viernes, 8 de junio de 2012

DAVE DOUGLAS & KEYSTONE - "Moonshine": Banda sonora muy particular

Como buen aprendiz de JOHN ZORN, DAVE DOUGLAS ha adquirido el gusto del saxofonista y compositor por el cine y el servicio de la música al séptimo arte. Previamente ya había tenido ciertos coqueteos con esta forma de expresión, pero no ha sido hasta fundar KEYSTONE, su proyecto "eléctrico" particular, que Douglas ha considerado necesario servir de banda sonora al cine, algo que ha culminado con "Spark Of Being" y que en esta versión en directo de Keystone traslada a las películas de Buster Keaton, como ya hiciera en su momento BILL FRISELL.

Durante algo menos de una hora, Douglas desata su arsenal ecléctico, teñido en todos sus poros por los samplers de DJ Olive y los ritmos crudos y adictivos de Lake en la batería, poniendo banda sonora al maestro del cine mudo junto a Chaplin. Este proyecto habría estado más completo si se completara visualmente, como de hecho así fue grabado, ejecutándose la música en directo mientras se proyectaban imágenes de las películas de Keaton. Además, mientras Frisell creó en su momento una auténtica banda sonora, cambiante según se movían las películas, Douglas opta más por extender su música como una banda tradicional, aunque basada en los motivos de Keaton como trasfondo.

Esto implica que "Moonshine" es un disco que, dejando su trasfondo conceptual a un lado, se puede escuchar como otro trabajo más de Douglas sin tener que trasladar la música a las imágenes en que se basa. Al ser un paso más trás el debut de este grupo, la madurez musical es mayor y todo suena más engrasado, especialmente rítmicamente y en el apartado solista. Sin duda, uno de los proyectos más accesibles y brutos de Douglas al mismo tiempo, lejos de las evocaciones pretéritas, pero igual de estimulantes.

domingo, 3 de junio de 2012

HARDLINE - "Leaving The End Open": Final y otras cosas abiertas

De los lanzamientos de abril de Frontiers, como siempre organizados por triadas de novedades cada mes, el de HARDLINE me provocaba indiferencia. El debut de este grupo formado a última hora con Neal Schon y Deen Castronovo como invitados de excepción y los hermanos Gioeli, “Double Eclipse”, sin ser una gema imprescindible, sí que me llamó mucho la atención cuando lo redescubrí muchos años de su edición en los oscuros noventa. Pero desde entonces HARDLINE ha tenido una actividad casi nula. Ya en el nuevo milenio sacaron un segundo trabajo, con el siempre eficiente Josh Ramos recogiendo el testigo de Schon, pero no tuve la oportunidad de escucharlo. Por eso, después de un disco notable, por muy calco de JOURNEY que fuera, a dúo con el vocalista Hugo Valenti, y un trabajo que acogí con ganas pero que se ha ido deshinchando según lo he ido escuchando más detenidamente, CHINA BLUE,  no sabía qué esperarme de “Leaving The End Open”. Ahora me doy cuenta de que si lo hubiera dejado pasar, me habría perdido un disco bastante bueno.

Sólo con uno de los hermanos Gioeli ya, Johnny, cuyas cuerdas vocales están fuera de toda duda, y más en las tonalidades melódicas, tal y como ha demostrado con el siempre difícil AXEL RUDI PELL, y nuevamente con Ramos, lo nuevo de HARDLINE puede calificarse de barco entre dos aguas, con resultados francamente buenos. Esas aguas son el sonido AOR de los ochenta, mezclado con el sonido y la modernidad de nuestros días. El resultado, por su parte, es una colección de temas donde predominan los medios tiempos, el sonido un poco a lo HAREM SCAREM, y resquicios de JOURNEY también, una tesitura íntima y personal que rodea a Gioeli en la mayoría de los casos, y lo que me parece más importante, una labor vocal excelsa, lo mejor del disco, con buenos estribillos, buenas armonías y cambios de tonalidad que consiguen llevar en volandas al vigoroso vocalista. Sin ser un disco brillantísimo, lo cierto es que la belleza de sus melodías, con un Ramos muy comedido y relajado, y el gran trabajo de Gioeli lo hacen merecer una buena nota.

Insisto e insistiré, que “Leaving The End Open” (no sé si tomarme este título como una metáfora del propio grupo) es un disco para Gioeli. Las mejores tonalidades, dulzonas y envolventes del vocalista, en un contexto relajado y pausado, brillan por méritos propios y sólo por eso merece darle una escucha al trabajo. Compositivamente hablando es un trabajo bastante estándar, aunque Ramos sorprenda en ocasiones con unos fraseos muy actuales, pero no es la sorpresa lo que busca “Leaving The End Open”, sino resultar agradabilísimo al oído y dejar con ganas de más al oyente. Y eso en un entorno en el que el dinamismo, a priori, está en un segundo plano en favor de la atmósfera y el ambiente envolvente. Eso sí, puede haber algún que otro toque en la producción que no guste a los fans más clásicos (un ejemplo sería “She Sleeps In Madness”, cuyo inicio me recuerda por momentos a SATRIANI en sus años más experimentales), pero lo compensa el buen gusto y la elegancia del resto.

Particularmente me parece fantástica la forma de iniciarse el trabajo, con un tema como “Voices”, contenido pero pesado al mismo tiempo, oscuro y melancólico, en donde una línea vocal excelente de Gioeli será difícil de sacar de tu cabeza. Pero si debo de reseñar dos momentos estelares serían, por un lado “Start Again”, donde Ramos usa unos rasgueos atmosféricos que casi parecen propios de la New Wave, nuevamente en un entorno actualizado y con un estribillo de gran fuerza y calado emocional. Y por el otro lado “Bittersweet”, que podría considerarse la sucesora de la anterior y donde el protagonismo de Gioeli es compartido con un Ramos cargado de sentimiento en su ejecución. La parte final del disco me parece un poco más estática y menos sorpresiva, pero también tiene espacio para algún momento interesante como la propia “Leaving The End Open”, enigmática y bella per se, final excepcional para apagar el reproductor y quedarse en paz con uno mismo y con el mundo. Lo que sí me sobra es “Give In To This Love”, un tema excesivamente macarra para este tipo de disco, aunque Gioeli vuelve a hacer un buen trabajo.

Discos como “Leaving The End Open” entrarían en una categoría especial en la que, sin saber uno muy bien por qué, se encuentra alabando un trabajo que tampoco viene a tener nada especialmente reseñable. Simplemente estamos ante un disco para dejarse llevar, para disfrutar de un Gioeli enorme y para echar a volar nuestra imaginación más emotiva. Elegancia, modernidad y sentimiento en un mismo trozo de plástico, que vuelven a traer a colación a HARDLINE, después de mucho tiempo de silencio.

(Crítica publicada también en: http://www.rocktotal.com)

RAY BROWN - JOHN CLAYTON - CHRISTIAN McBRIDE - "SuperBass": Tres grandes

La escucha de "SuperBass" es una lección para cualquier aficionado a la madera y la pesadez de las cuerdas del contrabajo. Tres protagonistas de este instrumento, capitaneados por el grandísimo RAY BROWN, grabados en directo, al natural, usando todo el ábanico de posibilidades que ofrece el hermano mayor de los instrumentos de cuerda clásicos.

Puede que la sorpresa inicial vaya diluyéndose con el tiempo, pero tomado poco a poco este disco es una pasada. Además, situados estratégicamente, el disco ofrece dos temas en formato trío clásico con Ray Brown al frente (a lo que hay que añadir una composición muy Funky, "Brown Funk", en donde el trío de contrabajos se acompaña por el ritmo adictivo de la batería y que se alarga sin darnos cuenta hasta casi diez minutos) que ayudan a cambiar un poco de tercio y a seguir afrontando el compendio instrumental del grupo principal con frescura, incluso en un corte tan amplio y soberbio como "Sculler Blues".

Pero lo mejor en mi opinión son las revisiones de standards que en este formato suenan de forma novedosa e insospechada: especialmente "Mack The Knife" suena como nunca, repartiéndose cada músico la exposición principal del tema y haciendo cantar a sus instrumentos como si fueran Ella Fitzgerald. Pero el repertorio también incluye temas como "Bye, Bye Blackbird" o "Lullaby Of Birdland" igual de buenos.

Si a lo anterior añadimos un sonido natural y que nos hace sentir como si los tres contrabajos estuviesen en nuestro salón (marca de la casa Telarc), obtenemos un disco distinto (que dio lugar a una continuación para el mismo sello igual de buena), recomendado tanto para músicos, como para aficionados que quieran escuchar buena música.

EXTREME - "Saudades De Rock": Cumpliendo con su nombre

Una docena de años después, desde su disco de 1995 “Waiting For The Punchline” y todavía con su enorme “Pornograffitti” como uno de los referentes de la época, vuelve EXTREME, una de las pocas bandas importantes de finales de los ochenta y principios de los noventa, comparados con VAN HALEN en sus momentos de mayor gloria, en pleno auge y a la vez decadencia del Hard Rock y sus derivados, que faltaba por regresar en medio de tanta reunión de los últimos años. Y menudo regreso. Ninguno de los que los hubiera seguido previamente se podrá sentir defraudado ante uno de los discos del año en mi opinión en este género, en su corriente más fusionista con el Funk. Si no fuera por esa joya que Glenn Hughes ha sacado este año, sería un serio candidato a discazo en este tipo de sonidos.

Todos aquellos que gocen del Hard Rock americano, plenamente ochentero, con una producción sin ningún tipo de tapujos, orgánica y directa, sin miramientos y efectos innecesarios, y que no se sientan superados por los toques Funk al más puro estilo KING´S X, ELECTRIC BOYS, GLENN HUGHES, RICHIE KOTZEN y similares, unido esta vez a un sentimiento old-school total, con momentos que recuerdan hasta a la CREDENCE CLEARWATER REVIVAL (ese temazo llamado “Take Us Alive” va a convertirse en mi favorito este año, la de veces que lo habré tarareado en los últimos días...), deben de tener en este “Saudades De Rock” un referente para su futuro cercano en lo que a ampliar colección discográfica personal se refiere. Cherone sigue con su personal voz, única e intransferible, que a mi me parece genial, cargada de feeling y sentimiento “negro”, y Bettencourt y compañía hacen un trabajo excepcional siguiendo al extraordinario vocalista con los toques de excitación, de sensación de directo necesarios para que no podamos parar de movernos ni un momento.

Se puede decir que el tiempo no ha pasado por EXTREME, pues “Saudades De Rock” suena plenamente a ellos mismos. No supera al glorioso “Pornograffitti” ni soñando, pero sí es plenamente continuista de los dos siguientes discos que sacó el grupo, “Waiting For The Punchline” y “III Sides Of Every Story”. Temas cortos, con gancho, sabiendo combinar el Soul de la voz de Cherone, con la electricidad rockera de unas guitarras saltarinas que se quedan grabadas a la primera y el bajo siempre presente de Badger, profundizando en el lado más Funk del grupo. Para mi gusto, “Saudades De Rock” tiene algo que otros retornos dejaron un poco que desear: además de tener una calidad global intrínseca fuera de toda duda, “Saudades De Rock” tiene himnos, tiene grandes temas que pueden funcionar a la perfección en un set-list de cualquier concierto del grupo: “Star”, con esos coros superlativos, la tremendamente adictiva y potente “Learn To Love”, la ya citada “Take Us Alive”, la gloriosa y muy funky gracias a su línea de bajo “Run”, la desgarrada y cargada de Blues “Last Hour”, emotiva como pocas, seguramente “el tema lento” del disco... todas ellas, y me dejo muchas, son composiciones que suenan redondas, tremendas y acabadas hasta el mínimo detalle.

Así pues, EXTREME se nota que vuelve con fuerza, con ganas, quizás no al nivel de aquellos años en que eran una banda con muchas ventas, pero ya no estamos en esa época, ahora hay que ganarse al público de otra manera, consiguiendo resaltar por méritos propios en medio de un mar de bandas entre las que cualquiera puede fácilmente elegir. Y “Saudades De Rock” consigue pasar la criba, excitar, atraer y mantenerse en nuestra memoria durante largo tiempo. Todos aquellos que no tuvieran en su momento aprecio por la banda no lo van a tener ahora, nada ha cambiado en su sonido, pero cuándo tienes una personalidad propia, ¿para qué cambiar? Para el resto, para los que ya disfrutábamos de su particular fusión, “Saudades De Rock” se convertirá en un referente este año en nuestra colección de discos particular. Y además con todas las papeletas para ser de esos discos que siempre se tienen a mano de cara futuras repetidas escuchas. Un disco tan variado que no decae en ningún momento (no he hablado de la segunda mitad del disco, pero no hay que perdérsela aunque sólo sea por temas como la “chulesca” y pegadiza “Flower Man”, o la sentimental balada “Ghost”, edulcorada pero de gran belleza, coqueteando en mi opinión hasta con tesituras propias del Pop a lo U2, pero con un resultado superlativo). En definitiva un disco sobresaliente, para que andarse en más rodeos.

No cabe duda, para sus seguidores y sus detractores en su momento, EXTREME ha vuelto. En mi opinión con un disco a la altura de lo que se podía esperar, superando el listón y seguramente con todos los ingredientes para que nuevos oyentes puedan engancharse a la música de EXTREME. Dinamismo, gran sonido, buenas canciones, un feeling tremendo y muchas ganas de poder verles sobre el escenario, así se podrían resumir las sensaciones con las que “Saudades De Rock” deja a sus oyentes. EXTREME ha vuelto y goza de una salud extremadamente buena.

(Crítica publicada también en: http://www.rocktotal.com)

BILL EVANS - PETER PETTINGER - "Bill Evans: How My Heart Sings": Excelente biografía muy bien documentada

Suelo preferir las autobiografías antes que los escritos de otras personas sobre ciertos músicos. Puede que el protagonista "novele" un poco sus recuerdos (como ocurre con las autobiografías de Hampton Hawes, Charles Mingus o Miles Davis), o que su memoria selectiva se centre antes en las anécdotas que en lo verdaderamente musical, sin embargo, la lectura es más amena que los libros pensados para diseccionar la trayectoria de los artistas, especialmente si se hacen por músicos y de músicos, como es el caso de "How My Heart Sings" escrito por el británico Peter Pettinger.

Sin embargo, esta biografía está muy equilibrada: las anécdotas se construyen a través de entrevistas a un amplísimo número de conocidos, amigos y familiares de Evans, el apartado musical existe, con análisis de la labor de Evans como músico, pero desde un punto de vista liviano, sin necesidad de que se posean conocimientos musicales para comprenderlo. Finalmente, la documentación es lujosa: a una amplísima discografía, casi completa y bien anotada, un gran número de fotos privadas y numerosas notas, se unen testimonios contrastados cuando el relato de los hechos no coincide entre las fuentes.

El resultado, tanto en su versión inglesa (ésta) como en la no hace mucho traducida al castellano, es satisfactorio. Una buena forma de comprender la mente de este artista que vivió en su mundo, siempre tímido, siempre modesto, pero que se ha convertido sin querererlo en el referente de su instrumento durante casi cuarenta años. Seas o no evansiano, una buena oportunidad para conocerle.

JAZZOM - "Jazzomology": Buen Jazz de influencia Post-Bop

Edigsa, Zeleste... fue artífice de un gran número de ediciones en los setenta que coqueteaban con el Jazz y el Rock dando forma a lo que se conoce como el Rock Layetano o versión catalana del Rock progresivo que ya estaba en auge en Andalucía y que dio lugar a grandes grupos como OM, ICEBERG, MÁQUINA!, FUSIOON, la DHARMA, ORQUESTA MIRASOL... Sin embargo, también se dedicó a sacar discos de Jazz "a secas", como obras de TETE MONTOLIU, NURIA FELIÚ (en versión Jazz), JORDI SABATÉS o el disco que nos ocupa, "Jazzomology" de JAZZOM, grupo formado por el saxofonista Pep Bonet, el pianista Lluis Rambla, el bajista Manel Ortega y el batería Pau Bombardó.

Con un puñado de standards como programa y un par de originales, destacando hasta cuatro temas de Charlie Parker (Crazeology, Confirmation, Dexterity y Donna Lee), el grupo parece mucho más "trabajado" de lo que a priori podía pensarse. El sonido Rollins de Bonet lo llena todo, pero la rítmica es certera y Rambla también tiene buenos momentos como solista. Eran unos jovenzuelos entonces, pero tanto por la calidad sonora de la producción, como por la frescura con que atacan los temas, parece que hubiesen estado décadas sobre las tablas.

Así pues, esta oportunidad de ver reeditado un disco tan "raro" como éste, a la par que el homónimo de TROPOPAUSA que también fue editado por Edigsa/Zeleste en esta misma serie de grabaciones, es digna de alabanza. No obstante me da pena que PICAP haya descuidado su presentación. Hasta ahora, sin ser sus reediciones de "tirar la casa por la ventana", estaban profesionalmente editadas. En esta ocasión, y supongo que por los tiempos de crisis que corren, se han unido al carro de la "impresión a demanda", es decir, editan el artwork profesionalmente pero no fabrican tiradas completas de CD's, sino con un sistema semi-profesional según se les solicitan (usando CD-Rom que imprimen con etiqueta propia en el momento). Para los que somos coleccionistas, es una mala noticia, aunque por precio y dificultad de encontrar otras ediciones, se acaben comprando.

JOHN COLTRANE - "My Favorite Things": Mucho más que un standard

Cuando JOHN COLTRANE grabó "My Favorite Things", un disco formado por cuatro standards muy conocidos (el citado, y además "Summertime", "But Not For Me" y "Every Time We Say Goodbye"), muchos podían pensar que era un disco para "cubrir el expediente". Nada más lejos de la realidad. Todavía sin conformar el que sería su cuarteto más duradero y fructífero, pues Jimmy Garrison no estaba en el bajo, el disco dio a Coltrane rentas para vivir en el futuro, convirtió al tema título en un fijo en sus actuaciones, pero también sirvió para llevar más allá lo que ya había aprendido en el quinteto de Miles Davis y la improvisación basada en modos tonales.

Siguiendo con su investigación a través del saxo soprano, cuyo timbre medio-oriental servía para acercar a Coltrane a su recientemente descubierto misticismo, el saxofonista utiliza "My Favorite Things" como una forma de trasladar al Jazz las bases tonales y de repetición de estructuras de la música hindú, que tanto estaban sorprendiendo al mundo de la clásica avanzada y que gente como Miles, Ornette, etc.. estaba trasladando al Jazz. La melodía principal se repite hasta la saciedad, pero cada vez en un modo distinto, dando pie a improvisaciones distintas y a un nuevo tema cada vez durante los casi 14 minutos de duración del corte principal. Algo que posteriormente Coltrane usaría de forma salvaje y sin el corsé de la tonalidad, una vez pasada la trilogía: Crescent, A Love Supreme y Meditations.

La segunda cara del trabajo tiene como pieza principal un "Summertime" que pretende seguir la misma estructura que "My Favorite Things" aunque con un nivel de repetición menor, dada la mayor complejidad del tema, pese a su consideración de standard. Por lo demás, los otros dos cortes sirven de relleno, lo cual viniendo de Coltrane es decir mucho, en especial "But Not For Me", corte que alarga más de lo que podía parecer apto para su estructura, con resultados muy satisfactorios.

Si "Blue Train" y "Giant Steps" fueron la primera piedra (previamente asentadas sobre los cimientos de un gran número de discos en Prestige para ir fogueando sus ansias improvisatorias), "My Favorite Things" fue el impulso necesario que Coltrane necesitaba para ir más allá. Cambio de sello, definitiva forma a su cuarteto clásico y el resto es historia: el saxofonista más influyente en la historia del Jazz una vez pasada la fiebre Young-Webster-Hawkins-Parker. Clásico esencial.