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lunes, 20 de octubre de 2014

CHICK COREA - "Trilogy": Una reunión de amigos


La versatilidad de CHICK COREA está fuera de toda duda con el paso de los años, el señor Armando, pasó de ser “otro chico Miles Davis” a forjarse una carrera que ha picoteado del Jazz-Rock (RETURN TO FOREVER y la ELEKTRIC BAND), del Free (CIRCLE), del Post Bop (ORIGIN), del Flamenco (sus colaboraciones con PACO DE LUCÍA y su banda TOUCHSTONE), etc… Sin embargo, la faceta que más hace destacar a un pianista de Jazz, el trío en el sentido Bill Evans, Ahmad Jamal y compañía, no la tenía muy desarrollada, pese a contar en su carrera con discos claves en este formato como el enorme “Now He Sings, Now He Sobs”. Con “Trilogy”, triple CD en directo grabado entre Europa, EE.UU y Japón, CHICK COREA tendrá una referencia notable también en este ámbito, además rodeándose de dos músicos que por sí mismos ya dicen mucho, BRIAN BLADE y el chico para todo CHRISTIAN McBRIDE. Sólo en tres cortes el trío se complementa con los españoles JORGE PARDO y NIÑO JOSELE y la mujer de Chick, GAYLE MORAN COREA, cantando en un corte.

El programa incluye versiones propias de temas ya clásicos en el songbook de Corea, como “Spain” (donde aparecen Pardo y Josele), standards muy manidos en todo los formatos pero no por ello menos interesantes (“My Foolish Heart”, nuevamente con los dos colaboradores espñaloles o “Someday My Prince Will Come”, con la mujer de Corea), algún corte inédito (“Piano Sonata: The Moon”) e incluso un homenaje a MONK con “Blue Monk”, pianista que pese a no estar en las influencias personales de Corea, es asignatura obligatoria para todo pianista de Jazz que se precie (salvo que te llames Keith Jarrett…). Las distintas localizaciones de grabación no restan sensación de conjunto a la música, e incluso, como ocurre en “Spain”, añaden un plus al añadir a dos colaboradores locales y grabarse en España, y el sonido es natural al mismo tiempo que profesional y detallista, sin sonar frío como una producción ECM que nunca se sabe si es en directo o no, ni tampoco perderse en el sonido de ambiente.

En cuanto a las interpretaciones, Corea es el protagonista, amo y señor, de casi todo. Sin ser un pianista egocéntrico como HERBIE HANCOCK, ni perdido en su mundo como el citado JARRETT, por nombrar a otros dos “chicos Miles Davis” que forjan la historia del piano jazzístico, COREA atesora el suficiente bagaje como para saber hacia donde dirigir la música, y lo bueno en este caso es que sus acompañantes, pese a no ser habituales en sus producciones (por lo menos Blade, pues McBride sí que ha colaborado con Corea en más ocasiones. No obstante ambos son el colchón rítmico de la Five Peace Band de Corea asi que conocerse se conocen bien), tienen solvencia sobrada y tanto en la parte solista, como en la compenetración en conjunto, alcanzan el sobresaliente. La única pregunta es sí Corea aporta algo que no se sepa al formato trio de piano: pues, obviamente, no. Para eso ya se tuvo a Jamal y a Evans en su momento, Corea se limita a dejarse llevar de la forma que mejor puede hacerlo un pianista de Jazz, dejando reposar el ritmo en Blade y el pulso de los temas en McBride. Simplemente estamos ante una obra inspirada y entretenida, con la que COREA se reivindica desde un punto de vista más “clasicista”. Los resultados son francamente muy disfrutables.



“Spain” con TOUCHSTONE, preludiando el Concierto de Aranjuez. Aunque no sea este trío, tiene relación: https://www.youtube.com/watch?v=t6OA7iuP3B4

miércoles, 15 de octubre de 2014

UZZHUAÏA – “Santos & Diablos”: un soplo de aire fresco para el Rock nacional


Con 20 años a sus espaldas y cinco discos, el grupo valenciano UZZHUAÏA decidió el año pasado que era el momento de hacer algo grande. El problema era ¿cómo hacerlo? Viendo que otras bandas habían usado el “crowdfunding” con éxito, el combo hizo cuentas y anticipó que necesitarían unos 8 mil euros para hacer un sexto trabajo en condiciones y sin presiones ajenas. Lanzaron la campaña de financiación colectiva a través de su web y redes sociales y cuando se quisieron dar cuenta habían recolectado más de 17 mil euros. El grupo quiso agradecer el gesto y se esmeró en componer, presentar y ofrecer “Santos & Diablos”, con ediciones cuidadas, mucho detallismo en la producción y muchas horas de ensayos y trabajo entre bastidores para dar forma al disco. El resultado no está a la altura, sino que la sobrepasa con creces, siendo para mi gusto el mejor disco del panorama nacional y uno de los diez mejores del internacional del año 2013.

El grupo siempre fue una mezcla entre la oscuridad rockera de THE CULT y el aire chulesco angelino, con algún toque garajero de los grupos escandinavos de los noventa. Pues bien, esa raíz sigue siendo la base de “Santos & Diablos”, añadiendo toques clásicos que pueden recordar a BLACK SABBATH (el bajo sobre todo), AC/DC (como en la rockera “El Solitario” o en “A Un Millón de Años Luz”) o DEEP PURPLE, pero hay una diferencia fundamental: UZZHUAÏA ha alcanzado el cenit de su personalidad en este trabajo. Con energía, frescura y poderío, el grupo valenciano suena a sí mismo, no digo que único, pero sí propio. La voz de Pablo es una garantía: con el punto macarra necesario, y unos registros muy versátiles, pero la forma de componer y la ejecución del resto del grupo es de sobresaliente. Ninguna canción sobra, todas tienen “algo” y al final uno no dejará de tararear, recordar frases o pasajes y moverse con el ritmo de “Santos & Diablos”.

Mucha culpa de todo esto ha sido del estudio de grabación y su posterior master en Finlandia bajo la batuta de Mikka Jussila en los Finvox Studios. No es de extrañar que el sonido me recuerde al último disco de SENTENCED antes de pasar a mejor vida (“The Funeral Album”), pues fue ahí donde se grabó, lo que dota de la oscuridad justa a los temas (algo que se agradece por ejemplo en el sabbathico “Bailarás En El Infierno”). Pero de esta manera han conseguido profundidad, amplitud sonora y énfasis en cada instrumento. No se pierde la melodía, tampoco la caña, todo en su justa medida y al volumen adecuado. Sobresaliente absoluto. Pero no le echemos la culpa solo a cuestiones técnicas. Como decía antes, los chicos de UZZHUAÏA han debido de esmerarse a fondo para ofrecer a sus fans lo que esperaban y han compuesto una docena de temas gloriosos, desde el principio hasta el final, en donde las letras dicen mucho, y la música es colorista hasta el máximo.

Ya de partida, comenzar con algo tan pegadizo como “Una Historia Que Contar” (de la que han hecho un videoclip muy trabajado, también fruto del presupuesto “ampliado” con el que contaron), te asegura atención plena. Pero esto es un arma de doble filo: puedes empezar muy bien y luego desinflarte. Sin embargo, y afortunadamente, no es el caso. “Fugitivos”, muy pegadiza también, el medio tiempo vacilón de “Santos & Diablos”, la optimista y energética “Directo al Mar”, la corta pero efectiva “Latidos” (con una de las mejores frases cantadas por Pablo: “prefiero echar de menos antes que de más, ahora que lo pienso somos electricidad”)… todas continúan con el listón bien arriba o incluso lo siguen elevando. También con momentos para la melodía benévola, como “Cicatriz”, semi acústica y casi una balada con un estribillo también muy adictivo, o sobre todo “En Ciernes”, ésta sí, la balada del disco (por lo menos en inicio), excelente, íntima y sensual, y con parte final inesperada y apoteósica. Y claro para cerrar nada mejor que “1975”, un corte que me recuerda a TESLA, con guitarras potentes, pero una voz contenida que estalla en el estribillo para recordarla mejor (“Y pensar que nada te puede parar”).

Desde el primer día que escuché el disco, no ha dejado de sonar “Santos & Diablos” repetidas veces en mi reproductor y en mi cabeza también. UZZHUAÏA estaba ante una reválida y ha salido victorioso y dudo mucho que nadie de los que confiaron en ellos se haya sentido defraudado, y estoy seguro también de que si mañana vuelven a lanzar otra campaña de financiación, no reúnen 17 mil euros sino el doble, porque “Santos & Diablos” es un antes y un después y bien que se lo han ganado. Imprescindible.

“Una Historia Que Contar”: https://www.youtube.com/watch?v=EXdBsxl0hCU



jueves, 2 de octubre de 2014

HENRY BUTLER & STEVEN BERNSTEIN & THE HOT 9 – “Viper’s Drag”: Mano izquierda contagiosa.


Impulse! Ha vuelto y lo hace a lo grande. El mítico sello de los sesenta donde JOHN COLTRANE hizo historia, después de pasar por varias manos y de aparecer y desaparecer, ha resucitado este año y qué mejor manera que con lanzamientos como el concierto en la Temple University de COLTRANE o este nuevo trabajo de HENRY BUTLER, pianista que también protagonizó el renacimiento de sello en los ochenta. BUTLER ha decidido rendir homenaje a los padres de la mano izquierda, a la evolución del Rag hacia el pianísimo en el Jazz, a JELLY ROLL MORTON y a FATS WALLER más de 100 años después de sus respectivos nacimientos, pero sin olvidar la evolución de esta música, el avance sonoro y la improvisación y el arreglo libre, algo que los citados pianistas y todos los dixielands tuvieron que reprimir por restricción temporal de la pizarra primero y el acetato después de 7 pulgadas que solo les permitía extenderse poco más de tres minutos. Y para ello BUTLER ha decidido unirse a la persona adecuada, el trompetista y arreglista STEVEN BERNSTEIN cuyos trabajos con SEX MOB y la MTO Orchestra son ejemplos de revisionismo renovado.  El resultado es “Viper’s Drag”, una gozada para no parar de mover los pies.

El grueso del programa está conformado por composiciones clásicas ancladas en los años veinte y treinta del siglo pasado, de los dos citados, WALLER y MORTON pero también de COUNT BASIE (y su “colaborador” ANDY GIBSON, aquí recogido en "I Left My Baby" en donde BUTLER también canta con gran sentimiento y ritmo) y el Blues de WESLEY WILSON ("Gimme a Pigfoot (And a Bottle of Beer)”) que puso su pluma compositora en las manos de BESSIE SMITH, BILLIE HOLIDAY y el propio BASIE. Pero el programa también incluye composiciones de BUTLER como “Some Iko” o sobre todo la soberbia “Dixie Walker”, que es puro Groove. Todo ello es interpretado con espíritu añejo, pero sonido actual, y unos arreglos que extienden la base rítmica y tonal a las experimentaciones posteriores, en forma de improvisaciones colectivas más libres y el uso de distintos modos. Es aquí donde BERNSTEIN y el conjunto de músicos englobados en los THE HOT 9 (en donde tenemos figuras como Herlin Riley en la batería,  Reggie Veal en el bajo o Curtis Fowlkes en el trombón) adquieren su mayor protagonismo, además de los propios solos de BUTLER, que como demuestra en “Dixie Walker” sabe mantener el pulso de la mano izquierda con una libertad tremenda de la derecha.

Además de las formaciones de BERNSTEIN, “Viper’s Drag” me recuerda mucho a aquel fabuloso trabajo firmado por DAVE DOUGLAS hace ya 15 años que sacó en memoria de MARY LOU WILLIAMS, “Soul On Soul”. El grado de frescura y la capacidad pegadiza de las composiciones y los ritmos, contagia al oyente, y en el caso de “Viper’s Drag” este hecho se ve incrementado por los cortes seleccionados, los compositores celebrados y la interpretación añeja de BUTLER con una mano izquierda prodigiosa, una especie de enlace perdido entre el Rag y MONK (otro que antes que a melodizar aprendió a ritmear con la izquierda). Puro Boogie, alma New Orleans y Blues, son ingredientes más que suficientes para ilusionar. Y sino escuchad “Buddy Bolden’s  Blues”, original de JELLY ROLL MORTON y en donde BUTLER vuelve a cantar, con una voz profunda y melancólica, mientras el grupo que le acompaña se tiñe de aires funerarios. Si añadimos a todo lo anterior, la inspiración de BUTLER en los solos (donde HORACE SILVER y MONK, se dan la mano con ELLINGTON o BASIE yendo hacia atrás y con McCOY TYNER yendo hacia delante), tenemos un disco completísimo.

Como comentaba al comienzo Impulse! vuelve a lo grande. El mítico sello “naranja y negro” que tantas alegrías dio y que fue el que dirigió la batuta del Jazz en los sesenta, vuelve a estar de actualidad y si el resultado es algo como “Viper’s Drag” bien ha merecido la pena de esperar a este renacimiento. Un tributo a la mano izquierda y a los orígenes del Jazz.






martes, 30 de septiembre de 2014

THE SEED - "From Nowhere To No One": La semilla de los noventa


Espero que el título de este trabajo no sea una declaración de intenciones por parte de los madrileños THE SEED: autoeditarse un disco es una tarea complicada, aunque alguno piense que en el mundo de hoy en día está tirado (mucha culpa de esto lo tiene el que clickando en un botón uno tenga acceso a contenidos que no es capaz de apreciar en su justa medida de esfuerzo empleado para conseguirlos), por eso supongo que aunque partan de “la nada” (que no es el caso), al menos si quieran dirigirse a “alguien”. El caso es que “"From Nowhere To No One"” es la primera referencia que personalmente escucho de THE SEED, aunque su nombre ya circulaba por mi subconsciente desde hace bastante, pues al fin y al cabo, no hay tanta gente en la escena local, sea cual sea el estilo, y al final los grupos te acaban sonando, aunque no te hayas puesto detenidamente a escucharlos. Y el resultado es altamente satisfactorio, por compacto, por sonido y porque combina influencias que hace unos años podrían decirse previsibles, pero ahora es casi culto.

Se puede definir a THE SEED como Post-Thrash, si es que tal estilo alguna vez llegó a existir o no es más que una forma de llevar a otro terreno todos los cambios que los noventa trajeron al mundo del Metal y en especial a lo que había sido su corriente más fogosa hasta que METALLICA una mañana se levantó y decidió cortarse la melena y SLAYER empezó a desvariar, mientras otros como PANTERA o MACHINE HEAD sacaban sus frutos de los nuevos gustos, y muchos adolescentes empezaban a preparar la siguiente “nueva moda” que sería denostada por los puristas y ahora se mira hasta con nostalgia (la música esta hecha a golpe de idas y venidas, eso está claro). A estas referencias, THE SEED añaden una fuerza mucho más Thrash que “post”, sobre todo provenientes de un Chuck Billy y unos TESTAMENT de segunda hornada muy presentes en particular en la primera mitad del trabajo, pero en general uno puede tener una idea partiendo de estas premisas. Dicho esto, cabe preguntarse por los resultados: pues es aquí donde se nota que THE SEED se han sacado por sus propios medios "“From Nowhere To No One"”. ¿Por qué lo digo? porque las ganas y el “no compromiso” de este tipo de discos, cuando se hace de manera profesional como es el caso, acaban barriendo cualquier merma estilística o formal. Uno se contagia por el poderío y es lo que acaba consiguiendo THE SEED.

Gracias a un sonido al cual el adjetivo “poderoso” se le queda corto, el peso rítmico de THE SEED es abrumador. Las guitarras, aunque con más detalles de los que uno se pueda pensar en forma de algún sólo y efecto (concentrándose en la más heredera del sonido noventero, “"Murdering Post”"), son muros de hormigón armado y el resto de la sección rítmica (en la que hasta no hace mucho Furni, ex batería de AVULSED, andaba implicado) es pura adrenalina (especialmente me tiene ensimismado la sureña “The Yellow Path”, una de las que más gustará a los seguidores de PANTERA), pero esto no resta protagonismo a una voz que ha cogido lo mejor de las tres referencias fundamentales en la música de THE SEED, sin por ello sonar a ninguna en particular. Y en cuanto a temas hay que felicitar a THE SEED por conseguir un disco variado en lo más amplio de la extensión de esta palabra. Sólo así puedes encajar cosas como los bombazos de apertura: “"Master Of Men"”, "“Antihuman Brigade"” (con un breve cameo de Dave Rotten en los últimos segundos del tema) y “"Dead Seed"” (en este caso con un inicio vacilante y un estribillo atípico, pero igual de efectivo y cargado de fuerza), cortes acelerados, contundentes y desmelenados, y al final “"Bag Of Fools"”, con el ya citado “"The Yellow Path”", su continuación más clara en “"By My Own"” o sobre todo el larguísimo “"Remorse"”, de inicio muy “metallico noventero” y donde la voz limpia se convierte en elemento de complemento a una variada estructura, cargada de efectos y claroscuros, con el mejor solo de todo el trabajo y una intensidad creciente.

Por todo lo anterior, no se puede decir que THE SEED sea un grupo original, pero personalidad hay, tanto en la forma de presentar su música, como sobre todo en la combinación de referencias que rondan alrededor del grupo. Pero insisto una vez más, la notabilidad de este trabajo está en las ganas que derrocha y que hace que, te guste en mayor o menor medida el estilo o la música, no puedas reprochar a THE SEED que ha hecho lo que ha querido y con la fuerza de los que no han perdido la ilusión. “"From Nowhere To No One"” debería llamarse “From Nowhere To Everyone”, porque este trabajo se merece una escucha, o unas cuantas…

(Crítica publicada también en: http://www.xtreemmusic.com)

jueves, 25 de septiembre de 2014

NIAGARA - "Niagara, S.U.B. & Afire": Al ritmo de los tambores


Una imagen vale más que mil palabras. Eso debió de pensar KLAUS WEISS, batería alemán de Jazz, muy reputado por sus colaboraciones con Johnny Griffin o sobre todo Klaus Doldinger, cuando en 1971 se lanzó en solitario con el proyecto NIAGARA y su disco homónimo. Seguramente pocas personas podían adivinar lo que escondía aquel vinilo, simplemente se sintieron atraídos por el pecho desnudo sobre el que el agua resbala que aparece en su portada, controvertida en su momento, dicho sea de paso. Lo que puede parecer una simple estratagema de marketing, está en realidad muy relacionado con la música que WEISS quiso exponer en NIAGARA, como más adelante comentaré. Junto a los también baterías alemanes, Udo Lindenberg y Daniel Fichelscher, y una serie de colaboradores en la percusión procedentes de Europa y América a partes iguales, WEISS se convirtió en pionero de una forma de exponer la música que sin quererlo, casi a la vez y al otro lado del charco, otro batería de Jazz MAX ROACH también estaba barruntando con su proyecto M'BOOM: un grupo exclusivamente formado por percusionistas.

El concepto podía parecer arriesgado, más allá de las obras clásicas contemporáneas pensadas para percusión. WEISS utilizó todo el bagaje a su alcance y quiso mezclar Jazz, Rock y World Music a partes iguales, partiendo de un contexto improvisatorio en donde la columna vertebral rítmica sigue un camino y el desarrollo se expande a base de polirritmos y pasajes de intensidad variable, salidos de la propia energía interpretativa de los músicos. El férreo devenir del compás propio de una banda de Kraut Rock, se llena así de paisajes y colores australes y africanos. Es aquí donde la portada del disco adquiere todo su significado: la música se desnuda y vuelve a sus orígenes africanos, cuando la percusión y la voz eran los instrumentos fundamentales (en este caso sin voz), siguiendo los latidos del corazón, más que los de la cabeza. Muy poético puede parecer, pero creo que WEISS acertó de lleno tanto en el concepto, como en la forma de exponerlo. Así “Niágara” se divide en dos temas, que no dejan de ser dos suites diferenciadas por meros motivos logísticos (el vinilo hay que darle la vuelta en algún momento) y porque los ritmos centrales que conducen cada pieza son diferentes en una y otra pieza (más salvajes en “Sandandongo” que en “Malanga”). El resto es inventiva pura y dura de los músicos que se dejan llevar por el movimiento de sus cuerpos (con algún que otro efecto de postproducción que no resta naturalidad).

Durante mucho tiempo fuera del mercado “Niágara” fue reeditado por la compañía alemana MIG y no quisieron dejar pasar la oportunidad de unir a este primer álbum sus dos secuelas, sutilmente diferentes: en especial “S.U.B.” de 1972, donde el concepto cambia completamente y aunque la base de los temas sigue siendo el juego rítmico entre WEISS, Udo Lindenberg y Daniel Fichelscher (como se puede comprobar en “Kattarh”), la adición de bajista, pianista, guitarrista y sección de vientos ocasional convierten al disco en una obra más previsible de Jazz Rock (no hay más que escuchar el largo tema título, que podía pasar por un trabajo de la MAHAVISHNU ORCHESTRA o similares). El tercero en discordia, “Afire” de 1973 recupera la seña de identidad de NIAGARA, el concepto casi exclusivamente percusivo sólo añadiendo el pulso de Dave King en el bajo en algunos pasajes, pero es menos fresco porque en él WEISS se enfrenta solo ante los tambores, añadiendo algunos percusionistas invitados, pero sin la interlocución y el diálogo que en el debut tenía la presencia de Udo Lindenberg y Daniel Fichelscher. Además el disco se conforma por un conjunto de piezas cortas, lo que impide que el oyente acabe entrando en trance como en “Niágara”. Aún así, hay que felicitar a MIG por reeditar estos tres discos para tener de un plumazo todo lo que KLAUS WEISS hizo con NIAGARA y entender la evolución del concepto.

Música que mira directamente a África, a nuestros orígenes como seres humanos, desnuda de todo aderezo, simplemente haciendo que nuestros pies, brazos… nuestros cuerpos se invadan del calor de los ritmos y de la exuberancia de las percusiones. NIÁGARA pudo ser una rara avis, pero por todo ocupa un lugar privilegiado entre los coleccionistas y musicólogos. Una orgía para los sentidos.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

NECROWRETCH - "Putrid Death Sorcery": rindiendo culto a Suecia


Si uno hace un “blindfold test” e incluye un corte del trío francés NECROWRETCH, el que lo escuche, primero: no va a decir nunca que la banda provenga de Francia. Segundo: pensará que le estamos poniendo un tema clásico del Death sueco de los noventa. Tercero: si le decimos que el grupo es más actual, pensará que es VERMINOUS, KAAMOS, REPUGNANT o PAGANIZER. Pues bien, todo sería equivocado. Al igual que los alemanes FLESHCRAWL, NECROWRETCH es puro culto a la Suecia más macabra y sangrienta, musicalmente hablando, esa que partiendo de DEATH y POSSESSED dio lugar a bandas como MERCILESS, NIHILIST, NECROPHOBIC, GROTESQUE, etc… Es decir, base Thrash, velocidad, voces de cierta ascendencia Black y mucho odio contenido en cada uno de los riffs y fraseos. Y lo mejor de todo es que, pese a que la personalidad brilla por su ausencia, NECROWRETCH, un grupo insultantemente joven, ofrece un trabajo encasillado y sin salirse del guión, pero muy inspirado y estimulante.

El inmovilismo estructural y sonoro que hace que, salvo en “Impious Plague In Catacombs”, más groovie y variada, los cortes se sucedan sin grandes variaciones, no es impedimento para disfrutar de la violencia sónica de NECROWRETCH. Es curioso además el sonido conseguido: la producción es fría y afilada, para mayor redundancia en la sensación transmitida por las voces y las guitarras del grupo, pero al mismo tiempo las guitarras suenan con volumen, con una distorsión más potenciada, al igual que el bajo, siempre presente y en ocasiones hasta por encima de las propias guitarras (algo interesante porque no se limita a seguir los riffs principales). La batería también goza de un espacio protagonista en la mezcla, con un sonido clásico y tempestuoso que contribuye a la cacofonía sonora del conjunto. Lo menos personal es desde luego la voz de Vlad, que es puramente GROTESQUE, agresiva y con cierto eco para dar una mayor sensación fantasmagórica, pero algo repetitiva.

Los cortes se suceden sin darnos cuenta y sin descanso, con excepción del ya citado “Impious Plague In Catacombs”, más atmosférico y contenido o “The Anthropomancer”, con una introducción que mantiene la tensión y abre la veda para un corte muy nihilista. También el cierre de “Repugnizer”, aún siendo un tema corto e intenso, da juego para algo de Groove. El resto es mantener pisado el acelerador, tanto en la parte rítmica como en la solista, para ofrecer con ello un muro de riffs y ritmos salvajes que se clavan como cuchillos helados en nuestra espalda. En consecuencia “Putrid Death Sorcery” es un disco muy concreto y dirigido claramente al público melómano que quiere recrearse con el Estocolmo de finales de la última década del siglo pasado, cuando algunos jovenzuelos impíos y sacrílegos se dedicaron a recrear a sus ídolos satanistas del otro lado del Atlántico contagiando de la frialdad de su entorno a la música que con ello hicieron. No es un mero pastiche, simplemente un divertimento al que no se le puede pedir más que entretener.

Si quieres pasar un buen rato y dejarte llevar por la música cultista (y ocultista) de una banda “desubicada” pero igual de buena que si hubiese nacido en la tierra de Odin, con NECROWETCH y su debut en largo tienes una buena pieza de viejo y crudo Death Metal para llevarte a los oídos y no parar de mover la cabeza. Tan simple como complicado al mismo tiempo, el trío sale victorioso en sus pretensiones.



domingo, 14 de septiembre de 2014

TOM HARRELL - "Prana Dance": Variedad musical y equilibrio rítmico


TOM HARRELL puede ser reconocido como uno de los trompetistas bandera del Post Bop. Metido en su mundo de ángeles y diablos, propio de un esquizofrénico declarado que no le impide, literalmente, volar sobre un escenario, el trompetista americano es tan prolífico como poco dado a las palabras. Él prefiere expresarse con su música y olvidarse de todo lo demás. Y después de unos comienzos semidesconocidos, su llegada a RCA a mediados de los noventa supuso un salto cuantitativo (el cualitativo ya lo dio unos años antes) que le permitió ser conocido por más gente y colocarse como uno de los adalides de la recuperación del Jazz en su sentido más clásico y aventurero. Solista sin igual, con un sonido que bebe más de CLIFFORD BROWN que de MILES DAVIS, pero que se basa en los principios musicales del segundo (y qué trompetista no lo hace), TOM HARRELL dio con HighNote, el sello por excelencia del Post-Bop y desde entonces no ha dejado de sacar buenos discos, destacando este “Prana Dance” de 2009.

En “Prana Dance”, TOM HARRELL se rodea de músicos bien conocidos por él y por quienes les siguen: WAYNE ESCOFFERY, con su sonido coltraneano pasado por los modalismos de WAYNE SHORTER, es el que adopta el segundo rol principal, tanto desde el punto de vista de la producción como de la interpretación de un programa completo para el propio HARRELL. Detrás una sección rítmica que recuerda mucho al segundo quinteto de MILES DAVIS, modal y progresiva, con un DANNY GRISSETT que tanto en el piano como en el Fender Rhodes suena etéreo y lejano, sin exuberancias ni excesos, un UGONNA OKEGWO en un papel secundario pero omnipresente, con mucho walking bass entre sus dedos y finalmente un JOHNATHAN BLAKE inventivo, cómodo en el tresillo pero también con cierto toque Funky en su uso de la caja y el bombo.

El programa de “Prana Dance”, se mueve entre la tranquilidad del medio tiempo y la excitación de los cortes más poderosos, pero siempre con esa sensación envolvente y avanzada que da la composición modal, en donde los músicos se sostienen en sus solos y las melodías se diluyen entre los juegos armónicos, y los cambios rítmicos. “Prana”, uno de los cortes más completos es un ejemplo, aunque quizás el más enigmático sea “The Sea Serpent”, precedente de un “In The Infinite” que es puro Post Bop. Por otro lado “The Call” deja espacio para que GRISSETT tanto sobre el piano como sobre el Fender pueda despacharse a gusto en medio de la síncopa Funky de BLAKE y los juegos modales de HARRELL y ESCOFFERY. El conjunto de todo ello, sin ser llamativo por nada en especial, ofrece suficientes espacios de desarrollo y aventura improvisatoria y libertad armónica como para que el oyente se sienta llevado de la mano por la música del quinteto.

TOM HARRELL nunca llamará la atención de los focos, e incluso no dejará de tener la etiqueta de “músico para músicos” en sus espaldas, su imagen introspectiva y no dada hacia el público, propia de su trastorno y de su propia personalidad, tampoco ayuda a que esta sensación cambie, pero dejando a un lado este aspecto, musicalmente HARRELL sabe centrar la atención por méritos propios. Su trayectoria discográfica no tiene altibajos, pero en “Prana Dance” logra un grado de compenetración con sus compañeros que se traslada a la ejecución y aumenta una sensación de directo que lo convierten en uno de sus trabajos más logrados.