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domingo, 17 de agosto de 2014

ALKALINOS - "Esto No Es Amor, Es Rock n' Roll": La frescura de lo clásico


A veces nos olvidamos de lo esencial: el pasarlo bien sin más. Esta máxima es aplicable a cualquier aspecto de la vida, pero en particular la utilizo aquí pensando en la música. Las etiquetas se van multiplicando una detrás de otra y al final no sabemos ya ni qué escuchamos. Por eso da gusto encontrarse con un grupo como ALKALINOS. ¿Por qué? Porque lo suyo, efectivamente, no es amor, es Rock ‘n’ Roll. Es diversión, frescura y sencillez, no exento de ideas, más bien al contrario: es un auténtico manifiesto de cómo con lo básico en instrumentación y composición se pueden hacer grandes cosas, y no son unos AC-DC de la vida, no, van mucho más allá, incluso uno puede adivinar ciertas dosis progresivo setenteras en su música, pero al final todo se define de una manera muy simple: Rock, sin más y del bueno, del que te hace mover los pies como dicen en el tema de apertura que da título a este segundo disco de ALKALINOS, “Esto no es amor, es Rock ‘n’ Roll”. Rock tan excitante como directo y sin tapujos.

El trío de la zona de Béjar y Puerto de Béjar en Salamanca, formado por Juanma en el bajo y la voz, Keko en la guitarra y Edu en la batería saca con “Esto no es amor, es Rock ‘n’ Roll” su segundo trabajo después de “El Traje” que supuso su debut. Y los principios son los mismos pero mejorados: en producción, en centrar las ideas y sobre todo en dominio de sus propios instrumentos, especialmente las guitarras, generando un disco mucho más intenso, completo y con composiciones más desarrolladas, que sin perder ni un gramo de frescura ni inmediatez, ganan en su ejecución, mucho más variada y abierta. Sirva de ejemplo uno de los temas más Heavys, “No Llores Rock ‘n’ Roll” que está a medio camino entre TOPO, BARÓN ROJO y LOS SUAVES, dejando el lado más urbano de LEÑO y sus derivados en un segundo plano. Algún ramalazo Reggae y Ska que tenían en “El Traje” se ha perdido en el camino, centrando los cortes en un Rock mucho más directo y efectivo, pero no por ello estamos hablando de un trabajo corto de miras, todo lo contrario. Las letras de Juanma, centradas en el día a día de los músicos, en la propia alabanza del Rock y en las incertidumbres y problemas típicos de cualquier persona que va madurando y cambia su vida, tienen un colchón musical muy amplio rítmicamente hablando (Edu tiene mucha inventiva en sus acompañamientos) como sobre todo en el apartado solista.

Y es que, sin desmerecer la labor de Edu y Juanma (y el segundo tiene un gran dominio del bajo, no centrado en el mero acompañamiento una octava por debajo de las guitarras), brilla con luz propia Keko, con influencias que van desde el Rock urbano, el Rock setentero, el Blues y hasta el Jazz (a veces recuerda a FITO Y FITIPALDIS / PLATERO Y TÚ en este sentido, llenando la frescura de su base con la riqueza de JOHN MAYALL, GEORGE THOROGOOD o JJ CALE). “A fuego”, “Bang” o “Sigo Vivo” serían ejemplos de lucimiento para este gran músico, que se encuentra perfectamente acompañado por el resto de integrantes de ALKALINOS. El ámbito algo más relajado y sentimental lo podemos encontrar en “Monstruos” un corte más melódico y con cierto aire melancólico, mientras que el más radiofónico, sin quitar que cualquiera de los cortes dicho es potencialmente un single, lo tenemos en “Bye, Bye”, un corte que puede funcionar muy bien como cierre en sus conciertos para ser coreado por el público y porque se queda fácilmente pegado. Igual que “Todo Irá Bien”, directo y sin complejos, puro Rock “de antaño”, que es puro LEÑO para mi gusto, con un gran solo muy bluesy por parte de Keko. En general el disco al completo está muy bien encajado, no hay espacio para el aburrimiento ni para el relleno, y no es un tópico, es una sensación real.

Si con el nombre del grupo quieren dar energía a sus oyentes como si de pilas fueran, ALKALINOS lo ha conseguido con su segundo trabajo, “Esto no es amor, es Rock ‘n’ Roll”. Con una producción honesta y de puro directo, un puñado de composiciones sin complejos y que son el A-B-C del Rock y la vitalidad de tres músicos a los que les gusta lo que hacen, tenemos un disco que es seña de identidad de un grupo a tener muy en cuenta. Desde Béjar para el mundo ¡ALKALINOS!

"No Llores Rock 'n' Roll": http://youtu.be/KirQJQYqFJY





viernes, 8 de agosto de 2014

BILL EVANS - "The Alternative Man": La energía de la juventud



Para muchos BILL EVANS es un usurpador… Él no tiene la culpa, pero llamarse igual que un pianista de Jazz tan mítico te hace ganar puntos en las tiendas que tienen los discos organizados alfabéticamente. Sin embargo, que constantemente te pongan entre paréntesis el instrumento que usas para diferenciar, no debe ser algo agradable. Se da por hecho que el otro Bill Evans es el importante, el que todo el mundo sabe quién es y qué toca, y tú necesitas que te pongan el subtítulo… Dejando esta cuestión a un lado, BILL EVANS no se dedicó al piano, y sí al Jazz, pero desde otros ámbitos. Como otros muchos, BILL EVANS surgió de MILES DAVIS en los ochenta. También de la tercera reencarnación de la MAHAVISHNU ORCHESTRA de John McLaughlin… y “The Alternative Man” fue su presentación en sociedad como un buen compositor y mejor improvisador, capaz de aglutinar todos los sonidos de la Fusión de los setenta y los ochenta en un único trabajo, cuya producción envejece regular, como luego comentaré.

Iré por partes: “The Alternative Man” es para mi gusto el mejor trabajo de BILL EVANS, pese a que aún no había explotado como referente Smooth, cosa que haría años más tarde una vez que se dejó de experimentos con el Rap en “Push”, a partir de “Escape” y sobre todo “Starfish & The Moon”, al que le seguiría un “Touch” muy sensiblero y radiofónico, que también tenía un buen nivel. En este debut de 1985, que sería seguido por una serie de discos en directo made in Japan que sirven de muestra de la efusividad improvisatoria de BILL EVANS, el joven saxofonista se deja llevar por todas sus inquietudes, desde la propia portada, que en el vinilo original se desplegaba mostrando a BILL EVANS en una habitación repleta de cosas y en desorden, indicando el propio Bill que era parte de su personalidad. Rock, Reggae, Jazz en sentido estricto, Smooth… todo con composiciones enérgicas, pegadizas y repletas de colaboraciones que aumentan el grado de disfrute del trabajo, y que sirven de vehículo de expresión para un BILL EVANS heredero de Coltrane y Sonny Rollins a partes iguales, con un lenguaje Post-Bop de gran calado técnico, pero sin abandonar la melodía.

Lo peor de “The Alternative Man” es su producción. El disco es puramente ochentero, para bien y para mal. Los instrumentos acústicos suenan bien, pero la mayoría de los cortes se llenan de ritmos enlatados y percusiones sintéticas, o simplemente la batería de Danny Gottlieb está procesada y por tanto suena artificial, envejeciendo regular el disco con el paso de los años. Esto es evidente si comparamos las composiciones de “The Alternative Man” que aparecen en el directo de 1989 “Let The Juice Loose”, donde Dennis Chambers suena potente y los cortes se convierten en temas de eufórico Post-Bop con ambientación y excitación Rock. Por lo demás, “The Alternative Man” es un trabajo redondo, destacando los cortes más excitantes, como el ya citado “Let The Juice Loose” (con Marcus Miller como estrella en el bajo), el propio “The Alternative Man” o “Jojo”, donde el protagonismo improvisatorio se reparte entre Evans y guitarristas como Jeff Golub o Hiram Bullock. Por otro lado destacan los cortes “homenaje” a las bandas donde BILL EVANS se formó como músico: a Miles Davis en un superlativo “Miles Away” junto a Marcus Miller y Al Foster (el único tema totalmente acústico del trabajo) y sobre todo “Flight Of The Falcon”, composición de Evans usada en la MAHAVISHNU ORCHESTRA y que interpreta junto a John McLaughlin de manera soberbia, ganando intensidad por momentos. Y en cuanto al resto, ya sea de forma más tranquila, o manteniendo la excitación, la media se mantiene muy bien.  

Dejando a un lado que “The Alternative Man” es un producto de su época, BILL EVANS dio un buen puñetazo en la mesa con este disco, el único que sacó para Blue Note (que no supo muy bien qué hacer con él) y que, una vez pasada su etapa con Miles y la MAHAVISHNU ORCHESTRA, sirvió para iniciar una carrera en los noventa que aún sigue hoy en día con muy buen resultado. Usurpador o no, BILL EVANS tiene su sitio en el mundo del Jazz Fusión.





martes, 5 de agosto de 2014

JOHN SCOFIELD - "Überjam Deux": Segundas partes nunca fueron buenas, o sí...


Siempre digo que en el mundo del Jazz Contemporáneo hay tres guitarristas que surgieron de la misma escuela y tuvieron al mismo profesor, pero que cada uno ha desarrollado su propia personalidad totalmente diferenciada y propia: por un lado PAT METHENY, que es más una estrella del Rock que otra cosa, últimamente muy inquieto con su nuevo grupo Unity. Por otro lado BILL FRISELL, el raro, el señor de los experimentos y de los sonidos exóticos. Finalmente JOHN SCOFIELD, con la cara-cruz de haber pasado por las manos de MILES DAVIS y teniendo en su carrera altibajos, pero siempre con un sonido muy característico. De este último toca hablar. Después de una trayectoria abultada, con colaboraciones y discos de todo tipo, en 1998 JOHN SCOFIELD lanzó “A Go-Go” del que ya he hablado alguna vez, con un trío aún por explotar que se estaba poniendo de moda, MEDESKI, MARTIN & WOOD, heredero de Booker T. & the M.G.'s, reutilizando la suciedad del Funk con el lenguaje del Jazz. El resultado fue fresco y divertido, lleno de Groove que se contagia. Poco después repetiría SCOFIELD la fórmula aunque con formación cambiante y ampliada en “Bump” y finalmente la trilogía se cerró en 2002 con un disco “Überjam” que era la síntesis de lo buscado: improvisación, crossover y Groove Funky, todo en uno.

Después de aquel disco JOHN SCOFIELD volvió a reinventarse y divagó entre el Blues, el Gospel, la música orquestal y el intimismo, hasta el año pasado, que el cuerpo le volvió a pedir diversión y anunció “Überjam Deux”, algo más de diez años después del primero. De los originales presentes en “Überjam” repiten el guitarrista y otras muchas cosas más, Avi Bortnick, el bajista Andy Hess y el batería Adam Deitch, además de Medeski en la mitad de los cortes y algunas otras colaboraciones. Y en cuanto a la idea era la misma: coger el Soul y el Funky como base, llenarlo de improvisaciones guitarreras y aprovechar el talento con los aparatitos y los efectos de Medeski y Bortnick para que el resultado sea sorprendente. Eso sí, se nota que SCOFIELD entre medias había vuelto a colaborar con MEDESKI, MARTIN & WOOD y que sus ideas estaban mucho más asentadas, porque el resultado es más completo y está mejor compactado que en “Überjam”, donde algunas ideas divagaban en exceso. Aquí no, aquí no parece que sobre ni que falte nada y Bortnick especialmente aporta la inventiva que MEDESKI hizo en su momento en “A Go-Go”.

El disco se abre con “Camelus”, de una forma muy inquietante, con elementos de percusión electrónica, que pronto se tornan en puro Funky groovie y adictivo. Igual que lo es “Boogie Stupid”, que recuerda mucho a “A Go-Go”, en un tono más Blues. En el terreno de la excitación improvisatoria, “Endless Summer” es un mano a mano entre Bortnick y Scofield, con líneas melódicas muy atractivas y un ritmo constante, machacón y pegadizo que no se termina de ir, y “Cracked Ice” desde un punto de vista más Jazz-Funk, hará que no paremos de mover los pies gracias a la batería y a los acordes rítmicos de Bortnick. “Al Green Song”, como el título reza, es puro Jazz Soul, con una ambientación muy conseguida de los teclados de Medeski, “Dub Dub”, por su parte, es un guiño al Reggae, y la balada “Curtis Knew” es pura alma, con una guitarra de SCOFIELD que canta más que toca. En el plano de las experimentaciones tenemos “Torero”, con un leve aire aflamencado y mucho efecto de la mano de Medeski y del propio Bortnick y “Snake Dance”, uno de los temas más largos, se deja llevar por efectos en las guitarras y percusiones de lo más variadas.

El resultado, insisto, está mucho más centrado que “Überjam”, pero al mismo tiempo sigue teniendo el puntito aventurero y sorprendente de aquel, menos cuadriculado que “A Go-Go” y más suelto que “Bump”. Aquello de que segundas partes nunca fueron buenas no se cumple en “Überjam Deux”, que es una versión mejorada de la idea que dio a luz aquel trabajo hace más de diez años (¡cómo pasa el tiempo!). ¿Qué deparará el futuro a JOHN SCOFIELD? Veremos, quieto no se va a quedar.





viernes, 1 de agosto de 2014

JAZZ Y MÚSICA ELECTRÓNICA: Una hermandad no siempre pacífica


Esta entrada del Blog no está dedicada a ningún disco en particular. Tampoco a un estilo o género como tal. Sino más bien a un conjunto de artistas que en mayor o menor medida han experimentado en las fronteras del Jazz en lo que a instrumentación se refiere, dejando a un lado los instrumentos acústicos, o no siendo tan predominantes, y llenando su lenguaje de elementos electrónicos, bien sean samplers, bases rítmicas, efectos o elementos afines. Algunos lo llaman Nu-Jazz, en esta obcecación por ponerle nombre a todo. Otros preferimos simplemente llamarlo Fusión, y así se engloba todo. En cualquier caso hablamos de dos mundos que siempre se han separado por los puristas y que ha dado como resultado trabajos cuanto menos interesantes.

La comunión entre la música electrónica y el Jazz no es extraña: ya MILES DAVIS experimentó con ello y en la fusión de los ochenta, algún que otro músico también utilizó cajas de ritmos y samplers para configurar su universo musical. Sin embargo la principal escuela de estos sonidos viene de Europa, a medio camino entre el Acid Jazz, el Ambient y el Drum ‘n’ Bass. Todos ellos géneros que tienen un desarrollo propio, algunos como el Acid (y sus derivados) partiendo del Jazz como lenguaje libre de base, pero alejándose de los cánones del estilo en su sentido clásico. Sin embargo, desde “el otro lado”, es decir el de los músicos de Jazz, dejando instrumentos “eléctricos” a un lado, siempre se ha mirado con estupor la electrónica prefabricada.

En Escandinavia encontramos varios ejemplos de músicos sin estos complejos. Uno de los pioneros fue JAN GARBAREK, que encontró en BUGGE WESSELTOFT la horma de su zapato y en “Rites” mezcló la electrónica ambiental y el Folk noruego con sus dotes improvisatorias como si siempre hubieran sido hermanos. También tenemos por ahí a un heredero de Miles, NILS PETTER MOLVAER, que siempre ha gustado de remezclas y sonidos enlatados como acompañamiento a sus frías ejecuciones, como ocurre en “Kher”. El propio WESSELTOFT, al mismo tiempo que obras acústicas bajo su nombre, sigue realizando colaboraciones en formato electrónico que rozan el Acid Jazz, como sus dúos con la cantante SIDSEL ENDRESEN y dando una “nueva concepción al Jazz” en solitario. Otro seguidor de Miles y las mezcolanzas de MOLVAER, pero desde el lado francés, ERIK TRUFFAZ le gusta experimentar con pedaleras y ecos varios, manteniendo ritmos muy pegadizos como colchón de fondo, y finalmente, como último ejemplo personal, un grupo algo más ajeno al Jazz, metido en la escena Acid y Trip Hop, como es BEADY BELLE.

Estas mezclas no siempre caen bien, y sino que se lo pregunten a los seguidores de BRAD MEHLDAU con su último y grandísimo trabajo en mi opinión junto a MARK GUILIANA… “Mehliana”. Sin embargo, yo creo que si la música está bien elaborada y el desarrollo de las composiciones lo demanda, como ocurre en estos casos ¡qué más da que sea electrónico o natural! Juzgad vosotros mismos.

JAN GARBAREK y BUGGE WESSELTOFT: Vídeo

NILS PETTER MOLVAER: Vídeo

NILS PETTER MOLVAER (ultimo trabajo): Vídeo

SIDSEL ENDRESEN y BUGGE WESSELTOFT: Vídeo

BUGGE WESSELTOFT NEW CONCEPTION OF JAZZ: Vídeo

ERIK TRUFFAZ: Vídeo

BEADY BELLE: Vídeo

BRAD MEHLDAU & MARK GUILIANA: Vídeo

jueves, 31 de julio de 2014

PARADOX - "Heresy": un valor escondido


Hay clásicos sobre los que te apetece escribir sin más motivos que el hecho de que el disco en cuestión te gusta. Puede que no hayan sido los creadores de nada, ni tan siquiera miembros visibles de una determinada escuela o un sonido concreto. Es más, puede que hablemos de un grupo de tercera o cuarta división en lo que a trascendencia se refiere, pero sin embargo, desde nuestro punto de vista personal, el grupo, su trayectoria o un disco en particular, nos tiene completamente enganchados y no hay manera de quitárnoslo de la cabeza. Trasladando estas reflexiones a mi caso personal, es lo que me sucede con PARADOX, un grupo alemán que vuelve a estar de actualidad en los últimos años con nuevos lanzamientos y que incluso tiene cierto nombre en el terreno más underground, tocando recientemente en nuestro país, pero que en su momento no pasaron de editar dos discos, para mi gusto completísimos, pero sin poder demostrar si podían mantener el nivel más tiempo hasta la edición de su disco de retorno, “Collision Course” ya en el 2000. En cualquier caso con una trascendencia más bien modesta.

¿Cuál es el motivo por el que “Heresy” y su predecesor “Product Of Imagination” llamaron tanto mi atención? Me pondré en situación. Antes de que Metal Mind pusiera de moda el rescatar del subsuelo un gran número de ediciones injustamente olvidadas, sobre todo del fondo de catálogo de Roadrunner, éste que suscribe tuvo un filón bastante bueno para descubrir a grupos antiguos en el sello High Vaultage. Llevando a cabo reediciones bastante decentes, con buenos extras y siempre con la calidad en la elección de las obras a rescatar, adquirí en su momento casi todas las reediciones que encontraba del sello. Y dos de éstas fueron los discos de PARADOX, un grupo totalmente desconocido para mí por aquel entonces. Primeramente escuché “Product Of Imagination”, el debut de 1987 y me sorprendió el hecho de que lo que sonaba era mucho más melódico de lo esperado por mi parte. Siendo alemanes y vendiéndose como Thrash, me los esperaba deudores de la escuela de SODOM y compañía, pero nada más lejos de la realidad. El estilo de PARADOX tiraba más de la influencia del otro lado del charco, solo recogiendo de su propio país el bagaje de los primeros años del Power y el Speed Metal alemán (los primeros HELLOWEEN, RAGE, VENDETTA...), y mirando claramente a grupos como HEATHEN, FLOTSAM AND JETSAM o los propios METALLICA, algo que era evidente en el trabajo de los riffs. Sinceramente, el debut de PARADOX me tuvo muy enganchado durante un tiempo y eso que, en mi opinión, no tiene la madurez compositiva que “Heresy”, pero una vez más High Vaultage me había descubierto a un buen grupo.

Todavía gratamente sorprendido por la escucha de “Product Of Imagination”, no tardé en adquirir su secuela, “Heresy”, último lanzamiento de la banda hasta su reforma en el siglo XX. Los referentes eran los mismos, pero “Heresy” tenía dos cosas que no tenía “Product Of Imagination”: una mejor producción, menos cruda, pero sin perder agresividad, haciendo que todos los miembros del combo alemán brillaran por méritos propios (en especial la labor de Matthias Schmitt en el bajo, sin dejar de ser un mero acompañante, las líneas de su instrumento son merecedoras de todos los elogios en “Heresy”). Y por otro lado un trabajo compositivo más completo y elaborado, tanto musicalmente como líricamente hablando. Los riffs estaban mejor acabados, mantenían su herencia americana, pero se habían vuelto más pegadizos y, hasta cierto punto, melódicos, lo que unido a un grandísimo trabajo solista hacían de “Heresy” un trabajo excepcional para admirar las seis cuerdas. Por su parte, Charly Steinhauer había ampliado sus registros y aunque mantenía cierto parecido al señor Hetfield, conseguía encajar mucho mejor en la variedad de los cortes. Finalmente, “Heresy” se erigía como un disco conceptual y muy bien documentado. Todos los temas giran entorno a las cruzadas cristianas de la Edad Media, vistas desde la crudeza y el dolor y no desde la grandilocuencia y la exaltación. La época más oscura y vergonzante para el cristianismo, contada a través de la música de PARADOX desde la propia portada.

Sin duda “Heresy” mostraba a un grupo en plena evolución que había alcanzado en poco más de dos años una madurez insólita, dejando como testamento un discazo que a lo mejor no era pionero de nada, pero que es pura dinamita e intensidad desde su breve intro y hasta su bella outro instrumental. Habría que esperar más de diez años para darle continuidad de manos de “Collision Course” un gran trabajo que mostraba a un grupo con sonido renovado, más apegado a su sonido Heavy, aunque manteniendo el dinamismo de los riffs de sus orígenes. Y este mismo año, comentado por mi compañero Juanma Rubio en estas páginas, “Electrify” sigue manteniendo el nivel del grupo recuperado con su anterior obra, nuevamente con un sonido de guitarra menos orientado al riff y más centrado en la melodía, pero con igual maestría compositiva. Muchos no los conocerán, o incluso los habrán empezado a descubrir con estos discos, pero PARADOX merecía ser mencionado aunque solo fuera por “Heresy” uno de los discos más redondos y completos que se pueden escuchar en el género y que no tiene nada que desmerecer a joyas que son encumbradas del  año 1989 (que fueron muchas, todo hay que decirlo, aunque no estuviéramos en el inquieto año 1986) y que no defraudará a nadie amante del Speed y el Thrash tanto americano como europeo, pues de ambas escuelas bebe PARADOX.

Si tuviera que escoger un tema como representativo del disco, sin dudarlo ni un minuto, y lo bien que sonó en directo cuando pude ver a la banda me lo terminó de confirmar, ese sería “Heresy”. Tanto la introducción que le precede, con esos ruidos de tormenta que rodean a una guitarra acústica solitaria y de aires medievales, como el largo desarrollo que lo continúa, redondean siete minutos de auténtica maestría. Un tema intenso, que crece por segundos, con un trabajo rítmico excepcional, unas melodías que adquieren formas hímnicas, especialmente en los solos (la parte central de la composición es de órdago, con un parón que es imprescindible y que precede a uno de los momentos más orgásmicos del tema), una superposición de riffs a cada cual más adictivo... todo unido a una de las letras más pegadizas del disco, haciendo que todos griten “Heresy” al mismo tiempo. Siempre que hablo del grupo digo que este tema es el “Master Of Puppets” particular de PARADOX, y en parte la comparación no es casual. Para que no pare la fiesta, “Search For Perfection” es otro de los grandes momentos del disco, con un inicio más Heavy, nuevamente el trabajo de Steinhauer y Wilz en los riffs es pegajoso al máximo, con un estribillo que es carne de directo y una estructura accesible y fácil de recordar. Para completar un inicio de trabajo impresionante, “Killtime” trae la parte más Speed de PARADOX, destacando, como durante todo el disco, la labor de Schmitt cuyo bajo se convierte en otro elemento más de la composición y no de mero acompañamiento. Lo único que le falta a este tema para terminar de ser redondo es una línea vocal más pegadiza, pero instrumentalmente es brillante.

Afortunadamente para estribillos volvemos a tener “Crusaders Revenge”, otro de los puñetazos en la cara imprescindibles en directo y que recupera el trabajo de riffs más apegado al Thrash, por momentos adquiriendo aires bastante técnicos sin abandonar la accesibilidad general de las estructuras de PARADOX. Puede que me repita, pero nuevamente, además de los guitarristas (tanto rítmicos como Dieter Roth como solista), el triunfador de la sección rítmica por excelencia es el señor Schmitt; es una delicia escuchar la línea de bajo de este hombre en cada tema. Axel Blaha es más convencional en su trabajo tras los parches, pero también hay que tener en cuenta que es compositor de gran parte de la música del disco junto a Steinhauer con lo que lo uno compensa lo otro. Para que no todo sea exuberancia, pero sin perder ni un gramo de intensidad, “The Burning” rebaja ligeramente las revoluciones convirtiéndose en un tema más denso y con mucho groove, sin que llegue a ser en ningún momento un medio tiempo. Steinhauer vuelve a encontrar una gran línea vocal con la que atraer nuestros oídos y la música adquiere tintes más Heavys, para que así la variedad siga estando asegurada. Para apreciar las melodías de las que hace gala PARADOX en todo su esplendor, este tema es ideal porque Dieter Roth lleva a cabo un notable solo que combina tanto fuerza, como sentimiento y técnica, palabras que no parecen reñidas en sus manos. Y manteniendo esta línea Heavy y más melódica “Massacre Of The Cathars” es una especie de continuación de “Crusaders Revenge” aunque en una cara más Speedíca y menos Thrash en sentido estricto. Para mi gusto, otro tema para dejarse llevar y no parar de mover el cuello ante la dupla de guitarras que no dejan de vomitar riffs de sus mástiles.

Llegando a la recta final de esta descripción de la barbarie cristiana del siglo XIII, “Serenity” se convierte en un gran vehículo para apreciar el gran arsenal de melodías y riffs de PARADOX. Su estructura es de las más variadas del trabajo, aunque sin llegar al orgasmo de “Heresy”: constantes cambios y aceleraciones imperceptibles, producen la sensación de ir montados en un coche de carreras sin frenos. De esta manera PARADOX se permite la licencia de dejar todo su arsenal preparado para uno de los temas más brutales de “Heresy”, “700 Years On”, volviendo al Thrash de libro, centrado en el riff afilado y adictivo y en los ritmos pegadizos, y siempre con la tradición europea del Power en la cabeza como demuestra el estribillo de la canción y el trabajo solista una vez más en manos de un Dieter Roth que convierte cada uno de sus solos en un himno metálico grabado a fuego en nuestros cerebros. Pero no acaba aquí la paradoja alemana, para el final el grupo nos deja un mar de tranquilidad y sosiego de la mano de “Castle In The Wind”, un tema instrumental y acústico que sirve para cerrar de forma cíclica el trabajo y que deja la sensación de estar ante las ruinas de un verdadero castillo medieval oyendo solo el golpeteo de la lluvia y el susurro fantasmal del viento.

PARADOX no están llamados a firmar ningún capítulo de la historia de la música. No son los primeros en nada, no son los más originales... pero en “Heresy” y en general en toda su trayectoria, honesta y coherente con su sonido, demuestra ser un grupo por encima de la media, que merece ser reconocido. Todos aquellos que gusten del buen Heavy/Thrash/Speed de los ochenta, con influencias tanto americanas como europeas, deberían de tener en “Heresy” un disco a tener muy en cuenta. Algo menos de tres cuartos de hora de intensidad y contundencia, con un sonido clásico y adictivo. Una pena que en plena ebullición de ideas el grupo pusiera un punto y aparte tan largo, pero afortunadamente, además de su debut y sus recientes obras, el legado de la herejía siempre nos quedará. Una de las muchas joyas escondidas del Metal de los ochenta.


(Crítica publicada también en: http://www.rocktotal.com)

martes, 29 de julio de 2014

MILT JACKSON - "The Prophet Speaks": La inspiración de la madurez


En ocasiones un artista debe llegar a su última etapa para lograr la misma magia que en el pasado. MILT JACKSON ya no tenía que demostrar nada en los años noventa: uno de los maestros del vibráfono, historia viva del Jazz y no sólo por ser uno de los miembros del MODERN JAZZ QUARTET, formación esencial donde las haya, y uno de los artistas más solventes y con mejor frescura de ideas en directo (doy fe, que tuve la suerte de verlo poco antes de morir). Y quizás por eso mismo, porque no tenía que abrir camino y se dedicaba a hacer lo que más le gustaba, a MILT JACKSON le salió en 1994 un disco tan redondo como “The Prophet Speaks”, acompañado de viejos amigos y de otros más actuales, dando como resultado un trabajo catalogado de “mainstream”, pero que eso en manos de MILT JACKSON es como decir una delicia, un bocado para paladares exquisitos que sepan dejarse llevar por la música con mayúsculas, sin importar épocas ni estilos.

Los acompañantes escogidos para la ocasión, además de la formación con la que MILT JACKSON estaba trabajando por la época, no podían haber sido mejores: el trío de acompañamiento aúna lo mejor de todas las épocas del Jazz, y los solistas son savia nueva y vieja de la historia de esta música. Así, Billy Higgins era el más adecuado para estar detrás de la batería, con ese swing inventivo, susurrante y elegante que le hizo estar en formaciones avanzadas y clásicas desde los cincuenta. En el piano, Cedar Walton, sirve de enlace entre el pasado y el presente, con su toque sobrio y aparentemente en segundo plano, sirviendo de colchón a MILT JACKSON, pero esbozando una sonrisa también cuando los focos le iluminan. Y finalmente, la sección rítmica se cierra con John Clayton, el protegido de Ray Brown, viejo amigo de MILT JACKSON y por tanto el jovencito más apto y capaz para entender el lenguaje del vibrafonista por entonces septuagenario ya.

Por su parte los solistas invitados encajan a la perfección: el más reiterado en la mitad de los cortes del disco, un JOSHUA REDMAN que también es la juventud del trabajo, asumiendo un rol muy de los cincuenta, susurrante y profundo en sus solos, sin alardes técnicos, dejando fluir la columna de aire por el saxofón como si de un río entre montañas se tratase. Y por otro lado uno de los grandes, que por sí solo se merecería un cartel aparte, JOE WILLIAMS, en tres cortes, con esa voz de crooner, de solista de club y nocturnidad, en medio de los suburbios de New York. Ambos, el trío de acompañamiento y como no, MILT JACKSON dan vida a “The Prophet Speaks”, con un programa de standards y originales (firmados por JACKSON y el jovencito John Clayton, que hace las veces de director musical del proyecto), en donde destaca una fabulosa interpretación junto a WILLIAMS y REDMAN de “You Are So Beautiful”, la swingeante “Wonder Why” o la melancólica “Come To Me”, esta última firmada por el vibrafonista.

El resultado es un disco que, sin decir nada nuevo, nos lleva en volandas. Un trabajo hecho desde la tranquilidad y el conocimiento del tempo y del ritmo, fruto de la experiencia y el buen hacer… en definitiva, un disco hecho desde el corazón y no desde la cabeza, todos ellos ingredientes esenciales para hacer de “The Prophet Speaks” el canto del cisne (en cuanto a inspiración y emoción) de MILT JACKSON, que aún estaría entre nosotros un lustro más regalando oídos a neófitos y jovencitos como este que escribe que con 15 años pudo deleitarse en una tarde de domingo en el Johnny (Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid) ante este monstruo del Jazz.

Para ilustrar este disco: un tema del mismo, el que le da título, con la formación con la que vino a Madrid en el año 1999: http://www.youtube.com/watch?v=zOYLwZqS80I

martes, 22 de julio de 2014

MY DYING BRIDE - "The Vaulted Shadows": Un dos por uno imprescindible


Mi relación con MY DYING BRIDE ha sido “complicada”. Los descubrí con “Songs Of Darkness, Words Of Light” y navegué hacia atrás hasta darme de bruces con un glorioso “Turn Loose the Swans” cuyos violines y contrapuntos me trasladaban a otra dimensión. Al mismo tiempo que completaba su discografía pretérita, con mayores o menores hitos en la misma (“Like Gods Of The Sun” era otra historia, que también estaba bien, pero con posterioridad juguetearon como ANATHEMA con audiencias y sonidos que no les hacían justicia), me dedicaba a seguirles la pista actual, pero me di cuenta de que con “For Lies I Sire” había perdido el interés por la banda. Me sonaba aburrida y me faltaba una emoción que, no digo ya con sus primeros trabajos, sino con el propio “Songs Of Darkness, Words Of Light”, brotaba por todas partes. Fue entonces cuando empujado por buenas críticas escuché el EP “The Barghest o' Whitby” y me asombré de, en un solo tema de casi media hora, lograr otra vez esa emoción que me faltaba. “The Manuscript”, el siguiente en la lista después de un álbum completo que aún no he escuchado “A Map of All Our Failures”, y que también ponen muy bien, era otro EP con muy buena acogida, y antes de que me pusiera con él, Peaceville recoge, como ya hiciera en el pasado con “Trinity” (en aquella ocasión con tres EPs), estos dos últimos mini trabajos en uno solo.

“The Vaulted Shadows” es eso, “The Barghest o' Whitby” y “The Manuscript” en un solo CD. Y la decisión no ha podido ser más acertada. A falta de escuchar “A Map of All Our Failures”, la banda vuelve a estar en plena forma. Con guitarras que combinan melodía funeraria con crudeza, ritmos pesados y cadenciosos que descienden al infierno y ascienden a los cielos, contagiados por el sinfonismo de un violín quejumbroso y bello y la voz de Aaron, contrapunto esquizofrénico capaz del gruñido más visceral, y el lamento más envolvente, en el mismo fraseo. Empezando por “The Barghest o' Whitby”, este corte contiene alguno de los mejores pasajes de la banda de Doom-Death pionera de Inglaterra junto a ANATHEMA y PARADISE LOST. Aunque formalmente es un solo tema, se divide claramente en cuatro movimientos, que alternan crudeza, melodía, dinamismo y belleza. La primera parte inquieta, la segunda parte relajada, la tercera parte “precedida de un silencio”, funeraria y la cuarta y última parte sangrienta y rota, desesperada y salvaje, martilleante y dolorida. En conjunto, absolutamente mágica: digna de tan oscura portada y apabullante y mórbido sonido.

Pero lo mejor está por llegar en “The Manuscript”. Otra vez en casi media hora y cuatro partes, MY DYING BRIDE recupera su personalidad, pero con composiciones independientes, siendo particularmente “Vår gud över er” envolvente y pegajosa, con un sonido de guitarras profundo y limpio al mismo tiempo, menos crudo que en el EP precedente. Una producción más limpia, más ambiental y completa, donde el violín adquiere protagonismo en la propia “The Manuscript” y “A Pale Shroud of Longing”, tan deliciosa como triste en sonoridades, y un final lánguido y decadente, auténticamente Doom, cargado de oscuridad y letanía, que aleja el infierno y acerca la paz del subsuelo a nuestros cuerpos, del encuentro con uno mismo y el entorno, con las lágrimas y la alegría en un solo instante. La emoción que faltaba en trabajos previos, se recupera y se lleva un paso más allá, madurando una propuesta que ya debería estar lo suficientemente madura después de todo el tiempo pasado, casi un cuarto de siglo, desde que MY DYING BRIDE se casó con nuestras almas.

Si “A Map Of All Our Failures” es tan bueno como dicen y al situarse cronológicamente en medio de estos dos EPs, debe serlo, MY DYING BRIDE habrá recuperado su esencia, habrá conseguido otra vez aunar personalidad y emoción en un solo producto. Pocos grupos pueden presumir de esto, y a MY DYING BRIDE le ha costado un ir y venir de pasos intermedios, pero la espera ha merecido la pena. Nunca fue divorcio, sólo una separación temporal, pero el reencuentro, como siempre, es lo mejor.