Australia, tierra para muchos desconocida, pero que últimamente (y no tanto) es tierra fecunda para el Metal Extremo. PSYCROPTIC es una de las bandas más interesantes en este estilo que ha salido de la isla-continente en los últimos tiempos. Siendo "Symbols Of Failure" su tercer disco en sus poco más de 6 años de existencia, uno se da cuenta de que estos chicos han sabido plasmar rápido sus ideas y que poco a poco van siendo conocidos fuera de sus fronteras. Su anterior disco, "The Scepter Of The Acients" fue para mí uno de los mejores discos de Brutal Death Metal de 2003, por lo que ya tenía ganas de que editaran "Symbols Of Failure". Una vez más la espera ha merecido la pena.
El estilo de PSYCROPTIC no es para nada novedoso. Brutal Death Metal a lo HATE ETERNAL, pero con toques de la escuela europea como DECAPITATED, HATE, BLOOD RED THRONE... Guitarras pesadas, con una afinación en el subsuelo, pero aún así capaces de crear riffs veloces que dejarían sentado en el sitio al guitarrista más técnico, un batería que parece que tiene cien brazos y una adecuada combinación de voces, que pasan de lo gruñidos más agresivos a las guturalidades más profundas. Nada nuevo bajo el sol, pero tampoco se está buscando ningún factor sorpresa, y el nivel que PSYCROPTIC en tres discos ha logrado, consigue igualar a grandes nombres tanto europeos como americanos del Brutal Death, a base de unas composiciones muy trabajadas y llenas de tecnicismos, sin olvidar ciertas dosis de "old school", lo que diferencia a los australianos de la mayoría de bandas extremas de Brutal Death de hoy en día.
Trallazos como "Alpha Breed" o la que le sigue, más técnica pero igual de brutal, "Missionaries Of A Future To Come" están destinados a convertirse en temas insignia de la banda. La excelente producción, rayante en lo perfecto (lo cual en parte le quita un poco de espíritu a la música, pero ayuda a oirlo absolutamente todo), invita a que no cierres la boca ni una sola vez escuchando como los temas se van sucediendo sin descanso, desgranando una compleja maraña de riffs, y una asombrosa combinación de ritmos en la batería que David Haley ejecuta a la perfección. La técnica es ta depurada que a veces dudas que la banda pueda llevar tanta complejidad al directo. Esto diferencia un poco "Symbols Of Failure" de su anterior trabajo, donde los riffs eran más pegadizos. En este tercer trabajo de los australianos no hay espacio para el descanso, todo es Death Metal técnico, tocado a velocidad endiablada, con estructuras complejas y muy variadas y con riffs a cada cual más asombroso. Temas que muchas veces superan los cuatro minutos, pero que no se hacen aburridos para nada, ya que a cada escucha que le das al disco, ganan en nuevos detalles que salen a la luz y en potencia.
Además de los dos temas citados, destacaría "Repairing The Dimensioal Cluster", que sin ser de las más veloces, contiene algunos de los momentos más inspirados de todo el disco, en forma de riffs cíclicos que van cambiando una y otra vez, mientras la batería destruye nuestras cabezas, o la variada "Epoch Of The Gods", con uno de los pasajes más pegadizos de todo el disco, donde Jason Peppiatt hace uso de su voz más gorrina. Solo se echa de menos un poco más de individualidad entre las composiciones, pues las estructuras son tan complejas que a veces pueden sonar repetitivas, no obstante con ello han conseguido que sea un álbum sólido de principio a fin, sin fisuras y sin puntos de relleno o donde decaiga la fuerza (como en muchos otros discos del estilo suele ocurrir).
No es un disco de fácil digestión, pero tampoco estamos hablando de unos DEEDS OF FLESH o unos DISGORGE que nos hagan perdernos en medio de riffs cada vez más retorcidos. Simplemente estamos ante un grandísimo trabajo de auténtico Death Metal, que brilla por su efectismo, por su producción y por el trabajo de composición, más que por la originalidad. Si eres aficionado a este estilo, "Symbols Of Failure" no debería faltar en tu discoteca, seguramente sea uno de los discos del año en lo que a Death Metal se refiere.
Hace
años los holandeses CENTURIAN, cuya trayectoria musical fue breve, dejaban de
existir como banda. Al estar sus miembros más pendientes de otras bandas
(SEVERE TORTURE, PYAEMIA...) que de la citada, el grupo, que para mí fue de lo
mejor que había salido de la tierra de los tulipanes, nos dejaba con la
incertidumbre de si podían llegar a superar aquella joya que fue para mí “Liber
Zar Zax”, mezcla perfecta del sonido “old-school” y la técnica del Brutal Death
presente en algunas bandas del viejo continente.
Pues
bien, NOX puede que venga a saciarnos en parte por aquella pérdida. Esta banda
de reciente creación se forma por dos miembros que militaron en CENTURIAN y
hasta Seth (también en SEVERE TORTURE y que también fue miembro de CENTURIAN)
ha grabado las voces en este trabajo, pero según parece ha vuelto a dejar de
lado el proyecto para centrarse en su banda madre. Será por esta razón por la
que el sonido es una continuación del “Liber Zar Zax”, pero en cualquier caso
aquel Death Metal de cánones clásicos, que miraba a partes iguales a MORBID
ANGEL y DEICIDE y al Death Brutal centroeuropeo en la onda de los primeros
DECAPITATED o los eslovacos DEMENTOR, vuelve de la mano de “Ixaxaar” el trabajo
de debut de NOX. Una mezcla entre tradición, técnica y brutalidad, con un
sonido descomunal y que será capaz de hacer reaccionar a cualquier fan de esta
música que se precie.
La
producción consigue aunar buen sonido con tradición, es decir, no se centra en
sonar pulcra y saturante, sino que mantiene la oscuridad que tan imprescindible
es para apreciar el sentimiento de vieja escuela que desprende NOX. La voz de
Seth suena profunda y poderosa, combinando las voces graves con las agresivas
al más puro estilo Glen Benton, y las guitarras no se limitan a unir mil riffs
uno detrás de otro, sino que mezclan estimulantes y rápidos fraseos, con
pegadizos riffs clásicos ante los que es imposible no verse atraído. La
velocidad y la técnica son mayores que en CENTURIAN, pero no se verán
defraudados los que huyan de los tecnicismos exagerados. La música de NOX es
sencillamente odio, rabia bien dirigida, mezclada con técnica y virtuosismo
tanto en la forma de estructurar los temas (haciendo uso de esquemas más o
menos clásicos, pero sin por ello estancarse en repetir el mismo tema nueve
veces), como en la ejecución de los riffs y los solos. Además el resultado de
“Ixaxaar” es profundamente honesto, no hay post-producción ni nada que se le
parezca, todo lo que se oye es lo que el grupo da de sí por ellos mismos. Esto
a veces puede hacer que la música de NOX suene desnuda (sobre todo la guitarra,
que está grabada con pocas pistas para no saturar), pero consigue contribuir
aún más a ese revisionismo de la tradición que busca el grupo.
Aunque
el disco suena compacto, cada tema tiene una personalidad propia, destacando
por sus propios méritos (sobre todo la labor de las guitarras, que es
excepcional). El trabajo empieza con “Choronzonic Chaos Gods”, sin
contemplaciones, sin introducciones ni historias secundarias, simplemente un
golpe en el rostro que ya te dejará sentado en el sitio. La gran capacidad de
Oorthuis para crear riffs de vieja escuela es digna de mención, tanto a medio
tiempo, como a velocidades bastante altas, el trabajo rítmico de este hombre es
absolutamente descomunal, los solos pasan a un segundo plano, pero no necesita
abusar de este recurso para demostrar su dominio del instrumento, como
demostrará a lo largo de todo el disco. “Blind Mad God”, tiene un aura más
maligna y reposada, sin dejar la agresividad y la brutalidad a un lado,
contribuyendo a la personalidad propia de cada composición de la que hablaba al
principio de este párrafo. El nivel no baja con uno de los temas que más
directos a la yugular va, “Darkness Undying”, con unos riffs asesinos que se
quedarán clavados a fuego en nuestras cabezas. O la bestial en todos los
sentidos (letras incluidas), “The Jesus Sect”, cuyo inicio nos muestra una
guitarra aparentemente desnuda, sola ante la mastodóntica sección rítmica, pero
siempre poderosa. Así me podría tirar uno por uno con todos los temas, pero no
tiene sentido. Sólo destacaré también el penúltimo corte, “Satan Ex-Machina”,
que es uno de los temas más técnicos y veloces de todo el redondo, por poner
otro ejemplo más, con solos que son pequeñas obras de ingeniería musical y
riffs tocados a la velocidad de la luz, pero siempre sin dejar a un lado el
estímulo de la tradición.
Sin más, “Ixaxaar”, el debut de NOX, es un disco totalmente recomendado
para los amantes del buen Death Metal clásico en forma y en contenido. Odio,
nihilismo, ataques a la religión y una música estimulante y cargada de mala
leche, junta todo esto, agita, déjate llevar y tendrás el infierno en tu salón.
Revisionismo puro y duro, pero de qué manera. Uno de los lanzamientos a tener
muy en cuenta dentro del Death Metal en lo poco que llevamos de 2007
La
música tiene mil formas de manifestarse. Unas veces se busca impresionar desde
el primer momento, otras veces se deja fluir y que sea la música la que poco a
poco vaya envolviendo al oyente. Esto también implica distintas formas para
afrontar la escucha de un disco. No es lo mismo desmelenarse ante un disco de
Thrash, Death, Hardcore, Heavy en sentido estricto… que tratar de paladear un
disco ambiental, sinfónico o incluso de carácter más Progresivo. ¿A qué viene
todo esto? Sencillamente porque AT THE SOUNDAWN, joven banda italiana que acaba
de debutar a través de Lifeforce no busca precisamente ser flor de un día, y
para afrontar la escucha de “Red Square: We Come In Waves” hay que tomárselo
con calma. Pero todo ello no quita para reivindicar al grupo como un proyecto
interesante, que quizás debería de tomar una línea argumental más definida,
pero que resalta por méritos propios.
Partiendo
del Hardcore y tiñéndolo de elementos ambientales y psicodélicos, recogiendo
enseñanzas ya muy establecidas en nuestro entorno de bandas como NEUROSIS,
ISIS, CULT OF LUNA… el quinteto italiano ha facturado un debut que fluye poco a
poco, y que pese a su corta extensión (para ser un disco de estas
características) tiene muchas cosas que decir. Matices, detalles, estructuras
que se vuelven circulares y enigmáticas, sonidos que se alargan y generan
atmósferas envolventes y opresivas, un sonido descomunal que sabe potenciar la
sensación de agobio, y a la vez permitir disfrutar de los muchos recovecos de
las composiciones. Una sección rítmica que no busca la impresión, sino marcar
el vaivén de las olas del mar, metáfora que definiría a la perfección la música
de AT THE SOUNDAWN. Una voz agresiva y torturada que sin embargo, es secundaria
y meramente anecdótica… Todo esto condensado en siete intensas composiciones
que conforman un único sonido, un único concepto… Todo esto es AT THE SOUNDAWN.
El
lastre fundamental de esta propuesta, que aunque siga sorprendiendo, no es
nueva, es su vagar a ningún sitio. Me explico, el componente atmosférico en
este tipo de grupos es fundamental, pero normalmente lo que generan es un
envoltorio que va aumentando su intensidad de manera progresiva hasta que el
oyente se encuentra totalmente atrapado en medio de la majestuosidad recreada.
Sin embargo, escuchando “Red Square: We Come In Waves” uno tiene la sensación
en ocasiones de que los temas empiezan pero no terminan… una sensación de ser
testigo de un proceso inacabado, que aunque consigue el efecto hipnótico
buscado, no llega a culminarlo. Esto marca la diferencia entre la propuesta de
AT THE SOUNDAWN y las influencias de las que bebe, pero no le resta calidad a
la intención originaria del grupo.
El
arranque grisáceo y profundo de “Slight Variations”, cuya instrumentación
incluye hasta un anecdótico fiscorno que teñirá de melancolía el ambiente
recreado por el quinteto, marca la tónica dominante del trabajo. Aunque
“Submerged” esté mucho más “electrificado”, con una presencia más dominante de
la distorsión, los caminos tortuosos recorridos por los italianos se mantienen,
hasta el punto de tener la sensación de estar ante el desgarro de un ser humano
malherido. “One Day Before” es mucho más amable con el oyente, con un aire
Post-Rock más marcado y, aunque la voz de Migliori no deja de ser agónica, la
música se centra más en evocar. Igual ocurre en “Phone Will”, uno de los temas
en el que más cuesta penetrar, donde más se dejan fluir las notas y los pasajes
hasta crear el telón enigmático necesario para hipnotizarnos. Por su parte, “Sundown
In Rome” y su continuación, “Rain Falls”, contrastando con la duración de los
temas precedentes, son la antítesis el uno del otro: el primero relajante y
apacible, el segundo matemático y esquizofrénico, creando un gran contraste
entre ellos. Finalmente “Frames Of You” cierra el disco, nuevamente de una
manera agónica y envolvente, dejando el cuerpo con una sensación apacible pero
también inquietante.
Como decía al comienzo de esta crítica, hay momentos en donde es
necesario dejar fluir la música y no exigir una capacidad de impresión directa,
sino permitir a los sonidos que nos envuelvan y nos hagan parte de ellos. Esto
es lo que ocurre en “Red Square: We Come In Waves”, desarrollando una música
que como el oleaje del mar, nos va cubriendo poco a poco hasta atraparnos, y
aunque aún le falta madurar para llegar a explotar y a embaucarnos con su
intensidad, AT THE SOUNDAWN muestra buenas maneras en este debut.
Cuando
me enfrento a un grupo que no entra en mis parámetros musicales habituales,
suelo acogerlo con cautela y cambiando mi modus operandi. Si habitualmente, al
encontrarme ante un “viejo conocido”, trato de buscar un enlace con su pasado,
o si por el contrario el grupo en cuestión es un recién llegado o ignorado por
mi parte, pero conocido el terreno por el que transita, suelo indagar
paralelismos sonoros, cuando me encuentro ante algo como NIHIL NOVI SUB SOLE,
mi forma de actuar cambia: me olvido de referencias, me centro en sensaciones y
en si el grupo en cuestión, con independencia del estilo que practique me
ofrece dos cosas: una imagen y un desarrollo, un camino y un paisaje, en
definitiva, si “me dice algo”. Por este sendero, más tortuoso por mi parte que
en otros trabajos que debo comentar, pues me hallo ciego y sin bastón, pero
también con menos presión al excusarme en mi supuesta ignorancia del contexto,
he transitado para escuchar “Jupiter Temple” debut de Marco Kehren, miembro de
los holandeses DEINONYCHUS y otros grupos como DARK SANCTUARY (ambos, en esta
ocasión sí conocidos por mi parte) y que bajo el nombre de NIHIL NOVI SUB SOLE
marcha firme y decidido por los caminos marciales e interestelares de una
música férrea y densa, y en consecuencia, difícil de penetrar.
Se
define a “Jupiter Temple” como Dark Ambient / Martial Music, pero dejando
etiquetas, y centrándome en el significado de las palabras que las forman, no
puedo estar más de acuerdo. La música de NIHIL NOVI SUB SOLE es una banda
sonora que puede ser acogida sin problemas por un remake o versión postrera de
la saga espacial de Arthur C. Clarke en versión fílmica, o secuelas similares.
Voces radiadas, modificadas y fantasmagóricas, teclados new-age y con cierto
aire Mahleriano, y sobre todo, atmósfera militar a golpe de ritmos
petrificados, constantes, decididos y firmes que no desfallecen en su incesante
martilleo de nuestros cerebros, acompañados unas veces de trompetas y cuernos
de batalla, otras veces de arengas a las masas, y finalmente de labores de
estratega. Conozco grupos que tienen mucho amor por la Segunda Guerra Mundial y
algunos de ellos dentro de sonidos sintéticos, pero con NIHIL NOVI SUB SOLE es
la primera vez que me enfrento a este terreno desde un punto de vista de
ciencia ficción, espacial y ajeno a la cercanía histórica.
Hecha
la descripción de las pretensiones y del sonido global, ahora toca hablar de
mis sensaciones tras diversas escuchas de “Jupiter Temple”. En un primer
intento me limité a dejar correr el disco: quería saber si había un hilo
conductor, una historia o algo que Marco me pudiese contar, más allá que un
compendio de sonidos que pueden evocar o parecerse a “algo”, pero que
desarrollados durante tres cuartos de hora acaban por sonar excesivos. Pues
bien, primer fracaso. Momentos puntuales de admiración había, como la paz
aparente de “Die Angeklagten”, el aire más marcial y de batalla de “Stigma”, el
contraste angélico-infernal de los coros celestiales y las voces y ritmos de
lucha de “Fellonia Con Sangue”, el sonido apocalíptico, nuevamente con mezcla
de coros y arengas de sangre de “Victoria Victis”... pero conforme pasan los
minutos uno tiene la sensación de que “Jupiter Temple” no tiene fin ni nexo de unión.
Llegaba el turno a las sucesivas escuchas, para ver si se podía resaltar algo.
Pues bien, aquí sí que se puede decir que Marco consigue en ciertos instantes,
todos los citados previamente, cierta comunión con el oyente. Sin embargo, o
eres un oído acostumbrado, o dudo que al final saques algo más que marcialidad
y sonido envolvente.
En resumen: NIHIL NOVI SUB SOLE creo que se centra en un estilo muy
concreto, con elementos bien definidos desde el primer instante y que explota
hasta la saciedad, pero de ahí no pasa. No hay concesiones, avances, no hay
nada que se salga de la marcialidad y grandilocuencia guerrera. Lo que al
principio es “curioso”, con el tiempo se vuelve pesado y en sucesivas escuchas
bastante cuesta arriba, debido a la falta de un nexo narrativo que pueda servir
de aliciente para los no iniciados. No pongo en duda que los amantes de las
músicas guerreras prefabricadas tendrán en “Jupiter Temple” un motivo de
alegría, pero en mi caso personal, NIHIL NOVI SUB SOLE prometía y al final se
deshinchó. Sin ser un fracaso, el sonido es demasiado encorsetado y no ofrece
mucho más de lo que puede uno suponer inicialmente. Sólo para fans de estos
sonidos.
Desde 2014 PAT METHENY no había sacado nuevo material original. Fue con "Kin", el segundo trabajo de lo que era el Unity Group, llamado a ser el sucesor del PAT METHENY GROUP, una vez que el guitarrista dejó sus múltiples experimentos en solitario y colaborativos y volvió a crear una formación estable para componer y crear. Los dos trabajos con el Unity Group, además del adicional de "Unity Sessions" que servía de complemento en directo, me hicieron personalmente recuperar la fe en un guitarrista de extensa carrera discográfica, pero también irregular, que desde que editara su último disco con el "Group" junto a Lyle Mays, "The Way Up", no me había vuelto a convencer. Seis años después PAT METHENY se reinventa con nuevo grupo y con nuevas composiciones, con un disco que es al mismo tiempo ambicioso, maduro y asentado en la tradición. "From This Place", es probablemente lo más completo y amplio de miras que ha editado el guitarrista en mucho tiempo.
Lo primero de lo que hay que hablar es del combo del que se acompaña Metheny. Sólo el batería Antonio Sánchez se mantiene del anterior grupo, pero ni el británico Gwilym Simcock ni la oriental Linda May Han Oh, son desconocidos en el universo de PAT METHENY, pues durante 2010, junto con el propio Sánchez, conformaron cuarteto de directo para el guitarrista americano. "From This Place" es el reflejo en estudio, con composiciones propias, de lo que fue aquella unión. Pero no nos quedaremos sólo aquí. Recogiendo todo lo aprendido en la última década, Metheny aumenta la paleta colorista de su música con dos invitados: la vocalista Meshell Ndegeocello y el harmonicista Grégoire Maret, el cual a su vez, tampoco es desconocido para Metheny, pues ya participó en su última grabación con el GROUP, "The Way Up". Finalmente y aquí es donde tenemos el paso adelante de "From This Place", el cuarteto se incrementa con la inclusión de la Hollywood Symphony Orchestra, arreglada y dirigida a su vez por Alan Broadbent y Gil Goldstein.
¿Estamos ante un disco de jazz con "cuerdas"? No exactamente. La virtud de este nuevo trabajo en la carrera de PAT METHENY es que el trabajo orquestal fue posterior al grupal, de manera que no se pone en "peligro" la espontaneidad del cuarteto en ningún momento. Los temas tampoco están pensados para orquesta, aunque sí se enriquecen y arreglan por la presencia de ésta. El trabajo de Goldstein y sobre todo de Broadbent (al que se le nota la experiencia del Quartet West de Charlie Haden), radica en rellenar, dar pinceladas extras, y aumentar la paleta de colores del cuarteto inicial conformado por Metheny, Simcock, Han Oh y Sánchez. Los ínterpretes interactuan sin el yugo que supondría saber que una orquesta tiene presencia sobre ellos y eso hace que la orquesta incremente la base musical, pero no la ofusque.
Para mi gusto en este planteamiento hay un "pero" y es que el cuarteto es ya de por sí autosuficiente y de hecho creo que Metheny ha econtrado la horma de su zapato en los intercambios melódicos con Simcock, como cuando él y Lyle Mays lo hacían en el GROUP. La orquesta, aunque es cierto que no "molesta", y que enriquece, a veces distrae de lo principal que son las interpretaciones creativas y confluyentes del nuevo cuarteto de Metheny. Esto hace que precisemos de más escuchas para lograr asimilar todo y que ni se nos vaya la cabeza con las ráfagas orquestales, ni perdamos la esencia instrumental del asunto. Por otro lado, algunos temas, especialmente la apertura de "America Undefined", su continuación "Wide and Far", la clasicista "Pathmaker" donde METHENY más saca a relucir su influencia de Jim Hall y "Sixty-six", ganan mucho y se pueden tomar como pequeñas suites gracias a la presencia de la orquesta. En este sentido podemos considerar "From This Place" como una evolución de lo que en su momento fue el ya lejano "Secret Story".
Las interpretaciones de Metheny resultan asombrosamente comedidas. Es aquí donde uno se da cuenta de que el guitarrista está en una etapa de madurez y se deja llevar por su propio interior, más que por la necesidad de tener que demostrar algo musicalmente. Si despojamos a las composiciones de todo su colchón armónico orquestal, tenemos un disco muy íntimo y relajado, donde Metheny se aprovecha de la genial capacidad emocional de Gwilym Simcock para desarrollar su discurso, del firme pulso de Oh y sobre todo de la inventiva de Sánchez para tejer sus patrones rítmicos. Es como si el guitarrista se sintiera acomodado en la seguridad de que sus acompañantes van a solucionarle la papeleta en lo que a inspiración y riesgo se refiere. Un ejemplo es la genial "You Are", tan bonita como lúcida en su intensidad improvisatoria creciente.
No quiere decir que Metheny no tenga espacio para desarrollar un lenguaje más expresionista, ahí está "Everything Explained", donde por cierto el guitarrista se contagia de ciertos aires latinos a lo Chick Corea, pero PAT METHENY ha preferido tener otro tipo de protagonismo en este trabajo, como conductor, ideólogo e impulsor, mutándose en clasicista hasta en su propio sonido, más limpio y sin efectos de sintetizador como antaño. Estamos ante un disco que es sobre todo elegante y pizpireto, esto último dicho porque al mismo tiempo que accesible, es muy rico en sonidos y juegos armónicos. Todo ello aumentado además con las capacidades coloristas de la orquesta y en el caso de "The Past is in Us", la armónica de Maret, que le da un toque más cálido si cabe a una balada bellísima, donde la orquesta tiene un papel muy protagonista y Simcock hace uno de sus mejores trabajos.
El punto reivindicativo y filosófico lo pone Meshell Ndegeocello en "From This Place", corte de inicio totalmente clásico y desarrollo íntimo, que fue compuesto por Metheny cuando Donald Trump ascendió al poder, mezclando la melancolía de un momento trágico con la esperanza de que en el futuro todo cambiará, aunque sea a costa de que un tornado como el de la portada tenga que destruir todo para volver a comenzar... En este corte Metheny me recuerda a su dúo con Charlie Haden en "Beyond the Missouri Sky", usando la acústica de una forma muy sentida y profunda, acorde con las letras y el trasfondo de la composición.
El trabajo de PAT METHENY desbocado en "From This Place" es el reflejo de lo que es una de las figuras más creativas e icónicas del jazz contemporáneo, en un momento de madurez compositiva y espiritual. El guitarrista no tiene que demostrar nada y lo que ha hecho en este disco es desarrollar su lenguaje en favor del todo y del individualismo de sus acompañantes. Aunque a veces sea un poco excesivo y precise de concentración para no pasar de puntillas por su rico contenido, es un trabajo llamado a estar entre lo mejor de la extensa discografía de METHENY.
Hace
poco comentaba en estas páginas, a tenor de “Endstilles Reich”, que ENDSTILLE
gozaba de mucha respetabilidad en el underground del Black, pero merecían
llegar más lejos debido a su potencial y el perfeccionamiento de su sonido.
Estar en el seno de sellos mal distribuidos había hecho daño al cuarteto
germano, pero el fichaje con Regain Records parecía que podía relanzar a la
banda. Y para no dormirse en los laureles, la discográfica que editó el último
disco del grupo acaba de reeditar sus cuatro trabajos anteriores. Sin extras ni
remasterizaciones, respetando al máximo el artwork original, simplemente se
ofrecen a un público más amplio que no pudiera adquirir estos trabajos en su
primera edición, pero no se obliga al fan del grupo desde sus inicios a
adquirir nuevamente estos productos con el fin de conseguir los bonus que
pudiesen traer. Desde aquí recomiendo a los aficionados al Black más típico y
efectivo que les echen un oído y aprovechen la oportunidad de hacerse con la
historia completa de una banda que no está llamada a derribar los patrones del
género pero que derrochan calidad.
El
combo alemán no sorprenderá a los aficionados al Black Metal. No hay ninguna
intención de innovación ni de ofrecer algo más que buena música, pero creo que
ENDSTILLE es, aún así, uno de los grupos más interesantes del Black europeo,
porque disco a disco no muestran agotamiento y parecen superarse y
perfeccionarse cada vez más y porque la evolución desde “Operation
Wintersturm”, aunque es mínima, es sutilmente envidiable, pudiendo comprobar el
proceso de maduración del sonido de una banda, desde un inicio algo más tímido
e ingenuo, a un virtuosismo y un vigor con difícil parangón. La voz de Iblis no
decepcionará a ningún fanático del Black más despiadado y aunque en los dos
primeros discos no consigue disfrutarse del todo, en “Dominanz” y “Navigator”
el trabajo del frontman germano es de lo mejor del grupo, junto a unas
guitarras que pueden sonar típicas pero consiguen hipnotizar y una sección
rítmica que lleva el peso absoluto de las estructuras de los temas, destacando
en los momentos más veloces, de los que ENDSTILLE se enorgullece al decir que
no usan ningún tipo de trigger que reste mérito a Mayhemic Destructor
(sobrenombre ideal para la labor de este hombre). Todo está cuidado al detalle
para que el cuarteto alemán sea un referente en el Black europeo: portadas con
imágenes destructivas sobre las dos Guerras Mundiales, obsesión por lo bélico y
lo anticristiano, sonido pulcro pero maligno, paintcorpse (aunque con la
originalidad de que en directo solo dos miembros del grupo lo llevan y los
otros dos no)...
Por
todo esto, la puntuación global es notable alto, sencillamente porque de cuatro
discos aquí reflejados, en mi opinión, los dos primeros aún carecen de los
detalles de grandeza de “Dominanz” y “Navigator”, pero no por ello son malos
discos. Para ser justos, “Operation Wintersturm” y “Frühlingserwachen” serían
discos de siete, mientras que los otros dos serían discos que fácilmente
alcanzan el nueve, configurando junto a su reciente último disco, “Endstilles
Reich” lo mejor de ENDSTILLE. En cualquier caso, haré una breve descripción de
cada trabajo para poder tener una idea de la evolución del grupo que debutara
en 2002 con “Operation Wintersturm” tras sólo una demo a sus espaldas. Es en
este disco donde el fanático del Black encontrará las raíces del estilo del
grupo, pero el seguidor de otros géneros puede encontrarse un producto
demasiado concreto y opaco por momentos. La producción tiene bastante culpa de
ello, pues no deja fluir las melodías de las guitarras, quedando todo bastante
deslucido y haciendo que Iblis quede oculto en un muro sónico en más de una
ocasión, sin embargo, los elementos que luego perfeccionaría el grupo, los
cimientos, ya estaban siendo construidos.
En su corta duración se echa de menos
algo más de variedad de tempos, pues casi todo está basado en el blast beat y
la velocidad infernal de la batería de Mayhemic Destructor (potenciado por el
segundo plano en el que quedan las guitarras), pero aún así cortes como el
minimalista “Jesus Christ”, donde la maestría de a la hora de componer melodías
que enfrían el espinazo hace una tímida aparición, “Discovering Rapture As An
Art” uno de los pocos momentos a medio tiempo y donde más se aprecia la
combinación de dos voces que estaba presente en los comienzos del grupo o “Ballad
Of Frostbitten Heart”, el otro tema “lento” que hace honor a su gélido título,
muestran a una banda con mucho que ofrecer.
No
tardaría mucho la banda en volver a registrar un nuevo trabajo, pues en el 2003
salía “Frühlingserwachen”, segundo trabajo de ENDSTILLE. Ya
con Twilight Vertrieb, sello en el que estarían hasta su fichaje por Regain,
los alemanes registraban la continuación de su debut, aunque con sustanciales
mejoras. Musicalmente hablando no varía en exceso: las estructuras de los temas
siguen siendo sencillas y basadas en los tiempos más acelerados. Sin embargo,
la producción mejora notablemente e Iblis tiene un papel más protagonista,
abandonando casi totalmente la combinación con otras voces y centrándose en su
alarido más Black. Lo mejor está, después de una breve introducción en el que
la radio nos avisa de que Hitler ha muerto, en el propio tema título, bestial
asalto, que sabe combinar velocidad con momentos más groovies y donde las
melodías de las guitarras tienen un mayor espacio para fluir.
No obstante el
disco da para mucho más y composiciones como la monolítica y estática rítmicamente
“Ripping Angelflesh” o “1914”,
brutal en toda su extensión, alcanzando cotas de velocidad inhumanas, mantienen
el nivel de un disco que estaría por encima del debut del grupo aunque todavía
esperando un perfeccionamiento mayor. Como curiosidad, nuevamente el disco
acaba con “Endstille” (como en el resto de los trabajos del grupo), al igual
que en su debut, solo que aquí no son seis minutos de silencio absoluto y
sepulcral, rotos al final por una pequeña outro, sino otro gran tema a medio
tiempo, con un gran trabajo de guitarras y que cierra el disco de manera épica
y al mismo tiempo decadente.
Y llegaba el
momento de la confirmación, el tercer disco, “Dominanz”, del 2004. Si los dos
trabajos previos mostraban a una buena banda de Black, aunque aún por brillar,
en “Dominanz” ENDSTILLE despega y se desmarca con un par de cabezas de ventaja
del resto de coetáneos underground. La producción sin ser perfecta (luego en
“Navigator” la terminarían de redondear) ofrece la mejor cara del grupo, en especial
para las guitarras, que hasta ahora no habían logrado todo el protagonismo que
precisaban. Y eso se nota desde el trallazo inicial, “Dominanz”, con un
Mayhemic Destructor machacando su kit por todas partes y los afilados riffs de Lars Wachtfels clavándose
en nuestras mentes.
Compositivamente el trabajo es mucho más variado, aunque no
deja de ser “típico” (lo cual no es malo), resaltando las muchas partes de
inspiración Thrash que conforman sus temas, o combinando momentos de máxima
velocidad con otros más contenidos y rítmicos muy aptos para el headbanging. La
reivindicativa, “Conquest Is Atheism” (uno de los momentos más “old-school” del
disco, mirando directamente a HELLHAMMER y compañía), y las dos partes de
“Monotonus” (aquí la primera y la tercera, pues la segunda parte está en
“Navigator”), ejemplos de fantasmagoría en las guitarras, haciendo de la
disonancia el motivo central de los temas, conforman la crema, pero en ningún
momento hay relleno o bajón alguno, sin por ello variar su propuesta en exceso
entre los cortes. Nuevamente el cierre
lo pone otro “Endstille”, más de ocho minutos instrumentales ambientados con
samplers sobre la guerra y que acaban por resultar adictivos.
Continuando
con la costumbre de editar un disco al año, ENDSTILLE tenía en “Navigator” la
misión de terminar de explotar definitivamente y salir del underground para
pasar a la primera línea del Black germano. “Dominanz” tenía todas las
papeletas para ello, pero la distribución de su sello era tan pobre que los que
conocían a la banda tenían que rebuscar sus discos en catálogos perdidos por la
web. Los patrones se mantenían y el sonido limpio y frío que terminó de
resaltar “Dominanz” volvía a estar presente.
Todavía se les podía considerar
una banda “típica” en el sentido de que su gusto por el Black bien producido y
cargado de guitarras a lo DARK FUNERAL, MARDUK y demás seguía siendo su centro,
pero “Navigator”, como “Dominanz” ya empezó a mostrar, se hacía más variado,
combinando medios tiempos o temas más rítmicos como “I Bless You... God”, el
hipnótico “Bastard” o esa maravilla que es “Let There Be Heaven”, mi tema
favorito del disco, con otros despiadados e ideales para el directo como el
propio “Navigator” o el monocromático y absolutamente gélido “Above The Vault
Of Heaven”, uno de los más clásicos en estructura y ejecución y donde la voz
inhumana de Iblis pasa a ser otro instrumento más. Junto al descubrimiento de
sus compatriotas NEGATOR, de estilo más o menos similar, aunque más accesible,
“Navigator” fue para el que suscribe el bautismo con este grupo y junto a
“Dominanz” pienso que son sus mejores trabajos hasta el momento.
En definitiva, Regain Records trata con estas reediciones de poner a
ENDSTILLE en su lugar. Los que ya los conocieran y tengan sus discos, no
tendrán que readquirirlos porque se presentan en idéntico formato y sonido a
los originales. Los que no hubiesen encontrado sus trabajos por ninguna parte,
tienen una oportunidad única de hacerse con todos ellos en un instante. Los que
quieran empezar a conocer a una de las bandas más interesantes del panorama
Black, tienen cuatro piezas de las que partir, dos de las cuales (“Dominanz” y
“Navigator”), sin miedo a equivocarme, casi puedo decir que son imprescindibles
para cualquier aficionado al Black.
Algo
más de un año después de enfrentarme a “Catalogue Of Carnage”, llega a mis
manos un nuevo lanzamiento, el cuarto ya de su carrera, de los alemanes MISERY
SPEAKS y la verdad, pocas novedades se pueden encontrar con respecto a aquél en
“Disciples Of Doom”, lo cual por un lado es bueno y por otro lado malo, porque
repite los mismos puntos flacos, en especial la manía de sobresaturar las
producciones evitando que los matices fluyan y se paladeen en su justa medida,
dejando que sólo el poderío rítmico y la agresividad sean expulsados cual
torbellino a través de nuestros altavoces. En pocas palabras, MISERY SPEAKS
madura su sonido, se vuelve algo más variado que en el pasado, pero sigue
lastrando el ser heredero de su tiempo.
La
esencia es la misma Death Melódico con algún toque Metalcore, pero anecdótico,
fundamentalmente por algunas voces y algunas estructuras, pero no por seguir
los mandamientos del género. La influencia más marcada que salía en el pasado y
que sigue saliendo en el presente es NEAERA, manteniendo también esa
especialidad del sonido de MISERY SPEAKS que son unas guitarras hasta cierto
punto épicas y un gusto por la pesadez y el groove que recuerda lejanamente a
AMON AMARTH, algo en lo que su vocalista Claus Ulka en el pasado era pieza
fundamental y que ahora, con Przemek, se ha diluido a favor de un toque mucho
más americano en el tratamiento de las voces (salvo por su tono más gutural,
que me recuerda enormemente a la voz de camionero cabreado de Jan Chris de
GOREFEST). En definitiva, melodía, estructuras básicas, con elementos fáciles
de anticipar, bastante efectivas en primeras escuchas y algo cansinas según
avanzan las oportunidades que se le dan al trabajo, pero nada ante lo cual los
aficionados a grupos como BLACK DAHLIA MURDER, NEAERA, los renovados ALL SHALL
PERISH, puedan sentirse decepcionados.
La
evolución viene dada por un tratamiento de los riffs y los ritmos más cercanos
al Thrash Metal en los temas rápidos, algo que se hace evidente en “Burning
Path”, uno de los mejores temas del disco, pero sobre todo en “End Up In
Smoke”, con un toque muy CHIMAIRA de la última época, que genera un desmelene
de velocidad y riffs adictivos, y por otro lado, como contrapartida, un
tratamiento de ciertos temas mucho más elaborado y denso. Sin embargo, una vez
más, aunque esta vez sin la presencia de Dan Swanö, el disco suena prefabricado
y bastante constante en sus planteamientos. Y no se debe a que MISERY SPEAKS no
tenga recursos, los tienen y de hecho, no hay más que escuchar dos temas como “A
Road Less Travelled” o la propia “Disciples Of Doom”, las más largas del disco
junto a “Black Garden” (esta última con unas guitarras muy sureñas que quedan
muy bien), para entender que no sólo beben del Death Melódico más actual sino
también de estilos más decadentes y pesados que nacen directamente de la
escuela de Estocolmo de principios de los noventa. De ahí viene la notabilidad
del trabajo, de sus ideas, porque sus resultados en lo que ha sonido se refiere
son limitados o, cuanto menos, demasiado víctimas de los nuevos gustos y las
producciones recargadas de capas hasta la exasperación.
En
resumen, “Disciples Of Doom” es un suma y sigue en la trayectoria de una banda
joven, que esperemos que pueda por fin despegarse de su estigma contextual y
pueda hablar con voz propia en el futuro, sin tener que hacer concesiones a los
envoltorios de sus congéneres. NEAERA no lo ha logrado aún pero, sinceramente,
creo que MISERY SPEAKS está un punto por encima en nivel y puede demostrar más de
lo que “Disciples Of Doom” ofrece, aunque tampoco estemos ante un mal disco.