta la melena y POTTER demuestra su maestría solista.

En definitiva, “Unity Band” es un soplo de aire fresco en la carrera de METHENY. Es paradigmático que lo sea, cuando probablemente su concepción es de las más predecibles del músico en el último lustro, pero PAT ha sabido acompañarse de tres músicos en su mejor momento y no ha dudado en ofrecer la mejor instantánea a través de unas composiciones que permiten espacio para el lucimiento personal y el acompañamiento inventivo. Si la UNITY BAND tiene continuidad, será una gran noticia, sino este disco será otro elemento a resaltar en la carrera de METHENY a la espera de su siguiente pirada de pinza.

AEON - "Path Of Fire": Puro continuismo


Vuelven los abanderados de Alex Webster de CANNIBAL CORPSE, vuelven los suecos con piel americana AEON y vuelven como eran: Death Metal brutal (el orden de los factores no altera el producto) y siguiendo la línea, ni ascendente, ni descendente, simplemente continuista. “Path Of Fire”, segundo trabajo en Metal Blade es ya su tercer trabajo completo, pero si lo comparamos con “Rise To Dominate”, es como si el tiempo no hubiera pasado. Eso sí, se nota un mayor asentamiento: en sonido, en destreza y en labor de conjunto, más detallista. Así pues, se puede decir que AEON está en fase de madurez y sólo el tiempo dirá si siguen avanzando o se quedan en “otro grupo más”. En cualquier caso, siguen siendo una buena alternativa a combos clásicos y algo perdidos como DERANGED e INSISION, y por supuesto, los principales competidores de BLOOD RED THRONE, todos ellos grupos escandinavos que miran directamente al otro lado del charco.

Una vez más, el parámetro central de la música de AEON está claro: CANNIBAL CORPSE. El vocalista, Tommy Dählstrom, con su doble voz no ayuda a que nos desatemos de la banda extrema multiventas, pero si bien es cierto que en los primeros cortes uno puede entrever otras influencias más mórbidas, pasadas por el tapiz europeo (léase BEHEMOTH y ZYKLON), bastante de DEICIDE (bastante claro en “Inheritance”, aunque sin dejar a un lado los guiños canibalescos) y algo de HATE ETERNAL, con mayor peso técnico, e incluso algún solo virtuoso (en el primer tema, “Forgiveness Denied”, es donde se hace más evidente), otros temas podrían pasar directamente por composiciones de CANNIBAL CORPSE, pasando de ser la influencia principal, al motor de la vida de AEON. Tal es el caso de “I Will Burn”, donde se les puede acusar de plagiar un puñado de riffs y estructuras de la banda de Webster y compañía o “God Of War”, que sirve para cerrar el trabajo recordándonos el dios particular que estos chicos tienen en sus vidas. Así pues, originales ciertamente no son, por momentos tienen crisis de identidad, pero por lo menos le ponen convicción a lo que hacen.

Además, AEON cuenta con un valor añadido: una gran producción, muy CANNIBAL CORPSE también, máxime teniendo en cuenta que es Erik Rutan el que está detrás de los controles, pero, si bien el que lea alguna de mis reseñas sabrá de mi aversión a Rutan, en esta ocasión el cerebro de HATE ETERNAL ha sabido darle un toque más oscuro y de conjunto a la música de AEON, con lo que uno consigue apreciar mejor los puntos propios del grupo: los citados solos (si bien es cierto que ya estaban presentes en “Rise To Dominate”), la morbidez de ciertos pasajes y la pesadez de los ritmos, uno de los puntos que más los diferencia de la banda americana, pues Nils Fjellström no abusa tanto de la caja como Paul Mazurkiewicz. Si a eso le añadimos la outro orquestal final (no cabe duda de sus orígenes europeos con un final como este) y que en general, las composiciones son más completas que en su disco precedente, continuistas, pero mejor acabadas, se podría decir que AEON sigue en el buen camino.

Si echáis un vistazo en estas páginas a lo que dije en su momento de “Rise To Dominate”, os daréis cuenta de que esta crítica no varía mucho. El medio punto de más que le doy al disco es porque lo considero un paso adelante en madurez, pero el resto es un simple “más de lo mismo”. No sé hasta qué punto decir esto de un grupo es bueno o malo. Por un lado, si haces algo bien, es mejor no cambiarlo. Por otro lado, corres el peligro de estancarte y hacer que la gente pierda el interés por ti, algo que se multiplica si no dejas de ser una banda “de segunda” de la que se espera algo más en cada disco. AEON se mantiene como un combo sólido pero, ¿deberían pensar en ir un poco más allá? Mientras se contestan a sí mismos, “Path Of Fire” es un buen trabajo.

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AEON - "Rise To Dominate": Un disco prometedor


Segundo disco en más de ocho años de existencia es un bagaje corto, pero cuando consigues ser laureado como una banda intensa y pegadiza por el maestro Alex Webster de CANNIBAL CORPSE es que algo debes de tener. Y parece que es el caso de los suecos AEON aunque su propuesta sea poco novedosa, tanto en ideas como en resultado. En cualquier caso, y pese a su procedencia europea, AEON demuestra tenerse bien aprendida la lección principal del Death Metal americano: brutalidad y técnica a partes iguales.

Envueltos en un sonido portentoso pero algo cargante con las escuchas (demasiada potencia desmedida, lo que genera que el cerebro acabe un poco saturado ante los riffs del grupo), AEON practica un Death Metal que como los queridos BLOOD RED THRONE o los alemanes MY DARKEST HATE, tiene en EEUU su país de referencia. Influencias de DEICIDE, MONSTROSITY pero sobre todo de CANNIBAL CORPSE, con riffs que podían caber perfectamente en cualquier disco de una de las bandas más famosas del Death Metal. Los patrones son muy similares a la hora de componer, entre AEON y la banda del citado Alex Webster. Riffs que se basan en repeticiones de notas, entremezcladas con disonancias y que en unión con los pesados ritmos de batería generan una tormenta de decibelios. Esto unido al uso de dos voces, una gutural y otra agresiva, hace que la banda sueca se convierta en un vehículo ideal para ver reflejada la cara más conocida del Death Metal americano.

El problema de todo esto es que el envoltorio es quizás más llamativo que el contenido. Al contrario que CANNIBAL CORPSE o las otras bandas citadas, AEON carece de elementos que puedan ser recordados con posterioridad a la escucha de “Rise To Dominate”. Ni siquiera el elemento técnico que tratan de aportar a muchos temas como “Living Sin”, en forma de solos muy a lo ATHEIST y CYNIC, y que indudablemente dotan de un plus de variedad a los cortes, consiguen que al final de tres o cuatro escuchas algo más que la sensación de poderío en el sonido se quede en nuestras mentes. Esto no implica que “Rise To Dominate” sea un mal disco, es más, será muy disfrutado por los amantes al Death Metal americano de principios de los noventa, pero sí le falta el punto de brillantez necesaria para que el disco pueda perdurar en el tiempo como algo más que un lanzamiento notable.

Aún así con cortes como “You Pray To Nothing” o “There Will Be No Heaven For Me” es imposible no hacer headbanging en medio de la tormenta de riffs y de las magníficas voces de Tommy Dahlström. Ambos son medios tiempos mórbidos, llenos de disonancias en las guitarras y con un doble bombo constante que acabará por taladrar el cerebro. Todo ello unido a una lírica blasfema como pocas (como en el resto de temas del trabajo, lo que los acerca conceptualmente a DEICIDE y los aleja de CANNIBAL CORPSE). También los cambios de ritmo de “When The War Comes” son muy notables (nuevamente al más puro estilo Alex Webster), pero el hecho de que todos los temas empiecen con una estructura similar ya puede que haya hecho mella en nuestra primera impresión y no se llegue a apreciar en profundidad la calidad de los cortes.

Así pues, si eres fan del Death Metal americano, efectivo, pegadizo y cargado de brutalidad, AEON es un grupo a tener muy en cuenta. Aunque sea flor de un día, mientras tengas “Rise To Dominate” en tu reproductor, la satisfacción entrará en tu semblante. Solamente el tiempo dirá si AEON puede lograr además que las ganas de volver a reproducir el trabajo vuelvan una y otra vez y no se diluya esta primera impresión como un azucarillo en el café.

(Crítica publicada también en: http://www.rocktotal.com)