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martes, 30 de septiembre de 2014

THE SEED - "From Nowhere To No One": La semilla de los noventa


Espero que el título de este trabajo no sea una declaración de intenciones por parte de los madrileños THE SEED: autoeditarse un disco es una tarea complicada, aunque alguno piense que en el mundo de hoy en día está tirado (mucha culpa de esto lo tiene el que clickando en un botón uno tenga acceso a contenidos que no es capaz de apreciar en su justa medida de esfuerzo empleado para conseguirlos), por eso supongo que aunque partan de “la nada” (que no es el caso), al menos si quieran dirigirse a “alguien”. El caso es que “"From Nowhere To No One"” es la primera referencia que personalmente escucho de THE SEED, aunque su nombre ya circulaba por mi subconsciente desde hace bastante, pues al fin y al cabo, no hay tanta gente en la escena local, sea cual sea el estilo, y al final los grupos te acaban sonando, aunque no te hayas puesto detenidamente a escucharlos. Y el resultado es altamente satisfactorio, por compacto, por sonido y porque combina influencias que hace unos años podrían decirse previsibles, pero ahora es casi culto.

Se puede definir a THE SEED como Post-Thrash, si es que tal estilo alguna vez llegó a existir o no es más que una forma de llevar a otro terreno todos los cambios que los noventa trajeron al mundo del Metal y en especial a lo que había sido su corriente más fogosa hasta que METALLICA una mañana se levantó y decidió cortarse la melena y SLAYER empezó a desvariar, mientras otros como PANTERA o MACHINE HEAD sacaban sus frutos de los nuevos gustos, y muchos adolescentes empezaban a preparar la siguiente “nueva moda” que sería denostada por los puristas y ahora se mira hasta con nostalgia (la música esta hecha a golpe de idas y venidas, eso está claro). A estas referencias, THE SEED añaden una fuerza mucho más Thrash que “post”, sobre todo provenientes de un Chuck Billy y unos TESTAMENT de segunda hornada muy presentes en particular en la primera mitad del trabajo, pero en general uno puede tener una idea partiendo de estas premisas. Dicho esto, cabe preguntarse por los resultados: pues es aquí donde se nota que THE SEED se han sacado por sus propios medios "“From Nowhere To No One"”. ¿Por qué lo digo? porque las ganas y el “no compromiso” de este tipo de discos, cuando se hace de manera profesional como es el caso, acaban barriendo cualquier merma estilística o formal. Uno se contagia por el poderío y es lo que acaba consiguiendo THE SEED.

Gracias a un sonido al cual el adjetivo “poderoso” se le queda corto, el peso rítmico de THE SEED es abrumador. Las guitarras, aunque con más detalles de los que uno se pueda pensar en forma de algún sólo y efecto (concentrándose en la más heredera del sonido noventero, “"Murdering Post”"), son muros de hormigón armado y el resto de la sección rítmica (en la que hasta no hace mucho Furni, ex batería de AVULSED, andaba implicado) es pura adrenalina (especialmente me tiene ensimismado la sureña “The Yellow Path”, una de las que más gustará a los seguidores de PANTERA), pero esto no resta protagonismo a una voz que ha cogido lo mejor de las tres referencias fundamentales en la música de THE SEED, sin por ello sonar a ninguna en particular. Y en cuanto a temas hay que felicitar a THE SEED por conseguir un disco variado en lo más amplio de la extensión de esta palabra. Sólo así puedes encajar cosas como los bombazos de apertura: “"Master Of Men"”, "“Antihuman Brigade"” (con un breve cameo de Dave Rotten en los últimos segundos del tema) y “"Dead Seed"” (en este caso con un inicio vacilante y un estribillo atípico, pero igual de efectivo y cargado de fuerza), cortes acelerados, contundentes y desmelenados, y al final “"Bag Of Fools"”, con el ya citado “"The Yellow Path”", su continuación más clara en “"By My Own"” o sobre todo el larguísimo “"Remorse"”, de inicio muy “metallico noventero” y donde la voz limpia se convierte en elemento de complemento a una variada estructura, cargada de efectos y claroscuros, con el mejor solo de todo el trabajo y una intensidad creciente.

Por todo lo anterior, no se puede decir que THE SEED sea un grupo original, pero personalidad hay, tanto en la forma de presentar su música, como sobre todo en la combinación de referencias que rondan alrededor del grupo. Pero insisto una vez más, la notabilidad de este trabajo está en las ganas que derrocha y que hace que, te guste en mayor o menor medida el estilo o la música, no puedas reprochar a THE SEED que ha hecho lo que ha querido y con la fuerza de los que no han perdido la ilusión. “"From Nowhere To No One"” debería llamarse “From Nowhere To Everyone”, porque este trabajo se merece una escucha, o unas cuantas…

(Crítica publicada también en: http://www.xtreemmusic.com)

jueves, 25 de septiembre de 2014

NIAGARA - "Niagara, S.U.B. & Afire": Al ritmo de los tambores


Una imagen vale más que mil palabras. Eso debió de pensar KLAUS WEISS, batería alemán de Jazz, muy reputado por sus colaboraciones con Johnny Griffin o sobre todo Klaus Doldinger, cuando en 1971 se lanzó en solitario con el proyecto NIAGARA y su disco homónimo. Seguramente pocas personas podían adivinar lo que escondía aquel vinilo, simplemente se sintieron atraídos por el pecho desnudo sobre el que el agua resbala que aparece en su portada, controvertida en su momento, dicho sea de paso. Lo que puede parecer una simple estratagema de marketing, está en realidad muy relacionado con la música que WEISS quiso exponer en NIAGARA, como más adelante comentaré. Junto a los también baterías alemanes, Udo Lindenberg y Daniel Fichelscher, y una serie de colaboradores en la percusión procedentes de Europa y América a partes iguales, WEISS se convirtió en pionero de una forma de exponer la música que sin quererlo, casi a la vez y al otro lado del charco, otro batería de Jazz MAX ROACH también estaba barruntando con su proyecto M'BOOM: un grupo exclusivamente formado por percusionistas.

El concepto podía parecer arriesgado, más allá de las obras clásicas contemporáneas pensadas para percusión. WEISS utilizó todo el bagaje a su alcance y quiso mezclar Jazz, Rock y World Music a partes iguales, partiendo de un contexto improvisatorio en donde la columna vertebral rítmica sigue un camino y el desarrollo se expande a base de polirritmos y pasajes de intensidad variable, salidos de la propia energía interpretativa de los músicos. El férreo devenir del compás propio de una banda de Kraut Rock, se llena así de paisajes y colores australes y africanos. Es aquí donde la portada del disco adquiere todo su significado: la música se desnuda y vuelve a sus orígenes africanos, cuando la percusión y la voz eran los instrumentos fundamentales (en este caso sin voz), siguiendo los latidos del corazón, más que los de la cabeza. Muy poético puede parecer, pero creo que WEISS acertó de lleno tanto en el concepto, como en la forma de exponerlo. Así “Niágara” se divide en dos temas, que no dejan de ser dos suites diferenciadas por meros motivos logísticos (el vinilo hay que darle la vuelta en algún momento) y porque los ritmos centrales que conducen cada pieza son diferentes en una y otra pieza (más salvajes en “Sandandongo” que en “Malanga”). El resto es inventiva pura y dura de los músicos que se dejan llevar por el movimiento de sus cuerpos (con algún que otro efecto de postproducción que no resta naturalidad).

Durante mucho tiempo fuera del mercado “Niágara” fue reeditado por la compañía alemana MIG y no quisieron dejar pasar la oportunidad de unir a este primer álbum sus dos secuelas, sutilmente diferentes: en especial “S.U.B.” de 1972, donde el concepto cambia completamente y aunque la base de los temas sigue siendo el juego rítmico entre WEISS, Udo Lindenberg y Daniel Fichelscher (como se puede comprobar en “Kattarh”), la adición de bajista, pianista, guitarrista y sección de vientos ocasional convierten al disco en una obra más previsible de Jazz Rock (no hay más que escuchar el largo tema título, que podía pasar por un trabajo de la MAHAVISHNU ORCHESTRA o similares). El tercero en discordia, “Afire” de 1973 recupera la seña de identidad de NIAGARA, el concepto casi exclusivamente percusivo sólo añadiendo el pulso de Dave King en el bajo en algunos pasajes, pero es menos fresco porque en él WEISS se enfrenta solo ante los tambores, añadiendo algunos percusionistas invitados, pero sin la interlocución y el diálogo que en el debut tenía la presencia de Udo Lindenberg y Daniel Fichelscher. Además el disco se conforma por un conjunto de piezas cortas, lo que impide que el oyente acabe entrando en trance como en “Niágara”. Aún así, hay que felicitar a MIG por reeditar estos tres discos para tener de un plumazo todo lo que KLAUS WEISS hizo con NIAGARA y entender la evolución del concepto.

Música que mira directamente a África, a nuestros orígenes como seres humanos, desnuda de todo aderezo, simplemente haciendo que nuestros pies, brazos… nuestros cuerpos se invadan del calor de los ritmos y de la exuberancia de las percusiones. NIÁGARA pudo ser una rara avis, pero por todo ocupa un lugar privilegiado entre los coleccionistas y musicólogos. Una orgía para los sentidos.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

NECROWRETCH - "Putrid Death Sorcery": rindiendo culto a Suecia


Si uno hace un “blindfold test” e incluye un corte del trío francés NECROWRETCH, el que lo escuche, primero: no va a decir nunca que la banda provenga de Francia. Segundo: pensará que le estamos poniendo un tema clásico del Death sueco de los noventa. Tercero: si le decimos que el grupo es más actual, pensará que es VERMINOUS, KAAMOS, REPUGNANT o PAGANIZER. Pues bien, todo sería equivocado. Al igual que los alemanes FLESHCRAWL, NECROWRETCH es puro culto a la Suecia más macabra y sangrienta, musicalmente hablando, esa que partiendo de DEATH y POSSESSED dio lugar a bandas como MERCILESS, NIHILIST, NECROPHOBIC, GROTESQUE, etc… Es decir, base Thrash, velocidad, voces de cierta ascendencia Black y mucho odio contenido en cada uno de los riffs y fraseos. Y lo mejor de todo es que, pese a que la personalidad brilla por su ausencia, NECROWRETCH, un grupo insultantemente joven, ofrece un trabajo encasillado y sin salirse del guión, pero muy inspirado y estimulante.

El inmovilismo estructural y sonoro que hace que, salvo en “Impious Plague In Catacombs”, más groovie y variada, los cortes se sucedan sin grandes variaciones, no es impedimento para disfrutar de la violencia sónica de NECROWRETCH. Es curioso además el sonido conseguido: la producción es fría y afilada, para mayor redundancia en la sensación transmitida por las voces y las guitarras del grupo, pero al mismo tiempo las guitarras suenan con volumen, con una distorsión más potenciada, al igual que el bajo, siempre presente y en ocasiones hasta por encima de las propias guitarras (algo interesante porque no se limita a seguir los riffs principales). La batería también goza de un espacio protagonista en la mezcla, con un sonido clásico y tempestuoso que contribuye a la cacofonía sonora del conjunto. Lo menos personal es desde luego la voz de Vlad, que es puramente GROTESQUE, agresiva y con cierto eco para dar una mayor sensación fantasmagórica, pero algo repetitiva.

Los cortes se suceden sin darnos cuenta y sin descanso, con excepción del ya citado “Impious Plague In Catacombs”, más atmosférico y contenido o “The Anthropomancer”, con una introducción que mantiene la tensión y abre la veda para un corte muy nihilista. También el cierre de “Repugnizer”, aún siendo un tema corto e intenso, da juego para algo de Groove. El resto es mantener pisado el acelerador, tanto en la parte rítmica como en la solista, para ofrecer con ello un muro de riffs y ritmos salvajes que se clavan como cuchillos helados en nuestra espalda. En consecuencia “Putrid Death Sorcery” es un disco muy concreto y dirigido claramente al público melómano que quiere recrearse con el Estocolmo de finales de la última década del siglo pasado, cuando algunos jovenzuelos impíos y sacrílegos se dedicaron a recrear a sus ídolos satanistas del otro lado del Atlántico contagiando de la frialdad de su entorno a la música que con ello hicieron. No es un mero pastiche, simplemente un divertimento al que no se le puede pedir más que entretener.

Si quieres pasar un buen rato y dejarte llevar por la música cultista (y ocultista) de una banda “desubicada” pero igual de buena que si hubiese nacido en la tierra de Odin, con NECROWETCH y su debut en largo tienes una buena pieza de viejo y crudo Death Metal para llevarte a los oídos y no parar de mover la cabeza. Tan simple como complicado al mismo tiempo, el trío sale victorioso en sus pretensiones.



domingo, 14 de septiembre de 2014

TOM HARRELL - "Prana Dance": Variedad musical y equilibrio rítmico


TOM HARRELL puede ser reconocido como uno de los trompetistas bandera del Post Bop. Metido en su mundo de ángeles y diablos, propio de un esquizofrénico declarado que no le impide, literalmente, volar sobre un escenario, el trompetista americano es tan prolífico como poco dado a las palabras. Él prefiere expresarse con su música y olvidarse de todo lo demás. Y después de unos comienzos semidesconocidos, su llegada a RCA a mediados de los noventa supuso un salto cuantitativo (el cualitativo ya lo dio unos años antes) que le permitió ser conocido por más gente y colocarse como uno de los adalides de la recuperación del Jazz en su sentido más clásico y aventurero. Solista sin igual, con un sonido que bebe más de CLIFFORD BROWN que de MILES DAVIS, pero que se basa en los principios musicales del segundo (y qué trompetista no lo hace), TOM HARRELL dio con HighNote, el sello por excelencia del Post-Bop y desde entonces no ha dejado de sacar buenos discos, destacando este “Prana Dance” de 2009.

En “Prana Dance”, TOM HARRELL se rodea de músicos bien conocidos por él y por quienes les siguen: WAYNE ESCOFFERY, con su sonido coltraneano pasado por los modalismos de WAYNE SHORTER, es el que adopta el segundo rol principal, tanto desde el punto de vista de la producción como de la interpretación de un programa completo para el propio HARRELL. Detrás una sección rítmica que recuerda mucho al segundo quinteto de MILES DAVIS, modal y progresiva, con un DANNY GRISSETT que tanto en el piano como en el Fender Rhodes suena etéreo y lejano, sin exuberancias ni excesos, un UGONNA OKEGWO en un papel secundario pero omnipresente, con mucho walking bass entre sus dedos y finalmente un JOHNATHAN BLAKE inventivo, cómodo en el tresillo pero también con cierto toque Funky en su uso de la caja y el bombo.

El programa de “Prana Dance”, se mueve entre la tranquilidad del medio tiempo y la excitación de los cortes más poderosos, pero siempre con esa sensación envolvente y avanzada que da la composición modal, en donde los músicos se sostienen en sus solos y las melodías se diluyen entre los juegos armónicos, y los cambios rítmicos. “Prana”, uno de los cortes más completos es un ejemplo, aunque quizás el más enigmático sea “The Sea Serpent”, precedente de un “In The Infinite” que es puro Post Bop. Por otro lado “The Call” deja espacio para que GRISSETT tanto sobre el piano como sobre el Fender pueda despacharse a gusto en medio de la síncopa Funky de BLAKE y los juegos modales de HARRELL y ESCOFFERY. El conjunto de todo ello, sin ser llamativo por nada en especial, ofrece suficientes espacios de desarrollo y aventura improvisatoria y libertad armónica como para que el oyente se sienta llevado de la mano por la música del quinteto.

TOM HARRELL nunca llamará la atención de los focos, e incluso no dejará de tener la etiqueta de “músico para músicos” en sus espaldas, su imagen introspectiva y no dada hacia el público, propia de su trastorno y de su propia personalidad, tampoco ayuda a que esta sensación cambie, pero dejando a un lado este aspecto, musicalmente HARRELL sabe centrar la atención por méritos propios. Su trayectoria discográfica no tiene altibajos, pero en “Prana Dance” logra un grado de compenetración con sus compañeros que se traslada a la ejecución y aumenta una sensación de directo que lo convierten en uno de sus trabajos más logrados.



domingo, 17 de agosto de 2014

ALKALINOS - "Esto No Es Amor, Es Rock n' Roll": La frescura de lo clásico


A veces nos olvidamos de lo esencial: el pasarlo bien sin más. Esta máxima es aplicable a cualquier aspecto de la vida, pero en particular la utilizo aquí pensando en la música. Las etiquetas se van multiplicando una detrás de otra y al final no sabemos ya ni qué escuchamos. Por eso da gusto encontrarse con un grupo como ALKALINOS. ¿Por qué? Porque lo suyo, efectivamente, no es amor, es Rock ‘n’ Roll. Es diversión, frescura y sencillez, no exento de ideas, más bien al contrario: es un auténtico manifiesto de cómo con lo básico en instrumentación y composición se pueden hacer grandes cosas, y no son unos AC-DC de la vida, no, van mucho más allá, incluso uno puede adivinar ciertas dosis progresivo setenteras en su música, pero al final todo se define de una manera muy simple: Rock, sin más y del bueno, del que te hace mover los pies como dicen en el tema de apertura que da título a este segundo disco de ALKALINOS, “Esto no es amor, es Rock ‘n’ Roll”. Rock tan excitante como directo y sin tapujos.

El trío de la zona de Béjar y Puerto de Béjar en Salamanca, formado por Juanma en el bajo y la voz, Keko en la guitarra y Edu en la batería saca con “Esto no es amor, es Rock ‘n’ Roll” su segundo trabajo después de “El Traje” que supuso su debut. Y los principios son los mismos pero mejorados: en producción, en centrar las ideas y sobre todo en dominio de sus propios instrumentos, especialmente las guitarras, generando un disco mucho más intenso, completo y con composiciones más desarrolladas, que sin perder ni un gramo de frescura ni inmediatez, ganan en su ejecución, mucho más variada y abierta. Sirva de ejemplo uno de los temas más Heavys, “No Llores Rock ‘n’ Roll” que está a medio camino entre TOPO, BARÓN ROJO y LOS SUAVES, dejando el lado más urbano de LEÑO y sus derivados en un segundo plano. Algún ramalazo Reggae y Ska que tenían en “El Traje” se ha perdido en el camino, centrando los cortes en un Rock mucho más directo y efectivo, pero no por ello estamos hablando de un trabajo corto de miras, todo lo contrario. Las letras de Juanma, centradas en el día a día de los músicos, en la propia alabanza del Rock y en las incertidumbres y problemas típicos de cualquier persona que va madurando y cambia su vida, tienen un colchón musical muy amplio rítmicamente hablando (Edu tiene mucha inventiva en sus acompañamientos) como sobre todo en el apartado solista.

Y es que, sin desmerecer la labor de Edu y Juanma (y el segundo tiene un gran dominio del bajo, no centrado en el mero acompañamiento una octava por debajo de las guitarras), brilla con luz propia Keko, con influencias que van desde el Rock urbano, el Rock setentero, el Blues y hasta el Jazz (a veces recuerda a FITO Y FITIPALDIS / PLATERO Y TÚ en este sentido, llenando la frescura de su base con la riqueza de JOHN MAYALL, GEORGE THOROGOOD o JJ CALE). “A fuego”, “Bang” o “Sigo Vivo” serían ejemplos de lucimiento para este gran músico, que se encuentra perfectamente acompañado por el resto de integrantes de ALKALINOS. El ámbito algo más relajado y sentimental lo podemos encontrar en “Monstruos” un corte más melódico y con cierto aire melancólico, mientras que el más radiofónico, sin quitar que cualquiera de los cortes dicho es potencialmente un single, lo tenemos en “Bye, Bye”, un corte que puede funcionar muy bien como cierre en sus conciertos para ser coreado por el público y porque se queda fácilmente pegado. Igual que “Todo Irá Bien”, directo y sin complejos, puro Rock “de antaño”, que es puro LEÑO para mi gusto, con un gran solo muy bluesy por parte de Keko. En general el disco al completo está muy bien encajado, no hay espacio para el aburrimiento ni para el relleno, y no es un tópico, es una sensación real.

Si con el nombre del grupo quieren dar energía a sus oyentes como si de pilas fueran, ALKALINOS lo ha conseguido con su segundo trabajo, “Esto no es amor, es Rock ‘n’ Roll”. Con una producción honesta y de puro directo, un puñado de composiciones sin complejos y que son el A-B-C del Rock y la vitalidad de tres músicos a los que les gusta lo que hacen, tenemos un disco que es seña de identidad de un grupo a tener muy en cuenta. Desde Béjar para el mundo ¡ALKALINOS!

"No Llores Rock 'n' Roll": http://youtu.be/KirQJQYqFJY





viernes, 8 de agosto de 2014

BILL EVANS - "The Alternative Man": La energía de la juventud



Para muchos BILL EVANS es un usurpador… Él no tiene la culpa, pero llamarse igual que un pianista de Jazz tan mítico te hace ganar puntos en las tiendas que tienen los discos organizados alfabéticamente. Sin embargo, que constantemente te pongan entre paréntesis el instrumento que usas para diferenciar, no debe ser algo agradable. Se da por hecho que el otro Bill Evans es el importante, el que todo el mundo sabe quién es y qué toca, y tú necesitas que te pongan el subtítulo… Dejando esta cuestión a un lado, BILL EVANS no se dedicó al piano, y sí al Jazz, pero desde otros ámbitos. Como otros muchos, BILL EVANS surgió de MILES DAVIS en los ochenta. También de la tercera reencarnación de la MAHAVISHNU ORCHESTRA de John McLaughlin… y “The Alternative Man” fue su presentación en sociedad como un buen compositor y mejor improvisador, capaz de aglutinar todos los sonidos de la Fusión de los setenta y los ochenta en un único trabajo, cuya producción envejece regular, como luego comentaré.

Iré por partes: “The Alternative Man” es para mi gusto el mejor trabajo de BILL EVANS, pese a que aún no había explotado como referente Smooth, cosa que haría años más tarde una vez que se dejó de experimentos con el Rap en “Push”, a partir de “Escape” y sobre todo “Starfish & The Moon”, al que le seguiría un “Touch” muy sensiblero y radiofónico, que también tenía un buen nivel. En este debut de 1985, que sería seguido por una serie de discos en directo made in Japan que sirven de muestra de la efusividad improvisatoria de BILL EVANS, el joven saxofonista se deja llevar por todas sus inquietudes, desde la propia portada, que en el vinilo original se desplegaba mostrando a BILL EVANS en una habitación repleta de cosas y en desorden, indicando el propio Bill que era parte de su personalidad. Rock, Reggae, Jazz en sentido estricto, Smooth… todo con composiciones enérgicas, pegadizas y repletas de colaboraciones que aumentan el grado de disfrute del trabajo, y que sirven de vehículo de expresión para un BILL EVANS heredero de Coltrane y Sonny Rollins a partes iguales, con un lenguaje Post-Bop de gran calado técnico, pero sin abandonar la melodía.

Lo peor de “The Alternative Man” es su producción. El disco es puramente ochentero, para bien y para mal. Los instrumentos acústicos suenan bien, pero la mayoría de los cortes se llenan de ritmos enlatados y percusiones sintéticas, o simplemente la batería de Danny Gottlieb está procesada y por tanto suena artificial, envejeciendo regular el disco con el paso de los años. Esto es evidente si comparamos las composiciones de “The Alternative Man” que aparecen en el directo de 1989 “Let The Juice Loose”, donde Dennis Chambers suena potente y los cortes se convierten en temas de eufórico Post-Bop con ambientación y excitación Rock. Por lo demás, “The Alternative Man” es un trabajo redondo, destacando los cortes más excitantes, como el ya citado “Let The Juice Loose” (con Marcus Miller como estrella en el bajo), el propio “The Alternative Man” o “Jojo”, donde el protagonismo improvisatorio se reparte entre Evans y guitarristas como Jeff Golub o Hiram Bullock. Por otro lado destacan los cortes “homenaje” a las bandas donde BILL EVANS se formó como músico: a Miles Davis en un superlativo “Miles Away” junto a Marcus Miller y Al Foster (el único tema totalmente acústico del trabajo) y sobre todo “Flight Of The Falcon”, composición de Evans usada en la MAHAVISHNU ORCHESTRA y que interpreta junto a John McLaughlin de manera soberbia, ganando intensidad por momentos. Y en cuanto al resto, ya sea de forma más tranquila, o manteniendo la excitación, la media se mantiene muy bien.  

Dejando a un lado que “The Alternative Man” es un producto de su época, BILL EVANS dio un buen puñetazo en la mesa con este disco, el único que sacó para Blue Note (que no supo muy bien qué hacer con él) y que, una vez pasada su etapa con Miles y la MAHAVISHNU ORCHESTRA, sirvió para iniciar una carrera en los noventa que aún sigue hoy en día con muy buen resultado. Usurpador o no, BILL EVANS tiene su sitio en el mundo del Jazz Fusión.





martes, 5 de agosto de 2014

JOHN SCOFIELD - "Überjam Deux": Segundas partes nunca fueron buenas, o sí...


Siempre digo que en el mundo del Jazz Contemporáneo hay tres guitarristas que surgieron de la misma escuela y tuvieron al mismo profesor, pero que cada uno ha desarrollado su propia personalidad totalmente diferenciada y propia: por un lado PAT METHENY, que es más una estrella del Rock que otra cosa, últimamente muy inquieto con su nuevo grupo Unity. Por otro lado BILL FRISELL, el raro, el señor de los experimentos y de los sonidos exóticos. Finalmente JOHN SCOFIELD, con la cara-cruz de haber pasado por las manos de MILES DAVIS y teniendo en su carrera altibajos, pero siempre con un sonido muy característico. De este último toca hablar. Después de una trayectoria abultada, con colaboraciones y discos de todo tipo, en 1998 JOHN SCOFIELD lanzó “A Go-Go” del que ya he hablado alguna vez, con un trío aún por explotar que se estaba poniendo de moda, MEDESKI, MARTIN & WOOD, heredero de Booker T. & the M.G.'s, reutilizando la suciedad del Funk con el lenguaje del Jazz. El resultado fue fresco y divertido, lleno de Groove que se contagia. Poco después repetiría SCOFIELD la fórmula aunque con formación cambiante y ampliada en “Bump” y finalmente la trilogía se cerró en 2002 con un disco “Überjam” que era la síntesis de lo buscado: improvisación, crossover y Groove Funky, todo en uno.

Después de aquel disco JOHN SCOFIELD volvió a reinventarse y divagó entre el Blues, el Gospel, la música orquestal y el intimismo, hasta el año pasado, que el cuerpo le volvió a pedir diversión y anunció “Überjam Deux”, algo más de diez años después del primero. De los originales presentes en “Überjam” repiten el guitarrista y otras muchas cosas más, Avi Bortnick, el bajista Andy Hess y el batería Adam Deitch, además de Medeski en la mitad de los cortes y algunas otras colaboraciones. Y en cuanto a la idea era la misma: coger el Soul y el Funky como base, llenarlo de improvisaciones guitarreras y aprovechar el talento con los aparatitos y los efectos de Medeski y Bortnick para que el resultado sea sorprendente. Eso sí, se nota que SCOFIELD entre medias había vuelto a colaborar con MEDESKI, MARTIN & WOOD y que sus ideas estaban mucho más asentadas, porque el resultado es más completo y está mejor compactado que en “Überjam”, donde algunas ideas divagaban en exceso. Aquí no, aquí no parece que sobre ni que falte nada y Bortnick especialmente aporta la inventiva que MEDESKI hizo en su momento en “A Go-Go”.

El disco se abre con “Camelus”, de una forma muy inquietante, con elementos de percusión electrónica, que pronto se tornan en puro Funky groovie y adictivo. Igual que lo es “Boogie Stupid”, que recuerda mucho a “A Go-Go”, en un tono más Blues. En el terreno de la excitación improvisatoria, “Endless Summer” es un mano a mano entre Bortnick y Scofield, con líneas melódicas muy atractivas y un ritmo constante, machacón y pegadizo que no se termina de ir, y “Cracked Ice” desde un punto de vista más Jazz-Funk, hará que no paremos de mover los pies gracias a la batería y a los acordes rítmicos de Bortnick. “Al Green Song”, como el título reza, es puro Jazz Soul, con una ambientación muy conseguida de los teclados de Medeski, “Dub Dub”, por su parte, es un guiño al Reggae, y la balada “Curtis Knew” es pura alma, con una guitarra de SCOFIELD que canta más que toca. En el plano de las experimentaciones tenemos “Torero”, con un leve aire aflamencado y mucho efecto de la mano de Medeski y del propio Bortnick y “Snake Dance”, uno de los temas más largos, se deja llevar por efectos en las guitarras y percusiones de lo más variadas.

El resultado, insisto, está mucho más centrado que “Überjam”, pero al mismo tiempo sigue teniendo el puntito aventurero y sorprendente de aquel, menos cuadriculado que “A Go-Go” y más suelto que “Bump”. Aquello de que segundas partes nunca fueron buenas no se cumple en “Überjam Deux”, que es una versión mejorada de la idea que dio a luz aquel trabajo hace más de diez años (¡cómo pasa el tiempo!). ¿Qué deparará el futuro a JOHN SCOFIELD? Veremos, quieto no se va a quedar.