domingo, 29 de julio de 2012

THE CAROLINA CHOCOLATE DROPS - "Leaving Eden": Un viaje en el tiempo


Cuando los tres componentes permanentes del grupo THE CAROLINA CHOCOLATE DROPS se juntaron, ya en pleno siglo XXI, sus edades poco hacían pensar en el estilo de música que iban a elegir como vehículo de expresión, no mirando ya al siglo XX, sino incluso más allá: Country Blues, Bluegrass, Jazz (en su sentido más arcaico), y en general todo lo que constituye el Folk americano. Armados de banjos, dobros, guitarras, violines e instrumentos de percusión varios, además de sus voces con protagonismo para la presencia femenina de RHIANNON GIDDENS (que por momentos parece una JANIS JOPLIN en versión campera), el trío de Carolina del Norte lleva ya una manita de discos que, por sorprendente que parezca, se erigen como una de las piezas más populares de un sello tan multinacional como Nonesuch. Sin embargo, si con un trabajo puede decirse que el trío ha conseguido sonar como un auténtico grupo en directo, algo fundamental dada la espontaneidad y la falta de tapujos en su música, ha sido en “Leaving Eden”.

Rodeándose de un puñado de temas tradicionales entre temas de la campiña americana, Gospel arcaico, Blues de las plantaciones y demás, y algunas composiciones ajenas (destacando un tema propio del grupo, “Country Girl”, que puede erigirse como el “single” del disco, en formato Neo-Folk, con leves retazos Hip-Hop en forma de scat vocal secundario y fraseos entrecortados, sin por ello abandonar las raíces musicales THE CAROLINA CHOCOLATE DROPS), el trío despliega fuerza, diversión, sentimiento y energía a partes iguales en “Leaving Eden”. Los temas son cortos y sin grandes historias en lo que a producción se refiere, pero el grupo no necesita mucho más que sus voces y sus instrumentos (antaño construidos de forma casera), para hacer pasar un rato agradable y dar a conocer el pasado cultural americano, renovado con un ligero lavado de cara que hará que cosas como “Leaving Eden”, sentida y oscura, profunda en letra y espíritu, o ese fantástico ejercicio a capella por parte de RHIANNON que es el cierre de “Pretty Bird”, resistan entre la vorágine de novedades sonoras de nuestros días, a pesar de sus cimientos prehistóricos.

Instrumentalmente no hay que esperar mucho más allá de lo que una cierta variedad de instrumentos de cuerda de todo tipo, y percusiones “caseras” por doquier pueden ofrecer: la música de “Leaving Eden” rememora una época donde la cultura era una forma de evasión y de expresión, una manera de soltar demonios y cantar a la esperanza, de reflejar sueños y llorar penurias, y en esa época los detalles eran lo de menos: guitarras caseras, una simple botella de aguardiente y palmas y cantos servían para divertirse o para terapia propia de psicoanálisis y todo ello se refleja a la perfección en “Leaving Eden” (no hay más que escuchar joyas como “Run Mountain”, “Read 'Em John” o ese compendio virtuoso de cómo tocar un Banjo que es “Po’ Black Sheep”, donde la voz grave y viril de ADAM MATTA, sirve de contrapunto a la candidez de RHIANNON, por poner tres ejemplos de temas más rápidos, pero también destacan Blues más sentidos como “West End Blues” o incluso con aires afrancesados de Louisiana como “No Man’s Mama”). Más allá de ser un ejercicio de puro revival, THE CAROLINA CHOCOLATE DROPS consigue hacer propio un sonido que tiene más de cien años y que aún así está de rabiosa actualidad gracias a grupos como éste.

“Leaving Eden” no es un tratado de cultura musical americana que vaya a estudiarse en escuelas y conservatorios. THE CAROLINA CHOCOLATE DROPS no pretende tal cosa, ellos simplemente reflejan un amor por sus raíces que va más allá de la simple devoción por el pasado. Es un auténtico ejercicio de “máquina del tiempo” en donde el trío americano viaja a finales del XIX y principios del XX y se mimetiza absolutamente con el entorno. Los que asistimos como público a tal viaje nos sentiremos de repente teletransportados también al pasado, y acabaremos el trayecto cargados de olor a campo, lluvia recién caída y viento cálido en nuestras mejillas. ¡Gracias THE CAROLINA CHOCOLATE DROPS por ser nuestros guías en tal viaje!

sábado, 28 de julio de 2012

CRETIN - "Freakery": Una rareza... o quizás no tanto


Formados en 1992 pero siendo "Freakery" su primer disco completo, uno pensaría que CRETIN se lo ha pensado mucho para sacar algo a la luz. Problemas en el seno de la banda provocaron parones una y otra vez, hasta que decideran volver a grabar un EP hace dos años, y después de que su batería girara con REPULSION por Europa, decidieran volver a grabar, esta vez un trabajo más ambicioso.

Teniendo en su seno a miembros de EXHUMED y REPULSION uno ya sabe por donde van a ir los tiros. Si EXHUMED son una copia perfecta, aunque a veces un poco repetitiva de CARCASS, en CRETIN han querido rendir tributo a otra de las grandes, los ya citados (y que volveré a citar unas cuantas veces en esta reseña) REPULSION. Otras influencias clásicas como BRUTAL TRUTH, NAPALM DEATH... también pueden venir a la cabeza, pero el primitivismo que CRETIN han querido dar a su música, con una producción audible pero lo suficientemente sucia como para que creas estar en los ochenta, y unas composiciones de Grindcore-de-toda-la-vida, solo hacen pensar en REPULSION una y mil veces más.

Dieciseis temas que desgranan en poco más de media hora toda una lección de Grindcore de viejísima escuela. Blast - beats a piñón fijo, redobles, ritmos Thrash endiablados, un bajo crepitante, unos riffs repetitivos y afilados, y unas voces agresivas a más no poder que recuerdan mucho a las de Scott Carlson... todos los elementos para que podamos afirmar sin ningún afán de exagerar que estamos ante la mejor revisión del "Horrified" de REPULSION que podamos encontrar. Y con ello no quiero dar a entender que este grupo no tiene ideas, simplemente han conseguido en el 2006 hacer un disco de Grindcore que parece sacado de finales de los ochenta. Solo falta que el disco acabase con un "fuck" de rigor, como ya hace el citado disco de REPULSION, y efectivamente tal hecho ocurre. Sencillamente genial. Han conseguido rehacer (que no copiar) un sonido y una clase no vista desde hace mucho en el mundo del Grindcore, todo con una honestidad brutal, sin alardes.

"Tooth And Claw", "Daddy's Little Girl", son temas que pese a su extensión rondando los dos minutos nada más, son capaces de decir muchas cosas. Imposible no reaccionar ante el bajo de "Cook The Cupcake" o de "A Fowl Fetish", mover la cabeza como un loco con los riffs de "Cockfight", descoyuntarse con la crepitante y gloriosa "Walking A Midget" y disfrutar con el mini solo que Matt Olivo de REPULSION mete en "Making Roadkill"... en fin sencillamente Grindcore envejecido en buen roble, listo para degustar por los que por desgracia no hemos vivido la eclosión de este género. No hay lugar a sorpresas, todas las composiciones parecen sacadas de un libro de "cómo hacer buen Grindcore en dieciseis canciones", pero una vez que has escuchado "Freakery" da igual si la originalidad es nula o no, habrás pasado un rato increíble flipando con lo que sale de tus altavoces. Si además te regocijas con la delirante portada (tres auténticos freakys como dice el título), tienes el pack completo.

Dirás que mejor te quedas con los originales, pero entonces te estarás perdiendo uno de los mejores discos de Grindcore que ha salido de la factoría Relapse en mucho tiempo. Todo un homenaje a los clásicos del género (y en concreto a los que pueden ser considerados como sus creadores), que consigue brillar por sus ganas, más que por sus ideas. A piñón fijo y sin descanso para el oyente, prepárate para oir los mejores momentos del Grindcore en pleno 2006. Si eres aficionado al "género más extremo de la tierra", hazte cuanto antes con una copia de este "Freakery" de CRETIN. Quizás sea cierto, y me he convertido en un "freaky" flipado por este disco. O quizás ya lo era... En fin, esto ya es otra historia. 

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EVERETTE HARP - "What's Going On": Recordando a los clásicos desde otro punto de vista


Con un bagaje a sus espaldas que incluía a principios de los noventa, cuando inició su carrera propia, gente como ANITA BAKER o GEORGE DUKE, uno puede imaginarse de qué pie cojeaba EVERETTE HARP. Uno de los abanderados de la euforia Smooth, enamorado del R&B y excelente músico de estudio, HARP dio sus primeros pasos con solvencia de la mano de una Blue Note renovada que buscaba el centro de atención en las nuevas tendencias más accesibles del Jazz, poco antes de dar el pelotazo definitivo con NORAH JONES y toda la pléyade de vocalistas pseudo-jazzistas que vinieron detrás. Por eso no es de extrañar que EVERETTE HARP fuera uno de los elegidos por el mítico sello para dar forma a las “Cover Series” junto a compañeros de género en plena ebullición como FAREED HAQUE (encargado de revisionar el “Déjà Vu” de CROSBY, STILLS, NASH & YOUNG) y CHARLIE HUNTER (haciendo lo propio con BOB MARLEY y su “Natty Dread”). Esta iniciativa, tan ambiciosa comercialmente, como interesante en su fondo (recordar en su integridad tres discos míticos en su género, en clave jazzista) y que se quedó en agua de borrajas, ofrecía la oportunidad de escuchar a tres músicos en plena ebullición desde ópticas ajenas, pero llevadas a su terreno. 

Como no podía ser de otra manera, dado el amor por el R&B de HARP, el álbum que fue escogido fue el mítico “What’s Going On” de MARVIN GAYE, auténtica obra conceptual, existencialista y filosófica que terminó de ofrecer a un GAYE que iba más allá de su imagen multiventas, y que acabó por convertirse en su disco más aclamado. Para la ocasión EVERETTE HARP se supo rodear de buenos músicos, como el ya citado GEORGE DUKE, NAJEE, KIRK WHALUM o los vocalistas HOWARD HEWETT, YOLANDA ADAMS, ARSENIO HALL o DAWNN LEWIS, estos dos últimos con aportaciones habladas en “Save The Children” (algo fallidas en mi opinión), y el propio HARP aportó una revisión bastante fiel a la original donde su saxo asume el rol de las líneas vocales de GAYE, y la parte solista se ciñe a un entorno estrictamente Soul, con alguna aportación en forma de EWI puntual. El sonido era pretendidamente setentero, con orquestaciones, órganos, wah-wah… y aunque la parte conceptual se ve reducida, dado el enfoque primariamente instrumental, el resultado es sorprendentemente adictivo y fresco.

El único pero de estas series (y con este comentario me refiero a los tres discos fruto de las mismas, no sólo al de EVERETTE HARP) es que los momentos culminantes resaltan demasiado sobre los temas menos conocidos de las obras escogidas. En lo que se refiere a HARP, estos momentos culminantes, donde el saxofonista más se deja llevar y donde todo fructifica a la perfección serían “What’s Going On” (por la fuerza y profundidad del saxo de HARP), “Flyin’ High (In The Friendly Sky)” (por el sentimiento de la interpretación tanto con el saxo tenor como el EWI de EVERETTE todo ello en un entorno de cuerdas y teclados puramente retro) y sobre todo “Mercy, Mercy Me (The Ecology)”, “Wholy Holy” (con una excepcional YOLANDA ADAMS llena de fuerza) y la cientos de veces reinterpretada “Inner City Blues” junto a KIRK WHALUM. El resto parece interpretado con una fuerza menor, tratando de mantener la fidelidad, pero sin tanto entusiasmo ni resultados amenos como en las piezas citadas. 

A pesar de este último comentario, “What’s Going On” en versión EVERETTE HARP, es un gran trabajo. Uniéndose a otros muchos homenajes que ha tenido este trabajo (GROVER WASHINGTON JR, por poner un ejemplo casi coetáneo al propio disco, o más adelante la DIRTY DOZEN BRASS BAND), el saxofonista sabe adaptar su lenguaje al espíritu Soul de MARVIN GAYE y así ofrecer una versión algo edulcorada y sin tanta profundidad conceptual, pero igual de estimulante y fresca en lo que a instrumentación se refiere. La lástima fue que las Cover Series no tuvieran continuidad más allá de los tres citados de HARP, HAQUE y HUNTER. La iniciativa iba más allá de sus pretensiones comerciales, y quizás por eso no acabó de fructificar.

viernes, 27 de julio de 2012

VOMITORY - "Carnage Euphoria": Simplemente ellos


Puntuales en su continuación de uno de los mejores discos de Death Metal de su año, los suecos VOMITORY, una de las bandas que más ha sabido recrearse en su sonido sin sonar repetitivos, vuelve con otra carnicería, y nunca mejor dicho, pues “Carnage Euphoria” mantiene la sensación de violencia sonora, visual y física de “Terrorize Brutalize Sodomize”. Acompañado de un suculento DVD con actuaciones de todas las épocas, gustos y colores, el séptimo disco de los suecos es quizás menos pegadizo que su predecesor, más a piñón fijo como era “Primal Massacre”, lejos de la genialidad de “Redemption”, pero aún así, siendo unos BOLT THROWER y DISMEMBER de la vida, no varían ni un ápice su energía y determinación hacia la destrucción humana. Ni tan siquiera dejan a un lado los guiños a SLAYER que siempre han sido una constante en su carrera y que vuelven a presentarse en forma de “tributo” o “plagio consentido”.

Con la misma producción caótica y amurallada que potencia la rítmica voluptuosa y envolvente, en medio de la cual la voz de Rundqvist suena, como siempre, cavernosa y visceral, “Carnage Euphoria” es el típico gusto que, si eres fan de un grupo y te dicen: “mantienen su línea”, puedes estar seguro que no te decepcionará. Hay alguna novedad con respecto a “Terrorize Brutalize Sodomize”, en particular algún solo más melódico y elaborado, y sobre todo un par de temas que se contagian del Grind escandinavo y recuerdan a RETALIATION y ROTTEN SOUND (es el caso de “Rage Of Honour” y “Possessed”), pero el resto sigue siendo puro VOMITORY: Death Metal mezclado con riffs y ritmos Thrash y mucha brutalidad, engorilamiento y masacre. Con estos ingredientes, por tanto, sólo cabe preguntarse si consiguen calentar el ambiente o pasan los minutos ante nuestros oídos sin reacción por nuestra parte. Una vez más, aunque “Carnage Euphoria” me entusiasma algo menos que su predecesor y la capacidad de sorpresa ya está fuera del horizonte, el nivel no decae en los 35 minutos (duración ideal) del disco, y además tres o cuatro temas pueden pasar fácilmente al cancionero ideal del grupo.

Esos temas a los que me refiero son fáciles de localizar, o por lo menos saltan al oído desde la primera escucha: “The Carnage Rages On”, incluyendo los plagios descarados a SLAYER, un tema que es un no parar de clasicismo en los riffs, vértigo en el desarrollo y euforia en los resultados; “Serpents”, nuevamente con la banda de Araya y compañía en la mente, en forma de groove adictivo y complaciente, en el que hay un breve momento de lucimiento (luego repetido en “A Lesson In Virulence”) para los guitarristas en forma de unos solos con carga melódica mayor a la habitual en VOMITORY; “Ripe Cadavers”, cargado de síncopas y cambios de ritmo, convirtiéndose en el “típico tema” VOMITORY que crece en intensidad y que no para ni un momento de hacernos cabecear; y finalmente, “Deadlock”, como ejemplo de exceso y desenfreno, nuevamente con riffs marca de la casa y mampostería como para parar un obús. El resto, bajando un poco el listón en el cierre de “Great Deceiver” (estaría mejor con un minuto menos de duración, acortando una introducción épica, pero algo excesiva), se mueve por la habitualidad en el grupo, sin por ello dar pie al aburrimiento.

Me gusta el paso hacia adelante que han tratado de dar en el aspecto solista, por muy minimalista y secundario que sea, así como el incremento de la velocidad general, sin embargo se echa de menos algo más de variedad y groove con respecto a anteriores entregas. Aún así, “Carnage Euphoria” no decepciona. VOMITORY sigue siendo un valor seguro del Death Metal chapado a la antigua y el que no lo vea es que está ciego (o mejor dicho, sordo). Vaticino que este disco seguirá girando repetidas veces en mi reproductor, todos los discos de VOMITORY lo han hecho y no va a ser éste menos. Otro paso en su larga y fructífera carrera.

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KENNY GARRETT - "Seeds From The Underground": A medio camino


Uno de los alumnos aventajados de MILES DAVIS fue (y es) KENNY GARRETT. El saxofonista alto desarrolló un lenguaje claramente influido por JOHN COLTRANE, como tantos y tantos otros, aunque en este caso no imprimiéndolo en el tenor, aunque sí ocasionalmente en el soprano. Otro instrumentista más en apuntarse al carro revisionista del Post-Bop, se podría decir, sin embargo, GARRETT ha sufrido un problema a lo largo de su ya extensa trayectoria: la irregularidad. Esta característica está presente en sus directos, donde el señor GARRETT se empeña en tocar un cuarto de hora y el resto lo dedica a aburrir al personal a base de demagogia musical y una Fusión mal entendida. Pero también está presente, y es exasperante a veces, en sus discos de estudio: obras prometedoras como “Triology” o su enorme y totalmente necesario tributo a COLTRANE, “Pursuance: The Music Of John Coltrane”, se mezclan con bodrios o discos que no pasan del aprobado como “Simply Said” o “Happy People”.

Con “Beyond The Wall” y “Standard Of Language”, especialmente el primero de los citados, KENNY GARRETT volvía a aparecer como instrumentista técnicamente impecable, compositor muy solvente y conocedor de sus acompañantes, recuperando para la ocasión incluso a PHAROAH SANDERS. Suponía el cambio de una multinacional a un sello “independiente” como Mack Avenue, donde se inauguraba con un disco en directo tan irregular como su propia personalidad, pero al menos uno tenía la esperanza de que GARRETT por fin encontrara un lenguaje en el que investigar. Sobre las tablas, como ya pude comprobar a finales de 2010, sigue tan abominable como siempre, pero en disco parecía que el interés sobre él volvía. Por eso “Seeds From The Underground” levantó expectación por mi parte. Pues bien, el resultado es algo agridulce. El lenguaje sigue siendo el mismo que en “Beyond The Wall”, menos fogoso y arriesgado en el desarrollo instrumental, pero la inspiración compositiva y la variedad del resultado no es la misma, además de ser un disco que acaba por hacerse largo, señal inequívoca de que algo falla.

Acompañado de NAT REEVES al bajo (correcto sin más) y BENITO GONZÁLEZ en el piano (mostrando cierta luminosidad en el apartado solista cuando GARRETT le deja, con un estilo percusivo y con protagonismo de la mano izquierda), compañeros habituales de viaje, el batería RONALD BRUNER y el percusionista RUDY BIRD, KENNY ofrece diez nuevas composiciones para su particular cuadernillo. La más larga de todas, rondando los diez minutos, “Boogety, Boogety” es elegida como apertura, y junto con su continuación, “J.Mac” (en homenaje a uno de los ídolos de GARRETT, JACKIE McLEAN), estarían entre lo más destacado, pero a partir de aquí empiezan los problemas.  Con excepción de la lenta y cálida “Detroit”, en honor a la ciudad de KENNY, precedida del sonido de una aguja sobre un vinilo y compartiendo protagonismo con la voz sin palabras de NEDELKA PRESCOD, el resto del trabajo no pasa de la corrección, especialmente cuando los experimentos vocales entran en acción como en “Welcome Earth Song”, con un larguísimo solo para GARRETT que se hace eterno (al más puro estilo “Crescent” de COLTRANE, pero cayendo en el tedio). Ni siquiera cuando GARRETT usa el soprano, como en el tema título o en “Ballad Jarrett”, parece que la inspiración vuelve.

Tampoco quiero que se malinterpreten mis palabras. “Seeds From The Underground” es un disco notable y vale cien veces más que cualquier concierto de KENNY GARRETT, simplemente el listón estaba alto y este trabajo y las nuevas direcciones que pretende afrontar el saxofonista, no terminan de fructificar. Falta maduración y que GARRETT piense un poco más en el conjunto antes que en sí mismo. Quizás la falta de co-protagonismo con otros saxofonistas, o con otros solistas solventes, haga que el tedio aparezca demasiado pronto. En cualquier caso, si GARRETT da una de cal y otra de arena, “Seeds From The Underground” no es ni lo uno ni lo otro. Más bien se queda a medio camino, convirtiéndose en un disco de escucha agradable pero que con el tiempo resultará prescindible. 

jueves, 26 de julio de 2012

KATATONIA - "Night Is The New Day": De nuevo hacia la introspección


Hubo una época en que mi horizonte se formaba en cabeza por dos bandas: OPETH y KATATONIA. Gracias a ellas, sin hacer uso de modernidades ni elementos avanzados que generan aficionados autómatas y sin el más mínimo sentimiento por la música, más que un deseo por tener el disco duro más grande que el de al lado, este que suscribe descubrió muchísimas buenas bandas: leyendo entrevistas a sus miembros, desgranando uno a uno los agradecimientos y saludos a bandas de sus créditos, investigando a su vez en otros proyectos... Si hay algo que les debo a estas dos formaciones es abrirme hacia muchas ilusiones y sonidos que ni sabía que existían. Y hubo un tiempo en que ambos fueron grandes. Ya no en mi caso personal, que siempre he devorado con devoción sus discos, sino en el no siempre bien definido terreno de la objetividad. Pero esos tiempos pasaron y aunque algunos sigamos empeñados en querer ver en ellos algo, que otros han dejado de ver, hay que ser justos: ya no son lo que eran.

Ahora no toca hablar de OPETH, ya llegará el día... pero sí es el momento de Renske y Nyström (e iba decir y compañía, pero parece que lamentablemente para su sonido de conjunto, aunque no creo que en el apartado de la creatividad, según han anunciado recientemente en su web, los hermanos Norrman han abandonado el barco). Y es el momento de recuperar un interés que en gran parte había perdido en KATATONIA con “The Great Cold Distance”, disco que al principio acogí con entusiasmo, pero que según avanzaba en su escucha me parecía de lo más planito y normalito salido de la pluma de estos seres tan particulares. Y es que, dejando a un lado su “antes”, con ese insuperable “Brave Murder Day”, probablemente el mejor disco grabado por los tres culpables de mis desvelos, Renske, Nyström y el divino de la muerte Mikael Akerfeldt, ya sea bajo el nombre de uno o de otro grupo de los dos aquí citados, KATATONIA podía presumir de tener una evolución o más bien reinvención, en la que cada disco parecía aportar algo nuevo y nunca encontraba uno el cansancio.

Si “Discouraged Ones” pudo ser una sorpresa para muchos que esperaban “otra cosa”, lo cierto es que KATATONIA había encontrado una nueva forma de expresión en la que se movía a la perfección: Renske aún no había abandonado sus limitadas dotes como batería, pero sí que había descubierto que su voz melancólica y envolvente tenía mucho que ofrecer, en medio de un entorno obsesivo, opresivo y casi asfixiante, que como sus portadas, invitaban a dejarse llevar hasta lo más profundo de la desesperanza y al mismo tiempo sentir paz y sosiego. Y Nyström había descubierto como la sutileza y el ritmo pueden constituir dos elementos fundamentales, sin que sea preciso hacer un alarde de fuerza. De ahí en adelante, todo fueron alegrías, dicho como termino antagónico, y hasta con clásicos personales como son “Last Fair Deal Gone Down”, disco en el que se volvieron a reinventar hacia terrenos algo más pesados y pegadizos, gracias a la conformación por fin completa de la banda y sobre todo “Viva Emptiness”, trabajo que probablemente tenga el record de rotaciones en mi reproductor junto al “Blackwater Park” de OPETH.

Por todo lo dicho, esperaba con cierta inquietud “Night Is The New Day”. ¿Sabrían volver a recuperar la magia? ¿Volverían a empezar? Bueno, pues así de primeras decir que este disco es un canto a la esperanza, es pecar de ser optimista. Escribo estas líneas cuando, después de varias semanas con el disco en mi poder, las rotaciones esporádicas han sido unas cuantas, y al principio decir que me decepcionó es decir poco. Más lento, menos inmediato, y aunque más variado, más difícil de retener, eran elementos que me venían a la mente en más de una ocasión en las primeras escuchas. Me resultaba difícil destacar algo, aunque al mismo tiempo cada tema era identificable, cada canción era distinta y había momentos para todos los gustos. Pero en general, la sensación de conjunto, era agridulce. Fue entonces cuando empecé a apreciar lo que da de sí el álbum, y a entender por qué Akerfeldt había declarado que era el mejor disco que había escuchado últimamente, y no creo que lo dijese por amistad confesa, sino porque si uno escucha ciertas líneas vocales y sobre todo “Idle Blood”, puede entrever cierta crisis de identidad entre KATATONIA y OPETH, aunque no sé quién ha fagocitado a quien...

Si tuviera que destacar tres cosas de este disco, ahora ya sí que no me lo pensaría: por un lado, salvo en momentos puntuales, las guitarras han vuelto a retomar la dosis de melancolía no inmediata del pasado. Dejando a un lado “Forsaker”, “Liberation” y “Day And Then The Shade” particularmente, KATATONIA ha regresado a su personalidad introspectiva y desoladora, y eso se agradece, aunque como me ha ocurrido a mí, “Night Is The New Day” necesite varias escuchas. Por otro lado, Renske hace un trabajo memorable, y con ello no me refiero a que aparezcan nuevos registros, pero sí que, al no estar tan inmerso en capas de guitarras o en producciones grises como en “The Great Cold Distance”, su voz destaca más y lleva el peso en gran parte del trabajo. Pero finalmente, este disco tiene algo que sí es, al menos tangencialmente, nuevo: un predominio de las atmósferas de teclados y orquestaciones (destacando especialmente en este aspecto “Inheritance”), muchas veces de aire oscuro setentero, que me recuerda a “Last Fair Deal Gone Down”, en versión actual. Parece una tontería, pero uniendo esto, a una producción más natural, la personalidad del disco se potencia y aunque en el apartado de la composición uno necesite paciencia para comulgar con las ideas de Renske y Nyström, el envoltorio goza del mejor papel para que los ahora desaparecidos hermanos Norrman y sobre todo Daniel Liljekvist tengan un papel destacado.

El único “pero” insisto, aunque al final acaba siendo una virtud, es que a la hora de ser compuesto, “Night Is The New Day” no pensaba en el oyente. Esto hace que sea un trabajo de escucha irregular, distinta según con las ganas con que lo afrontes y no siempre reconfortante. Temas como “The Longest Year” o la rítmicamente compleja, y nuevamente opethiana “Onward Into Battle”, pueden resultar tediosos pues parecen no explotar. Otros de aire Doom, inauditos revisando el pasado actual del grupo, como “Nephilim” (aunque al final se ha convertido en mi favorito del disco) o ese intento industrial a lo NIN que les ha salido en “The Promise Of Deceit”, al final reconvertido a la melancolía general, pueden descolocar. Además, parece que hayan cogido un corsé y espolvoreado elementos en él, de tal forma que sin salirse de un esqueleto, cada tema es distinto y único, pero todos, absolutamente todos, discurren sin sorpresas y casi con una duración cronometrada de cuatro minutos, con excepción del último corte. Sin embargo, al final todo encaja: la voz de Renske y los otros dos elementos que citaba al comienzo como destacables, son el verdadero leit-motiv y acaban por conseguir que un disco irregular, se convierta en un trabajo sobresaliente y para ir descubriendo poco a poco.

El resumen de todo esto es: “Night Is The New Day” es un disco de pros y contras. En el primer apartado tenemos la recuperación de una personalidad perdida, un sonido brillante y una vuelta de tuerca en lo que a instrumentación se refiere. El resultado es un disco de pequeñas piedras semipreciosas que hay que ir puliendo. En el segundo apartado tenemos una falta de dirección y de homogeneidad, que no es tanto un defecto, como sí un obstáculo a la hora de escucharlo. El consejo: este disco merece muchas escuchas y no desesperar. Lo que se obtiene de ello es una recompensa adecuada, y sobre todo la sensación de que KATATONIA lo puede volver a conseguir si se lo propone. Ahora sólo falta que Júpiter se alinee con Saturno y que Venus con la Tierra. Pan comido.

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CINDY BRADLEY - "Unscripted": Algo más que una cara bonita


MILES DAVIS tuvo mucha influencia en todos los subgéneros que de alguna forma partieron del Jazz y se fusionaron con otras músicas de orientación más popular. Sin abandonar su sonido ni su experimentación compositiva, MILES fue el culpable del Jazz-Rock en los setenta que mutó hacia el Pop y el R&B en los ochenta e incluso el Rap en los noventa, cuando ya su último aliento estaba a punto de llegar. En esta evolución otros instrumentistas partieron de su sonido, como ya hicieran en el pasado tantos y tantos otros. Así, al cobijo de sus producciones ochenteras surgieron una serie de artistas dentro del Smooth que, aprovechando el sonido cálido de la trompeta ensordinada y el trasfondo AOR de los discos de la época, partieron del MILES de la época Warner que se había venido gestando en los últimos años en Columbia. Ahí tendríamos a CHRIS BOTTI y también a esta excelente trompetista cuyo tercer y último disco hasta la fecha pretendo comentar: CINDY BRADLEY.

Dejando a un lado sus poses de modelo y el estilismo potenciado por su oficina de management, tratando de convertirse en una JESSY J de la trompeta, CINDY atesora una gran calidad, tanto solista como compositiva, siempre dentro del corsé del Jazz-Pop o Smooth, con producciones radiofónicas y poco dadas a la experimentación. Sin embargo, “Unscripted” va más allá. Acompañándose de unos cuantos invitados conocidos dentro del género (como NATE HARASIM en cuyo disco “Rush” Cindy también colabora) y del productor y artífice junto a Cindy de la mayoría de las composiciones, MIKE BROENING, CINDY desgrana con su trompeta mutada por la sordina y el fiscorno, temas que van del Jazz-Pop de libro, como la excepcional apertura después del preludio inicial, “Massive Transit” o “A New Day”, incluyendo una buena versión de un standard Pop, “You Don't Know What Love Is”, al ritmo Funk-Soul de “Deja Vu” o su continuación “Pink Slip” (que parecen temas firmados por MACEO PARKER) y el Jazz en sentido tradicional de la versión del “Footprints” de WAYNE SHORTER.

El trasfondo musical es puramente Smooth: guitarras a lo GEORGE BENSON, cajas de ritmo predominantes, bajos Funkys y teclados que se limitan a añadir líneas melódicas y dobles voces, pero CINDY BRADLEY sabe combinar muy bien este acercamiento más sencillo al Jazz, con su excepcional técnica adquirida en el Conservatorio de New England y un gusto improvisatorio que muestra cuerpo y alma en cada nota. “Inevitable” o la versión del “One Moment More” serían ejemplos postreros, dejando para el final los temas de mayor calado emocional, donde la sombra de CHRIS BOTTI (el CHET BAKER del nuevo milenio) es más evidente, pero también donde Cindy más se deja llevar e imprime su personalidad y corazón en cada nota. Especialmente la segunda de las citadas, versión de la cantante e instrumentista MINDY SMITH, es un excelente vehículo para que la trompeta de Cindy se vuelva totalmente humana y se encojan las entrañas.

“Unscripted” no es un disco que vaya a hacer cambiar de opinión a los puristas que en cuanto escuchan elementos Pop en un trabajo supuestamente etiquetado como Jazz, apagan el reproductor. Tampoco es la octava maravilla dentro del género, ni aporta nada excesivamente nuevo, sin embargo, sí es la confirmación de una artista que ha elegido un camino para expresarse y que en este compacto consigue llevarlo a su terreno dándole calor y latido personal. CINDY BRADLEY es algo más que una cara bonita y “Unscripted” es la prueba.