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martes, 22 de julio de 2014

MY DYING BRIDE - "The Vaulted Shadows": Un dos por uno imprescindible


Mi relación con MY DYING BRIDE ha sido “complicada”. Los descubrí con “Songs Of Darkness, Words Of Light” y navegué hacia atrás hasta darme de bruces con un glorioso “Turn Loose the Swans” cuyos violines y contrapuntos me trasladaban a otra dimensión. Al mismo tiempo que completaba su discografía pretérita, con mayores o menores hitos en la misma (“Like Gods Of The Sun” era otra historia, que también estaba bien, pero con posterioridad juguetearon como ANATHEMA con audiencias y sonidos que no les hacían justicia), me dedicaba a seguirles la pista actual, pero me di cuenta de que con “For Lies I Sire” había perdido el interés por la banda. Me sonaba aburrida y me faltaba una emoción que, no digo ya con sus primeros trabajos, sino con el propio “Songs Of Darkness, Words Of Light”, brotaba por todas partes. Fue entonces cuando empujado por buenas críticas escuché el EP “The Barghest o' Whitby” y me asombré de, en un solo tema de casi media hora, lograr otra vez esa emoción que me faltaba. “The Manuscript”, el siguiente en la lista después de un álbum completo que aún no he escuchado “A Map of All Our Failures”, y que también ponen muy bien, era otro EP con muy buena acogida, y antes de que me pusiera con él, Peaceville recoge, como ya hiciera en el pasado con “Trinity” (en aquella ocasión con tres EPs), estos dos últimos mini trabajos en uno solo.

“The Vaulted Shadows” es eso, “The Barghest o' Whitby” y “The Manuscript” en un solo CD. Y la decisión no ha podido ser más acertada. A falta de escuchar “A Map of All Our Failures”, la banda vuelve a estar en plena forma. Con guitarras que combinan melodía funeraria con crudeza, ritmos pesados y cadenciosos que descienden al infierno y ascienden a los cielos, contagiados por el sinfonismo de un violín quejumbroso y bello y la voz de Aaron, contrapunto esquizofrénico capaz del gruñido más visceral, y el lamento más envolvente, en el mismo fraseo. Empezando por “The Barghest o' Whitby”, este corte contiene alguno de los mejores pasajes de la banda de Doom-Death pionera de Inglaterra junto a ANATHEMA y PARADISE LOST. Aunque formalmente es un solo tema, se divide claramente en cuatro movimientos, que alternan crudeza, melodía, dinamismo y belleza. La primera parte inquieta, la segunda parte relajada, la tercera parte “precedida de un silencio”, funeraria y la cuarta y última parte sangrienta y rota, desesperada y salvaje, martilleante y dolorida. En conjunto, absolutamente mágica: digna de tan oscura portada y apabullante y mórbido sonido.

Pero lo mejor está por llegar en “The Manuscript”. Otra vez en casi media hora y cuatro partes, MY DYING BRIDE recupera su personalidad, pero con composiciones independientes, siendo particularmente “Vår gud över er” envolvente y pegajosa, con un sonido de guitarras profundo y limpio al mismo tiempo, menos crudo que en el EP precedente. Una producción más limpia, más ambiental y completa, donde el violín adquiere protagonismo en la propia “The Manuscript” y “A Pale Shroud of Longing”, tan deliciosa como triste en sonoridades, y un final lánguido y decadente, auténticamente Doom, cargado de oscuridad y letanía, que aleja el infierno y acerca la paz del subsuelo a nuestros cuerpos, del encuentro con uno mismo y el entorno, con las lágrimas y la alegría en un solo instante. La emoción que faltaba en trabajos previos, se recupera y se lleva un paso más allá, madurando una propuesta que ya debería estar lo suficientemente madura después de todo el tiempo pasado, casi un cuarto de siglo, desde que MY DYING BRIDE se casó con nuestras almas.

Si “A Map Of All Our Failures” es tan bueno como dicen y al situarse cronológicamente en medio de estos dos EPs, debe serlo, MY DYING BRIDE habrá recuperado su esencia, habrá conseguido otra vez aunar personalidad y emoción en un solo producto. Pocos grupos pueden presumir de esto, y a MY DYING BRIDE le ha costado un ir y venir de pasos intermedios, pero la espera ha merecido la pena. Nunca fue divorcio, sólo una separación temporal, pero el reencuentro, como siempre, es lo mejor.



miércoles, 16 de julio de 2014

BLACK SABBATH - "Dehumanizer": Reencontrándose viejos amigos.


Corría el año 1992 y BLACK SABBATH estaba inmerso en plena evolución de su “tercera” encarnación. Superada la deriva sin cantante ni formación estable de “Born Again” y “The Seventh Star”, “The Eternal Idol” trajo consigo a Tony Martin, el cantante menos famoso de BLACK SABBATH y el que más tuvo que arrastrar la cruz de las comparaciones, a pesar de sus buenas dotes vocales y de la personalidad que imprimía al grupo. “The Eternal Idol”, “Headless Cross” y “Tyr” marcaban una línea menos densa y oscura que el pasado de BLACK SABBATH y también fue su época de menor éxito comercial. Por esta razón, Tony Iommi pensó que tenía que volver a dar un pelotazo o corría peligro de desaparecer en el anonimato lo que tanto le había costado mantener desde 1969. Y qué mejor manera que con una reunión. Con Ozzy no podía ser, él estaba a otras cosas y no se habían retomado las relaciones. Así que se decidió por DIO y la segunda gran formación de BLACK SABBATH (y para mi gusto personal, y lo siento si los puristas me tiran los trastos, la mejor de todas).

“Dehumanizer” es una continuación de “Heaven And Hell” y “Mob Rules”, los discos que, superados los devaneos psicodélicos, marcaron la diferencia en el sonido Heavy Doom y que sirvieron de referencia a todas las bandas del género. Con un sonido más pulcro y eléctrico (especialmente la batería de APPICE), pero oscuridad por todas partes y una de las mejores interpretaciones de DIO, rasgando su voz y dotándola de una teatralidad inusitada. Hasta el miembro en la sombra de BLACK SABBATH, es decir, Geoff Nicholls, aporta interesantes detalles (no hay más que escuchar “Letters From Earth”) con sus teclados que añaden un aura eléctrica y oscura a la música, algo que culmina con la propia portada del disco, que refleja esta dicotomía de elementos. El resultado es uno de los trabajos más excitantes de la historia de BLACK SABBATH, por mucho que fuera una jugada para Tony Martin, que aún era el cantante en nómina de la formación. Además, para mi caso personal, el disco está encumbrado en mis altares por ser mi primer disco Heavy como tal. Ahí es nada, historias de abuelo cebolleta.

El disco comienza haciendo gala de los dos elementos de los que no me cansaré de hablar: oscuridad y electricidad sonora. “Computer God” goza de una de las interpretaciones más teatrales de DIO y sobre todo de Geezer Butler, el mejor bajista del Heavy para mi gusto, y sin ser el típico medio tiempo Doomy de BLACK SABBATH, sabe combinar la energía con la cadencia lenta y pesada. Esta segunda faceta tiene mejor reflejo en “After All (The Dead)”, uno de los cortes más Doom junto a “Letter From Earth”, esta última algo más pegadiza y acelerada en su puente y menos agraciada para las dotes vocales de DIO. El single fue “Tv Crimes”, que sin embargo es el tema menos representativo por ser el más cañero de todo el trabajo, habiendo sido mejor para reflejar lo que es el disco “Master Of Insanity”. Este corte es de lo mejorcito del trabajo e incluso diría de la historia de BLACK SABBATH: comienza con toques de teclados ambientales, una introducción de Butler que eriza la piel y un riff que deja incertidumbre sobre si estaremos ante un corte a medio tiempo o veloz. Pues bien, ni lo uno, ni lo otro, lo que es seguro es que se queda grabado a la primera, por las guitarras y por los ritmos de Appice. Y nuevamente DIO está soberbio, llevando al extremo sus cuerdas vocales.

Ya pasado el ecuador, “Time Machine”, regresa por los fueros de “Tv Crimes”, con un corte energético y Heavy, algo más contenido que el anterior, menos oscuro, pero igual de excitante, además de que DIO recuerda mucho a su tonalidad en “Neon Knights”. La pesadez se retoma en “Sins Of The Father”, aunque de una manera algo diferente a los otros cortes en esta línea del trabajo, menos oscura, con un DIO más melódico, favorecido por unas guitarras más claras y livianas. Pero atención a los dos cortes que restan porque no son desechos ni mucho menos. De hecho “Dehumanizer” goza de tener una labor de composición redonda en su conjunto, sin que exista relleno aparente. “I”, es gloriosa por DIO y por los riffs de IOMMI. Con una estructura muy Heavy y potente, el estribillo es elevado a la enésima potencia gracias a la agresividad de DIO y se quedará grabado como un himno. Pero ojo con “Buried Alive”: un corte de estructura algo diferente, con unos riffs más modernos y un Appice increíble, haciendo síncopas y roturas de ritmo. Ambas composiciones ponen el broche a “Dehumanizer” y te piden volver a escuchar el disco una y otra vez.

Se le puede achacar a IOMMI el haber faltado el respeto a Tony Martin por abordar esta reunión sin que el vocalista dejara de ser miembro de la banda. Pero está claro que “Dehumanizer” era un trabajo necesario, para DIO y para BLACK SABBATH, les devolvió al estrellato y a posteriori la relación con Martin continuó, si bien con dos discos bastante prescindibles, “Cross Purposes” (que dentro de lo que cabe es notable) y sobre todo “Forbidden” (que decepciona). Fue en ese momento cuando otra reunión volvió a gestarse, la original, con OZZY OSBOURNE, ya con Martin fuera de la banda y BLACK SABBATH en un estatus de sostenimiento pero sin novedades (hasta las nuevas reuniones de “Heaven And Hell” por un lado y “13” por otro). “Dehumanizer” quedará como uno de los discos de BLACK SABBATH más importantes, no tanto por peso histórico, como por sentimiento y energía en él expresados y por ser el reencuentro fructífero de viejos amigos haciendo lo que mejor saben: Heavy Metal.

Vídeo para "Tv Crimes": http://youtu.be/KdWnr_zxvnM

Vídeo para "I": http://youtu.be/LCMTx0TDSO4

Versión en directo de “Computer God” por HEAVEN AND HELL: http://youtu.be/j9syt-i5ju0

miércoles, 2 de julio de 2014

RICHIE HAWTIN PLASTIKMAN – “Ex”: Abstracción de la realidad.


Después de nueve años sin grabar nada, Richie Hawtin o lo que es lo mismo, PLASTIKMAN edita “Ex”, un disco grabado en directo en el Guggenheim de NYC y que es esencia pura de Música Electrónica minimalista y ambiental. Lejos de la repetición y las idas y venidas de momentos de tensión pegadiza que otros artistas Techno utilizan, PLASTIKMAN sigue un hilo narrativo. Relajo y esparcimiento, al mismo tiempo que dramatismo e intensidad sonora para que no tengamos la sensación de producto pasajero ni elemento de fondo. Todo ello desarrollado en tiempo real, a partir de esquemas preconcebidos pero dejando fluir la música según las sensaciones del artista y su audiencia. Una lección para aquellos que piensen que la música electrónica no da juego en directo si no es por su parafernalia y anexos visuales, que aunque puede ayudar para llevar un punto más allá su efectismo, no deberían ser sus únicos cimientos.

El resultado en "Ex" es abstrayente. Un disco de electrónica no bailable, envolvente y sinuosa que va atrapando hasta que a uno le resulta difícil salir de ahí. Siete divisiones formales pero un único contexto, cada corte no es más que un cambio de elemento y trasfondo musical que le sirve de excusa a Hawtin para progresar en una idea, en un momento o en una dirección a veces más intensa, otras más liviana, siempre ensimismante. Según pasan los minutos nuestros cuerpos entran en un trance y aislamientos inauditos, sin necesidad. El artista consigue llegar dentro y crear texturas y paisajes de soledad y hermetismo para con el resto del mundo. No es música ambiental en sentido estricto, como puede serlo THE FUTURE SOUND OF LONDON. PLASTIKMAN sigue sendas más propias de otras formaciones como BOARDS OF CANADA, donde la parquedad de elementos es la motivación de las composiciones y con lo que puede parecer desolador o desértico, se consiguen auténticos oasis coloristas.

Partiendo de la tradición electrónica más sesuda y minimalista (el propio Hawtin cita como influencias a Steve Reich y Philip Glass), “Ex” es tan enigmático como su propio diseño: la sobriedad visual, se traslada al terreno sonoro, con elegancia y paso altivo, aunque también con momentos de intensidad sorprendente (especialmente “Extrude” y “Expire”) y de psicodelia pink floydiana (“Extend” sería un ejemplo). El viaje se sigue solo, pero requiere atención y mimo. No estamos ante un trabajo inmediato, no se busca el exceso y el impacto, todo debe tomarse a sorbos y dejándose llevar por el oleaje musical de Hawtin, un oleaje donde los decibelios no son el ingrediente, sino más bien un conjunto de cápsulas de sonidos que nos trasladan como en un agujero de gusano por el espacio exterior.

En el mundo de la Electrónica hay artistas creadores, intérpretes y re-creadores. PLASTIKMAN es lo primero y lo segundo, pero no lo tercero. Aquí no hay samplers, no hay remezclas, no hay dubbing, todo es original y creativo: sale directamente de la cabeza de Hawtin según su pulso sanguíneo va fluyendo. “Ex” es “Excelso”, un trabajo para desconectar y no atender a otra cosa durante casi una hora…

(Se puede escuchar el disco completo, colgado por el propio artista, en su página web: http://www.youtube.com/watch?v=fDBcxEMHNMs)

miércoles, 25 de junio de 2014

OVERKILL - "From The Underground And Below": Una buena forma de mantenerse


OVERKILL es una de mis bandas predilectas. Además los descubrí con los discos que no forman parte de su primera etapa, luego no me contaminé por ese espíritu purista que nos invade a algunos cuando un grupo varía en exceso su trayectoria. Sin embargo, con OVERKILL yo creo que tal circunstancia no habría sucedido. Me explico: la mayoría de los grupos de Thrash de los ochenta que trataron de sobrevivir más allá de 1991 o se Metallicarizaron o se Panterizaron o se Sepultaron. El género, en su concepción original, no dio más de sí comercialmente hablando y las bandas tuvieron que evolucionar si querían seguir vendiendo discos. El problema fue cómo hacer esta evolución. Para mi gusto OVERKILL y también se haría extensible a ANTHRAX, fueron los que pasaron la década con mejor nota, hasta que el resurgir de todo hizo que volviera a ponerse de moda el sonido y la forma de ser ochentera.

Y digo que aunque descubrí a OVERKILL en su segunda etapa, no habría habido mucho salto con respecto a la primera, porque si escuchas los trabajos que hay con posterioridad a “Horrorscope” y hasta “Bloodletting”, y aunque ya no escuches los asaltos de velocidad y sonido afilado de los ochenta, te encuentras ante una banda que aprovecha lo mejor del Groove y el sonido Post-Thrash a lo PANTERA: el medio tiempo y la contundencia, unido a un sonido muy visceral y la siempre peculiar voz de Bobby "Blitz" Ellsworth (la columna vertebral de OVERKILL junto a D.D. Verni desde sus inicios). Y aunque todo el mundo se quede con “Necroshine” de esta etapa, yo voy a tomar como referencia el que me parece el disco con un comienzo más descomunal que conozco: “From The Underground And Below”, porque escuchar el doble bombo y la batería ametralladora de Tim Mallare en “It Lives” y no volverse loco es no tener sangre en las venas.

Tal y como he descrito, y como sería habitual en los noventa para OVERKILL, las composiciones de “From The Underground And Below” se basan sobre todo en el medio tiempo y en la contundencia de las guitarras y los ritmos, con estructuras muy compactas y poco espacio para los solos. Hay excepciones, como la bestialidad de “Genocya”, y también en el otro sentido, el experimental y el oscuro (por lo menos en su introducción) como ocurre en el siguiente corte “Half Past Dead”, donde D.D. Verni dejaba entrever sus querencias tenebristas (que en el nuevo milenio, con OVERKILL ya volviendo a terrenos más puristas, dejaría libres en su proyecto paralelo, THE BRONX CASKET CO.). Pero en general se puede decir que “From The Underground And Below” es un trabajo muy completo y bien encajado, que sabe aprovechar bien los ingredientes de las tendencias de los noventa y seguir manteniendo la personalidad. Esa es la clave de OVERKILL para mi gusto.

Tras “Killbox 13”, OVERKILL se reinventó y volvió a ofrecer una imagen Thrasher de sí mismo (con algún bajón en mi opinión, como “Immortalis”, al que le falta algo de inspiración, y con momentos cumbre como “Ironbound”, uno de los mejores trabajos del grupo y del estado actual del género), pero su “transición” por los noventa no fue ni es para nada olvidable. La virtud está en la evolución con sentido y conocimiento de las propias señas de identidad y ahí OVERKILL fueron maestros, siendo “From The Underground And Below” buena muestra de ello. Una buena forma de mantenerse sin dejar de ser uno mismo.



martes, 24 de junio de 2014

REDRUM - "Power Corrupts": Resurgiendo del subsuelo


Un sólo disco y casi veinte años de silencio. ¿Alguien conocía a REDRUM antes de que se reeditara este disco? Seguramente los miembros de la vieja guardia del Thrash los conozcan, aunque sólo sea de pasada, pues “Power Corrupts” salió cuando ya empezaba la popularidad del género a caer en favor de otras corrientes. En cualquier caso, uno se alegra de que, gracias al afán completista y revisionista de nuestros días, se saquen del subsuelo discos que en su momento pasaron desapercibidos o que no pasaron la prueba del tiempo, pero que no merecen caer en el olvido.

“Power Corrupts” salió en 1989 con una portada mucho menos llamativa que la de esta reedición que tengo en mis manos. Simplemente el logo en rojo sobre fondo negro, al más puro estilo demo, pero unos puntos por debajo del resto de lanzamientos en la época en que salió el disco, ya que dada la saturación que vivía el género, cualquier extra que sirviera para diferenciarse aseguraba ventas, y con la portada original de “Power Corrupts” no creo que se consiguiera. Según he leído, además, el sonido era un poco menos pulcro, de tal manera que la mezcla final perdía gran parte de cuerpo debido a un bajo que apenas se percibía y a unas guitarras demasiado filtradas. Nuevamente, el paso del tiempo y las nuevas tecnologías han permitido dar un lavado de cara al debut de REDRUM, y ahora el bajo es un elemento omnipresente y la producción es amplia de espectro, pero sin perder el sabor ochentero (sobre todo en la batería).

El resultado es que la versión de “Power Corrupts” que ahora se nos presenta es mucho más llamativa que la original, pero a la vez no ha perdido su esencia, pudiendo competir de tú a tú, con reediciones paralelas por el estilo de VIO-LENCE, ATROPHY o AGENT STEEL. Y digo estas tres bandas porque, sobre todo las dos primeras, son los puntos de referencia para REDRUM. Puede que resulte todo demasiado genérico y predecible. Puede que no fueran ni los más técnicos, ni los más rápidos, ni los más rítmicos. Puede, y seguramente así sea, que “Power Corrupts” fuera en su momento un lanzamiento menor. No obstante, y pese a todo lo indicado, cualquier aficionado al Thrash americano de los ochenta que quiera ampliar su discografía con más grupos además de los de siempre, tendrá en “Power Corrupts” un referente a tener en cuenta.

Lo que más me ha gustado, sin duda, dejando a un lado la voz, que no me termina de convencer en los momentos en que se vuelve aguda y trata de emular el Speed Metal, es la notable composición. Sin llegar a superponer riffs enrevesados, los temas de REDRUM tienen gancho y a la vez variedad. Por eso el paralelismo con VIO-LENCE, porque, salvando las distancias, las raíces de las que parten ambos grupos son similares: estructuras sencillas y arquetípicas, pero con variedad y gancho, cogiendo lo mejor de las dos influencias que dieron nacimiento al Thrash: el Heavy y el Hardcore. Y aunque REDRUM tiene un gusto predominante por medios tiempos como “Evil´s End”, “Power Corrupts””o “P.T.L.”, muy rockera esta última, también saben dotar de dinamismo al trabajo con algún tema más veloz para dejarse llevar, como “M.I.A”, donde resalta una interesante línea de bajo, o el que es mi preferido, “Frontline”, con unos riffs que se quedan pegados a la primera.

Lo dicho. No fueron una revolución, y su falta de continuidad discográfica lo demuestra, pero en medio de tanta búsqueda subterránea de tesoros escondidos en las fonotecas más polvorientas, “Power Corrupts””tiene cosas que ofrecer. Además en esta reedición han incluido temas grabados en directo en el 87 y en el 85, para terminar de forjarse una idea de lo que pudo dar de sí el grupo.


(Crítica publicada también en: http://www.xtreemmusic.com)


CARCASS - "Symphonies Of Sickness": El culto a la descomposición


Si hay dos bandas influyentes en el mundo del Grind europeo (en el americano lo sería REPULSION), esas serían CARCASS y NAPALM DEATH. Los segundos se autoproclamaron los padres del Grindcore, pero los primeros fueron los que mayor influencia de sonido y temática tuvieron en un gran número de bandas, además de reconvertirse y ser también punto de partida de otro género, el Death Metal Melódico. Pero vayamos por partes, y no haré el chiste, aunque con este grupo vendría al pelo: CARCASS se formó entre Jeff Walker (activista de izquierdas presente en bandas como los ELECTRO HIPPIES), Bill Steer (que formaba parte de los también citados NAPALM DEATH) y Ken Owen. Los tres, amantes de las cirugías y los términos médicos, decidieron crear una banda de sonido putrefacto y cacofónico que tanto en imagen como en letras fuera un culto a la descomposición. “Reek Of Putrefaction” fue el punto de partida y desde el momento en que empieza con “Genital Grinder” uno se da cuenta de que esta banda era distinta: una amalgama de riffs afinados en el subsuelo, unos ritmos atropellados y unas voces que parecen sacadas de las mismísimas entrañas…

La banda no dejó indiferente a nadie: los que los degradaron a la altura de broma de mal gusto (el “mal” sonido del debut no les hizo ganar muchos adeptos), a los que los encumbraron como lo mejor que había salido en años. El propio John Peel, cómo no, atento siempre a lo que salía de sus alrededores, les dio una oportunidad y fue el momento en que el trío inglés decidió un año después de la putrefacción inicial, sacar su obra culminante en cuanto a “Goregrind” sucio y pastoso se refiere, “Symphines Of Sickness”. En este trabajo hubo cambios importantes, que incluso les ganó detractores que en un primer momento les alabaron: el sonido mejora, aunque las guitarras siguen siendo pastosas y afinadas en los bajos fondos. Los temas se alargan, ya no se quedan en el minuto y pico sino que se amplían las estructuras y se enriquecen los ritmos. Finalmente, las voces de rana en mazmorra aumentan sus registros a otros más agresivos y limpios que serían anticipo de lo que vendría después.

La sinfonía enfermiza que constituye este trabajo es un constante vaivén entre partes groovies, ataques de blast-beats y solos disonantes, que a diferencia de en su primer disco, donde se conseguía un sonido de conjunto formado por la suma de muchas partes como si de un collage se tratase (collage digno de las portadas de estos dos discos, llenos de desmembraciones e imágenes de autopsias), se conformaba por composiciones con entidad propia. Los himnos serían “Reek Of Putrefaction”, uno de los más pastosos y sangrientos, el enorme “Exhume To Consume” o el rítmico (y anticipo de la melodía de años más tarde) “Empathological Necroticism” con el que se cerraba la primera cara del disco. Ya en la segunda mitad, “Embryonic Necropsy And Devourment”, mantiene ese tono rítmico adictivo con cierta melodía, pero se volverá al sonido pastoso y putrefacto en “Crepitating Bowel Erosion”, con un desvanecido final que es puramente necrótico. Estaba claro que CARCASS evolucionaba, como lo hizo en toda su carrera (no tienen dos discos iguales) y aunque se podría considerar una transición entre el debut y “Necroticism - Descanting The Insalubrious” (tercer disco y para muchos el mejor), en mi opinión “Symphonies Of Sickness” es la mejor versión de esta primera fase auténticamente Goregrind y sus posteriores trabajos, ya con Michael Amott como segundo guitarra, eran “otra cosa”.

“Symphonies Of Sickness” no es un disco para todos los públicos. En general el Grind es un género muy concreto y dirigido a un público muy particular, un público y un género que no existirían sin grupos como CARCASS, a los que el 90% de las bandas Goregrind posteriores le deben su existencia. Pero lo uno no quita lo otro, y seas fanático de estos sonidos, como es mi caso, o seas simplemente un curioso oyente, el peso específico e histórico de CARCASS es digno de mención. Unos pioneros. Unos maestros. Una obra única e imprescindible.



viernes, 20 de junio de 2014

HERBIE HANCOCK HEAD HUNTERS: "Head Hunters": Un pelotazo comercial con mucha miga


Desde que entre 1968 y 1969, Frank Zappa en el Rock y Miles Davis en el Jazz, decidieran entrecruzar ambos géneros, la historia de la música no sería ya la misma. Por un lado surgirían una pléyade de conjuntos sinfónicos y eminentemente instrumentales, por el otro un conjunto de músicos que añadirían a sus instrumentaciones elementos eléctricos y estructuras propias de la música más popular de la citada década. La confluencia hizo que muchos músicos estuviesen pluriempleados y que festivales de Rock ofrecieran Jazz y viceversa. Por esta razón, músicos que de una u otra manera habían formado parte de la evolución del Jazz y del Rock de los sesenta, y particularmente los que bebieron directamente de Zappa o de Miles al estar presentes en sus formaciones, se apresuraron a sacar su pelotazo particular. Ese fue el caso de HERBIE HANCOCK que ya lo llevaba intentando un tiempo con su formación “Sextant” y que lo consiguió con “Head Hunters”, llegando a superar en cuanto a ventas se refiere a su propio mentor.

La formación de HEAD HUNTERS presente en su homónimo debut de 1973 con Hancock entre sus filas, incluía a otro ex Miles, BENNIE MAUPIN con saxos, clarinetes y demás, al percusionista BILL SUMMERS, al bajista PAUL JACKSON Jr. y al gran HARVEY MASON (que luego fundaría FOURPLAY ya en plena fiebre Smooth ochentera). Hancock quería lograr un disco de fusión con raíz muy Funk, más afroamericano, sin la efectividad de las guitarras eléctricas, alejándose así del resto de grupos de fusión post Miles y del propio Miles. Por esta razón las composiciones de “Head Hunters” giran en torno a la síncopa y el pulso saltarín de Mason y Jackson, dejando a Maupin y el propio Hancock, detrás de los solos, el primero de forma mucho más brillante que en su periplo con Miles, no exento de dosis de efusividad post-coltraneana, y el segundo rodeándose de una constelación de teclados y pedaleras, como si de un Zawinul se tratase.

El resultado son cuatro composiciones: tres compuestas para la ocasión, largas y pegadizas (la última “Vein Melter”, más relajada y atmosférica), y una revisión del “Watermelon Man” compuesto por Hancock en los sesenta y recuperada y reconvertida para la ocasión. Dicho así no parece un disco muy comercial, sino fuera porque Hancock estuvo tocado por la varita mágica al componer el corte de apertura, el más largo, “Chameleon”, compartiendo créditos con sus compañeros, que durante quince minutos sintetiza a la perfección lo que es “Head Hunters”: Funk y Jazz electrificados, pegadizos y con mucho Groove, algo que se repite con posterioridad en el primer tema de la cara b, “Sly”, en honor obviamente de SLY & THE FAMILY STONE, con unas formas algo más libres en lo que a improvisación se refiere. Con estos elementos el disco subió como la espuma y logró ser un hito creativo y comercial en la carrera de Hancock, marcándole en sus posteriores años.

Y es que, efectivamente, la formación de “Head Hunters” dio para más, con pequeños cambios, llegando hasta finales de los setenta, cuando Herbie Hancock decidió cambiar de tercio. Incluso los propio HEADHUNTERS sin Hancock (aunque bajo su batuta productora), tuvieron vida propia hasta bien recientemente (en 1998 editaron una “vuelta” en la que Hancock aparecía como invitado, sin tampoco mucho que aportar, pero por lo menos entretenido). Pero todo era ya anecdótico, 1973 fue el antes y el después y “Head Hunters” uno de los discos esenciales en el devenir histórico del Jazz, purismos a un lado.