sábado, 4 de agosto de 2012

SPECTRUM ROAD - "Spectrum Road": Fiel homenaje a una banda imprescindible


El término “supergrupo” está un poco en desuso en los últimos tiempos, como tal no hay ningún “supergrupo”, como en su momento lo fuera ASIA, EMERSON, LAKE AND PALMER o CROSBY, STILLS AND NASH. Ahora nos tenemos que conformar con formaciones creadas para motivos muy concretos y que giran alrededor de personalidades asentadas. Es el caso de SPECTRUM ROAD, engendro salido de la mente del bajista JACK BRUCE, que en su momento estuvo, entre otros, con TONY WILLIAMS en LIFETIME, como homenaje precisamente al batería y a la citada banda de Jazz-Rock, para lo cual ha contado con expertos en el sonido buscado como CINDY BLACKMAN (añadiendo ahora su apellido de casada, SANTANA), VERNON REID o un sorprendente JOHN MEDESKI. Los cuatro dan forma a “Spectrum Road”, donde recorren ocho cortes que formaron parte del repertorio de LIFETIME y un par de añadidos, siendo uno de los lanzamientos de Jazz-Rock más esperados del año.

El resultado sin embargo, aunque de gran calidad, deja sensación agridulce. Por un lado, para los fanáticos de CINDY BLACKMAN, entre los que me incluyo, tenemos su último disco en solitario, “Another Lifetime”, cuyas premisas son casi idénticas a “Spectrum Road”. Aquel disco se concibió como homenaje a TONY WILLIAMS e incluso VERNON REID trabajó como invitado en el mismo, recorriendo casi la mitad del repertorio de “Spectrum Road” en aquel disco cuya salida dista ya dos años. ¿Era necesario volver a repetir la fórmula? ¿Qué aporta “Spectrum Road” de diferente a “Another Lifetime”? En lo formal, nada, en lo individual creo que “Spectrum Road” es superior. El citado disco de BLACKMAN pecaba a veces de ser demasiado políticamente correcto, en SPECTRUM ROAD, sin embargo, tenemos solistas solventes y un MEDESKI que hace lo que le da la gana, lo que les permite al grupo asumir más riesgos. La propia BLACKMAN interpreta menos ceñida, más libre e impulsada por el bajo de JACK BRUCE, dejando el papel protagonista a REID y MEDESKI. Hasta las partes vocales de “There Comes A Time”, “One Word” o “Where” están más logradas.

Por otro lado, ¿se ha logrado algo más que un homenaje? ¿Hay algo “nuevo” en “Spectrum Road”? He aquí el punto más negativo, pues salvo el propio brillo solista de cada intérprete y un MEDESKI siempre inventivo en todo jaleo en el que se mete, todo está demasiado ceñido al sonido que se busca recrear, incluyendo la producción plana y eléctrica al mismo tiempo, que hace que REID suene como un calco de JOHN McLAUGHLIN o ALLAN HOLDSWORTH. Está claro que BRUCE, buen conocedor del repertorio, quería sonar fiel al que fuera su jefe de filas en los setenta, y hasta en el propio nombre del grupo no quiso que se perdiera la referencia a LIFETIME ni a TONY WILLIAMS. Por eso eligió a los acompañantes que conforman el disco (con la única sorpresa de MEDESKI, realmente el que algo aporta aquí) y por eso también ha creado un programa tan previsible, donde sólo “Blues For Tillmon” se sale de la tónica. Lo dicho no quita para agradecer interpretaciones tan certeras como las de “Where”, donde más brillo solista hay como no podía ser de otra manera, “Vashkar”, una de las mejores del repertorio de LIFETIME, composición original de CARLA BLEY o la siempre pegadiza “Wild Life”, interpretada de una forma más libre y menos contenida que en “Another Lifetime” por parte de CINDY BLACKMAN.

Si tomamos SPECTRUM ROAD como lo que es, un “supergrupo” (las comillas cobran todo su significado) que rinde tributo a otro supergrupo (aquí con todas las de la ley), tenemos un disco muy disfrutable que nos genera ganas de re-escuchar en unos casos o iniciar la escucha en otros (que nunca es tarde) de la etapa eléctrica de TONY WILLIAMS. Si pretendemos algo más, no sacaremos mucho. El objetivo es claro y los resultados muy buenos, pero dentro del propio corsé buscado. Falta por saber si más allá del puro homenaje este cuarteto sería capaz de más cosas.

viernes, 3 de agosto de 2012

DISCHARGE - "Disensitise": Historia viva aunque lejos de la gloria


Clásico. Leyenda. Influencia máxima. Veneración... Así me podría tirar toda la crítica, y eso a pesar de que DISCHARGE realmente influyentes lo fueron hasta que empezaron a meterse en terrenos más metálicos, pero hasta que eso ocurriese, sus primeros trabajos y en particular esa joya llamada "Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing" son clásicos imperecederos del Punk y el Hardcore de finales de los setenta y principios de los ochenta. ¿Cuántos grupos podríamos contar con un prefijo DIS- en su nombre? Sólo hace falta darse un paseo por la escena sueca y los resultados pueden ser inabarcables. Si luego nos ponemos a analizar el famoso y repetitivo ritmo de batería, heredero de MOTÖRHEAD y que Tezz Roberts, sin saberlo, convirtió en lo que luego se llamaría D-Beat, podemos considerar a DISCHARGE como los padres, o cuanto menos, uno de los más influyentes miembros de géneros como el Crust o el Hardcore de los ochenta y también, por qué no, de muchas bandas extremas que en el ámbito del Grindcore acogieron sus bases rítmicas con furor.

El ir y venir del grupo posterior, sus devaneos con el Metal al uso, su vuelta a la formación y al sonido original a principios del nuevo milenio... DISCHARGE no ha sabido rentabilizar su leyenda, aunque pueden estar orgullosos de tener una estela alargada detrás de ellos gracias a sus primeros años de máxima inspiración. Por estas razones, acogí con escepticismo el nuevo trabajo de DISCHARGE, que por cierto, el grupo mismo se ha encargado de autofinanciarse y de distribuir, aunque aquí en España nos llegue de la mano de Locomotive Records. El hecho de que Cal Morris no estuviera en la formación, a diferencia de en su disco homónimo del 2002, sustituyéndole Rat Martin de THE VARUKERS y de que el padre del Drum Beat, Tezz, decidiera dedicarse a sus labores familiares, dejando su puesto a Dave Bridgwood (heredero absoluto de su toque, dicho sea de paso), me daba mala espina. ¿Daría pie esto a que el otro Roberts del grupo, Bones, diera rienda suelta a sus gustos más metálicos y abandonaran otra vez el Punk - Hardcore? ¿Se adaptaría el estilo al tono de voz de Rat, alejado del de Cal Morris?

La respuesta es "Disensitise", subtitulado como si de un diccionario se tratase, "(vb) Deny - Remove - Destroy", un disco que mantiene el origen pero que es más Speedíco que su retorno en el 2002, y que aunque rítmicamente sea una patada en la boca, nos hace echar de menos a Cal Morris, aunque Rat Martin le da un aire algo más extremo a la faceta vocal. Lo mejor es la estructura rítmica de los temas, el que busque el D-Beat de los orígenes lo tendrá en las baquetas de un Dave Bridgwood que ha aprendido bien la lección de Tezz, y el bajo distorsionado y con cuerpo de Rainy, siempre está presente. Lo peor, que Bones Roberts ha dejado fluir unos riffs más típicamente metálicos, haciendo de este disco un cruce entre el Crossover y el Punk original que amplía miras y gustará a antiguos fans y nuevos, pero que les hace perder su toque personal. En cualquier caso "Disensitise" es en mi opinión un digno trabajo que, con sonido renovado y actualizado a nuestros días, demuestra que los clásicos nunca mueren y siguen pateando las cabezas de unos cuantos niñatos recién salidos al mercado musical.

La línea del trabajo es muy constante y continua, lo cual es todo un acierto, pues de eso se trata en este estilo, dar cera y dejar los minimalismos y los repujados para otras ocasiones. En ese sentido, me parece que temazos de la calidad de "CCTV" o "They Lie You Die" merecen ser escuchados seas o no conocedor de los primeros años del grupo. El ritmo a piñón de Dave, el bajo "muro sónico", y los riffs entrecortados y acelerados, sólo teñidos de algún que otro sólo de raíz más metálica, hacen de estos temas bombas para cualquiera. Al igual que "Spoils Of War", más punkarra en su estructura, "Ignorance Your Surrender", más metálica en su desarrollo pero con un golpeteo de batería al principio que es puro Tezz, o ya al final "Will Deceive You". En el apartado más rítmico, me encanta "Beginning Of The End", que ya fuera grabada como single en 2006 y que rezuma bastante Rock en sus guitarras, además de mostrar una de las mejores interpretaciones de Rat en todo el disco. En cualquier caso, estamos ante un trabajo compacto y completo, que aunque no se acerque ni de lejos a sus mejores años (la falta de Cal pesa mucho), sabe entretener a aficionados al Punk y al Metal a partes iguales.

No digo que sea un disco imprescindible y una vuelta a los orígenes fundamental, pero el respeto profundo que tengo hacia estos señores y el resultado más que notable de "Disensitise" me hace valorarlos con benevolencia y reconociendo el esfuerzo de seguir descargando sus decibelios particulares a pesar de las modas y los contextos musicales actuales. Señores, estos tíos son historia y si no que se lo pregunten a unas cuantas centenas de grupos.

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TÉREZ MONTCALM -"Voodoo": Convencionalismo y personalidad al mismo tiempo


Como buena canadiense nacida en una familia de músicos, TÉREZ MONTCALM sólo podía acabar dedicándose también al pentagrama. La cuestión era saber en qué estilo, pues en su entorno tenía rockeros, jazzistas y amantes de la canción francesa (no en vano es de Quebec y por extensión se expresa tanto en inglés como en francés). Sus primeros pasos fueron dados a mediados de los noventa, y el eclecticismo del repertorio, centrado en la música Pop de cantautor, pero de variado espectro, ya dejaba ver que sería difícil encorsetar a TÉREZ en cuanto echara a volar por sí sola. Y así fue, cuando en 2006 sacó su cuarto trabajo, “Voodoo”, cantando tanto en inglés como en francés pero con predominio de lo primero (claras intenciones de abarcar un público mayor) y acompañándose de un productor y de músicos de ambientación Jazzy, proyectándose como una digna alternativa a las muchas cantantes de ascendencia nórdica que mezclan las formas Pop con la elegancia Jazz y que tanto éxito estaban teniendo (LISA EKDAHL, TORUN ERIKSEN, REBECCA BAKKEN, SILJE NERGAARD…).

Así, TÉREZ MONTCALM se aprovecha de su voz rota a lo BONNIE TYLER-JANIS JOPLIN, pero también de su candidez y cierta inocencia, y se acompaña de una banda de formas jazzistas, aunque con muchos elementos ajenos presentes, sirviendo de enlace con algunos discos de TOM WAITS (dejando a un lado la oscuridad intrínseca del gran artista citado) otro de los ídolos de TÉREZ. El resultado es sorprendente, no tanto por el sonido, pues es algo que se puede escuchar en las cantantes citadas anteriormente o incluso otras surgidas al amparo de la popularidad de NORAH JONES y DIANA KRALL, aunque en este sentido la raíz Jazz sea más profunda. Lo sorprendente viene de la mano de los arreglos y de un repertorio ecléctico pero que es interpretado de manera uniforme e intimista, dando sensación de continuidad y de estar ante una obra muy trabajada para las cualidades de TÉREZ MONTCALM, algo que se nota especialmente en los temas que no entran en el repertorio de standards habituales del Jazz o incluso en las composiciones propias aportadas por la artista.

En “Voodoo”, por un lado tenemos una selección de temas muy conocidos del repertorio de cualquier cantante de Jazz. Esta podría considerarse la parte convencional o amable del disco, la que busca claramente lanzar la voz de MONTCALM fuera de sus raíces canadienses y de sus apetencias menos jazzistas para ser vendida a un público que busca no tanto virtuosismo como sensaciones. La voz de TÉREZ puede ser un obstáculo para este objetivo, pues su tonalidad susurrante y rota no es precisamente llamativa en la interpretación de standards como “Love” (genial apertura del trabajo), “Close Your Eyes”, “I Want To Be Around” (muy rítmica pero sin dejar el lado intimista que busca el productor del trabajo para rodear la voz de MONTCALM) o “Be Anything” (donde también destaca la guitarra de TÉREZ). Por otro lado, la cantante también es guitarrista y lo reivindica en un puñado de piezas propias, que sin abandonar los cauces Jazzy, se tiñen de una mayor iniciativa instrumental, destacando “Growing Stronger”, la acústica “Shattered”, con cierto aire Folk y en menor medida “Parce Que y a Toi...”, cuyos juegos vocales no me terminan de convencer. Finalmente, tenemos lo mejor de “Voodoo”, las reinterpretaciones de temas Pop-Rock como el archiconocido “Sweet Dreams” de los EURYTHMICS, la melancólica “Sorry Seems To Be The Hardest Word” de ELTON JOHN, nuevamente con un gran trabajo en la guitarra y sobre todo “Voodoo Child”, de JIMI HENDRIX arreglada de forma muy acertada a medio tiempo y con mayor oscuridad y menos excitación Blues.

La personalidad intrínseca de la voz de TÉREZ MONTCALM unida a un entorno musical más convencional, puede parecer un vehículo efímero para alcanzar a un amplio público sin perder la esencia de su interpretación, sin embargo, “Voodoo” muestra muchas más cosas: muestra ganas por sorprender, ganas por no abandonar un bagaje no nacido de unos meses sino que se extiende más allá de una década antes de que saliera al mercado este disco, y muestra ganas por ir más allá en la búsqueda de un sonido propio. Todo ello sería demostrado posteriormente, en especial en “Connection”, donde TÉREZ repetiría fórmula pero daría un paso más. Mientras tanto “Voodoo” es un disco de escucha agradable y que da a conocer a una vocalista e instrumentista propia y personal, menos prefabricada que otras con fórmulas de partida similares.

jueves, 2 de agosto de 2012

GORGOROTH - "Black Mass - Krakow 2004 DVD": Mucho ruido y pocas nueces


La expectación que levantan determinados actos es sorprendente. Hace quince años, cuando MAYHEM salía a actuar con cabezas de animales y otros elementos de atrezzo similares, que yo sepa nadie armó mucho revuelo. Es más, ya en otros géneros, algunos dioses como ALICE COOPER u OZZY OSBOURNE se han apoyado en elementos escénicos casi tan escandalosos y nadie ha dicho nunca nada. Por eso sorprende que GORGOROTH actúe en el estudio de una televisión de Polonia, con el fin de grabar un futuro DVD y lleguen las autoridades locales hasta a “secuestrar” los masters de la grabación. ¿Por qué? Por la escenografía usada, considerada ofensiva contra la religión y los animales. ¿Y es para tanto realmente?

Partiendo de la base de que las letras de GORGOROTH no son precisamente amables con la religión cristiana (si contara el número de veces que alaban a Satán perdería la cuenta), sólo resta comprobar si visualmente es tan denigrante como dicen. Sorprendente es, y viendo lo poco que se mueven los miembros de la banda en escena casi se agradece tener algo en lo que buscar detalles visualmente durante la actuación, pero cualquier escenografía de La Fura Dels Baus la veo más ofensiva que esto la verdad: una docena de cabezas de borrego, que evidentemente ya estaban muertos antes de usarlas, y cuatro modelos que permanecen crucificados, con las cabezas tapadas y desnudos en escena. El resto, una espesa niebla constante que resta visión al concierto (como muchos comprobaron en Madrid la última vez que actuaron los noruegos) y los maquillajes habituales del Black Metal. ¿Motivo para tanto revuelo? yo creo que no, pero han logrado un efecto colateral fundamental: autopromoción para este lanzamiento, que se pone a la venta cuatro años después de su grabación, una vez que GORGOROTH ya había pasado por otra serie de acontecimientos controvertidos, como la lucha interna de sus miembros por el nombre de la banda.

Antes de entrar a analizar el contenido musical de “Black Mass – Krakow 2004”, y una vez puestos en antecedentes, hablaré del acabado final del DVD: Lo mejor, el juego de cámaras, nervioso y variado que permite dar dinamismo a un concierto, que como luego comentaré, debido a la pasividad de los miembros del grupo se podría hacer pesado de ver. También se agradece el que, a falta de palabra alguna por parte de Gaahl y compañía, se sobreescriban los títulos de los temas indicando el disco al que pertenecen. Sin embargo, hay algo que hace caer la balanza de la puntuación final, la duración. Poco más de cincuenta minutos, que se complementan con dos temas grabados de forma casera en el With Full Force de 2000 y las típicas galerías de fotos, biografía... me parece un material muy escaso, aunque no cabe duda de que Metal Mind acostumbra a producir este tipo de DVD centrándose en una actuación por corta que sea y aportando pocos extras al conjunto, además de sus trabajadas ediciones especiales en cajas metálicas y demás.

En cuanto al concierto en si mismo, éste comienza fuerte enlazando “Procreation Satan” y “Forces Of Satan Storms” dos temas de “Twilight Of The Idols”,  siendo en especial el primero de ellos, “Procreation Satan”, el más dinámico, aún con nuestras pupilas dilatadas para no perder detalle de toda la escenografía, acertadamente descrita en estos primeros compases por un juego de cámaras que no para quieto ni un minuto, supongo que para aportar un grado de excitación que los miembros de GORGOROTH no aportan, pues salvo Apollyon, de los gloriosos y extintos CADAVER, que actúa como músico de sesión para el directo y aporta segundas voces que apenas se oyen desafortunadamente, y King Ov Hell, tanto Infernus como sobre todo Gaahl, se mueven menos que los ojos de Espinete. Vale que el Black Metal no es sólo música, sino también teatralidad y actitud, pero es que Gaahl tiene menos carisma que una lagartija tomando el sol: ni un solo gesto, ni un solo movimiento, solo maquillaje y su voz, que dicho sea de paso no es lo más brillante del directo pues pierde un poco de fuerza en los momentos en que hace uso de su voz más gutural.

Dicho esto sobe el inefable “frontman” de GORGOROTH, el concierto continúa tras la tralla inicial con la mejor parte del show en lo que a set-list se refiere, volviendo a la fórmula de tocar seguidos dos temas del mismo trabajo, le toca el turno al glorioso “Antichrist” con “Possessed (by Satan)” y la enorme “Bergtrollets Hevn”, cuyas melodías y mala leche contenida es de lo mejor del Black Metal noruego de mediados de los noventa. Por cierto, que a estas alturas del concierto dos de los cuatro modelos que permanecían crucificados a las espaldas de la banda, las dos chicas en concreto, después de acabar sofocadas por el calor supongo, han optado por bajarse de su pedestal dejando el decorado algo más vacío que al comienzo. Avanzando en la historia de la banda, los mejores minutos de la actuación, musicalmente hablando, siguen corriendo gracias a los temas ahora de otra las grandes obras de GORGOROTH, “Under The Sign Of Hell”, del cual tocan dos de sus mejores cortes, “The Rite Of Infernal Invocation” y “Profetens Apenbaring”. Quizás sean discos arquetípicos, pero para mi gusto los tres primeros trabajos de GORGOROTH, “Pentagram”, “Antichrist” y el recién citado “Under The Sign Of Hell”, son obras esenciales dentro del Black noruego. Si el concierto se basara solo en ellos tendrían material de sobra para hacer disfrutar a cualquier aficionado al Black de libro.

Afortunadamente GORGOROTH sabe cual es su fuerte en el aspecto compositivo, y tiene en “Under The Sign Of Hell” el referente de su set-list, cayendo del mismo otros tres cortes más: “Odeleggelse Og Undergang”, “Blood Stains The Circle”, donde Kvitrafn se erige como protagonista tras los parches gracias a los cambios de ritmo del tema, y la brutal y excitante, “Revelation Of Doom”. Entre medias de dichos cortes les queda espacio para la fría y aburrida en mi opinión “Of Ice And Movement...”, “Unchain My Heart!!”, “Destroyer” e “Incipit Satan”, esta última como necesario cierre de su concierto, pues es una de las mejores del disco del mismo nombre y tiene formas hímnicas, que sin embargo pierden en directo gran parte de su magia. Se podría resumir por tanto que el set-list escogido es bastante notable, aunque obvien completamente “Pentagram”, el mayor protagonismo de su primer trabajo en larga duración lo compensa. Otra cosa es la ejecución y la atmósfera recreada: tocar todo a piñón, sin decir ni la más mínima palabra, estar más quietos que un monolito y la aparente desgana de Gaahl cuando canta, hacen que el show sea espectacular por todos los fuegos de artificio y el decorado diseñado para la ocasión, pero no porque estemos ante una banda que contagie su fuerza en directo.

En definitiva, un DVD que es en mi opinión más ruido que nueces, apoyado por una campaña de autopromoción brutal (como el propio Gaahl declara, todo lo que se montó alrededor de este concierto seguramente les ayude a vender más), y que muestra a una banda sin carisma y que si no fuera por todos los “aderezos”, y la calidad intrínseca de sus composiciones más clásicas, aburriría a cualquiera sobre las tablas. Teniendo en cuenta que en general es una norma en las bandas de Black Metal el conseguir recrear al menos la mitad de la atmósfera de sus discos en el escenario, se puede perdonar la frialdad del show, pero aún así no estamos ante el concierto de la década ni del año en lo que a Black Metal se refiere.

(Crítica publicada también en: http://www.rocktotal.com)

JOHN ZORN'S MOONCHILD - "Templars: In Sacred Blood": Tributo ocultista a los Templarios


Desde que JOHN ZORN cerrase el capítulo de NAKED CITY, ese invento a medio camino entre el Jazz, el Avant-Garde, el Grindcore, el Doom y la música de banda sonora, la brutalidad no volvería en cuanto a formas (sí en cuanto a contenido) en su música hasta la creación del trío MOONCHILD junto a su alter ego en el apartado vocal, MIKE PATTON, el bajista TREVOR DUNN y el eterno JOEY BARON dando lecciones de batería en cada nueva entrega. Cinco discos había dado de sí este trío, aumentado en ocasiones mediante coros, el propio saxo de ZORN, la guitarra de RIBOT, etc… Con “Templars: In Sacred Blood”, JOHN ZORN abre un nuevo capítulo de MOONCHILD, el sexto ya en su trayectoria: el espíritu es el mismo, la misma formación, en este caso aumentada con total acierto por el órgano de JOHN MEDESKI, con el que en los últimos tiempos ZORN ha estado colaborando mucho, y también el mismo estilo primigenio y agresivo que ha hecho famoso a MOONCHILD.

Como todo trabajo de JOHN ZORN, además de la música, “Templars: In Sacred Blood” recoge un concepto, en este caso, la historia de los Templarios, la orden monástica que a principios del siglo XII se erigió como brazo de ataque de la Iglesia Católica y que dos siglos más tarde fue barrida de un plumazo alegando acercamientos herejes por parte de sus miembros. De ahí que se utilice su famosa iconografía como imagen de la portada de este disco y que la línea narrativa de los temas siga la historia de la orden. Una vez más el tema del ocultismo aparece, como en otros lanzamientos de JOHN ZORN y en especial con MOONCHILD, pero también vuelve a hacer presencia la agresividad y el sonido grueso y oscuro generado mano a mano entre TREVOR DUNN y JOEY BARON, acompañamiento denso y demoníaco a los continuos gritos, cambios de tonalidad y sonidos variados de PATTON. La novedad en este aspecto radica en dos elementos nuevos: JOHN MEDESKI, que aporta inquietud y tensión a los cortes más atmósféricos y el hecho de que, por primera vez desde que colabora con ZORN, MIKE PATTON tiene letras y no sólo sonidos qué expresar.

El trabajo se abre con incertidumbre, con una línea de bajo contenida y una inquieta atmósfera recreada por MEDESKI y los juegos rítmicos de BARON. “Templi Secretum” abre así el recorrido biográfico-musical de la orden de los Templarios, de manera progresiva, incrementando la densidad hasta que PATTON hace su aparición. Una línea bastante similar sigue “Evocation Of Baphomet”, con mayor protagonismo para las palabras de PATTON que adquiere una tonalidad rota y grave para dar mayor sensación de misterio a la temática ocultista y un DUNN que hace a la perfección su trabajo de conductor musical de la composición. El primer giro lo da “Murder Of The Magicians”, donde la elección de MEDESKI como acompañante en este disco cobra todo su sentido, dando un aire monástico a la atmósfera del corte mientras PATTON experimenta con texturas gregorianas en sus coros y recupera sus susurros heladores, hasta estallar en una tormenta de decibelios y disonancias y un ritmo contenido por parte de DUNN y BARON que genera una sensación demoníaca muy acertada. “Prophetic Souls” continúa profundizando en las posibilidades atmosféricas de MEDESKI y los susurros y narraciones de PATTON, que acaba haciendo un genial trabajo en la parte final del tema, introduciendo también sus inflexiones vocales exageradas, pero sin abandonar el toque más narrativo y envolvente de la composición. 

El sonido puramente MOONCHILD, con cierto aire klezmer en los ritmos, pudiendo trazar ciertos paralelismos con “The Crucible” aparece en “Libera Me”, tema corto para lucimiento del trío DUNN, BARON, PATTON que hará las delicias de los que hemos seguido esta formación desde sus inicios. Su ubicación sirve de enlace para otro momento atmosférico, narrativo e inquietante, “Second Sanctuary”, donde ZORN vuelve a demostrar que se puede crear una película de miedo sin necesidad de imágenes: bastan los susurros e interjecciones de PATTON, el sonido inquietante de DUNN y BARON y los efectos misteriosos de MEDESKI para generar miedo, que acaba eclosionando en adicción rítmica en la parte final del tema, muy rockera en su concepción y ejecución. Más variado en su estructura y también más alocado y extremo es “Recordatio”, nuevamente con una sesión de ritmos contenidos por parte de BARON y DUNN que enganchan directamente con el elemento Jazz de este proyecto. Finalmente, “Secret Ceremony” se encarga de cerrar el trabajo, convirtiéndose en el tema más largo del plástico y también el más inquietante y denso, lleno de efectos tanto por parte de PATTON como por parte de MEDESKI, aumentando la sensación ocultista que rodea todo el álbum.

Como se puede ver, utilizando MOONCHILD como vehículo de expresión agresiva, JOHN ZORN ha vuelto a dar rienda suelta a sus temores y gusto por “el otro lado” en “Templars: In Sacred Blood”. Hace mucho tiempo que ZORN es él y sus circunstancias, siendo imposible encontrar otra personalidad tan propia como la suya capaz de abarcar TODO lo que uno puede pensar que existe en el arte de la música. Este disco es otra prueba más de ello.

miércoles, 1 de agosto de 2012

GALLHAMMER - "Ill Innocence": Disonancia, crudeza y agresividad ocultista


Segundo disco completo del trío de chicas japonesas GALLHAMMER después de fichar con Peaceville por mediación de Nocturno Culto y Fenriz y de haber editado un completo compendio de demos y vídeos como fue “The Dawn Of Gallhammer”, que adquirí cuando salió por pura curiosidad y me descubrió a una banda cruda, casi hiriente en sus formas de interpretar la música, pero llena de oscuridad, rebeldía y mala leche.

Con “Ill Innocence” (supongo que cuentan también como disco la citada recopilación de demos), GALLHAMMER vuelve sobre sus pasos y con una mejor producción que en las demos (sin grandes alardes desde luego), pero manteniendo la abrasión sonora que se gasta este trío femenino, continúa insistiendo en su forma primitiva de ver la música, pero a la vez adictiva. Las venden como una mezcla entre Black Metal y Punk, lo cual es muy cierto, pues actitud Punk desprenden las chicas por todos sus poros, pero yo añadiría un matiz a la definición y es que como su procedencia tiene que influir en algo, GALLHAMMER tiene mucho más de Doom que de Black, teniendo una raíz más metida en bandas de su entorno como COFFINS o DOT, aunque pasándolo por el velo sucio y punkarra. Si escuchas “At The Onset Of The Age Of Despair”, largo tema de más de siete minutos donde Mika Penetrator y Vivian Slaughter (los sobrenombres son de órdago) se despachan a gusto con sus voces inhumanas con clara influencia de BURZUM, o la postrera “Sonf Of Fall”,  comprenderás el por qué de la raíz más Doom del grupo.

Así el disco se divide entre los temas más crudos y típicos en lo que a influencia Black se refiere y los largos desarrollos, con guitarrazos alargados hasta los límites de la técnica. Ningún tema te sorprenderá por sus grandes dotes instrumentales, es más, GALLHAMMER huyen de todo ello y se centran en escupir sus rabias internas para desprecio de algunos oyentes (aunque en temas como “Blind My Eyes”, la voz de Risa Reaper, la tercera en discordia, llega a poner de los nervios hasta a los que nos hemos sentido bastante atraídos por su música, con su chillido de rata de alcantarilla, dicho desde el cariño...) y deleite de ellas mismas (de ahí lo de la actitud Punk). Huyen de virtuosismos y se centran en meter cuatro riffs bien metidos, ir a piñón fijo con los ritmos y reducir la instrumentación al mínimo.

En ocasiones la crudeza del sonido puede hacer que cortes de estructura algo caótica y poco fija como “Delirious Daydreamer” que se pueden considerar, junto a “Ashes World”, las “baladas” del trabajo, con elementos que por momentos pueden parecer sacados de una banda de post-Grunge, resulten algo densos de escuchar, pero en general este sonido casi descuidado y maquetero (masterizado por el propio Nocturno Culto), se hace imprescindible para el estilo particular que practica el trío japonés. El punto negativo es que falta un hilo conductor. GALLHAMMER demuestra buenas dotes para demostrar que hacer las cosas simples, es a veces lo más difícil, pero parece que han querido demostrar demasiadas cosas en esta ocasión, haciendo que el disco con el tiempo parezca algo falto de coherencia. No obstante, cuando se dedican a meter caña y nada más, las tres son maestras absolutas, como “Killed By The Queen” demuestra, en uno de los temas más reverenciales hacia sus mentores DARKTHRONE de todo el disco.

Si la disonancia musical es lo tuyo, si estás harto de las sobreproducciones y quieres crudeza y agresividad, si quieres recibir toda una lección de cómo hacer temas con tres o cuatro elementos bien puestos... GALLHAMMER es tu grupo. Yo creo que aún están por explotar en todo su potencial, pero “Ill Innocence” es un gran trabajo, no apto para todos los públicos, lo reconozco, pero orgánico y destructivo como pocos.

(Crítica publicada también en: http://www.rocktotal.com)

JOHN McLAUGHLIN - "The Promise": Resumen a casi medio siglo de carrera


Hay momentos en la carrera de un artista en los que es necesario pararse y hacer resumen de todo lo vivido y desarrollado a lo largo de los años. Lo malo es cuando nos encontramos ante un músico con una dilatada carrera y una gran variedad de sonidos ofrecidos a lo largo de la misma, como así ocurre con el inglés de nacimiento JOHN McLAUGHLIN. Descubierto para el gran público, como tantos otros, por MILES DAVIS en su etapa eléctrica, siendo culpable en gran medida de cosas como “Bitches Brew”, el guitarrista trajo al Jazz la excitación del Rock, el virtuosismo de la música clásica y el gusto por los viajes musicales a lo largo del mundo, con especial cariño por la India y España. Con todo ello, JOHN McLAUGHLIN fue un guitar hero, un guitarrista flamenco, un representante de la World Music y de vez en cuando un jazzista. Ya pasada la cincuentena y con una decena de formaciones a sus espaldas, McLAUGHLIN decidió hacer un resumen con “The Promise”, el disco más amplio en cuanto a sonidos que uno puede encontrar en su discografía.

Si te gusta JOHN McLAUGHLIN, da igual en qué encarnación, te gustará “The Promise”. En este disco aparece su faceta rockera, su faceta Post-Bop, su faceta flamenca, la fusión ochentera, el recuerdo a SHAKTI y la música hindú… el guitarrista no se deja nada en el tintero. Esto da como resultado un trabajo tributo a su pasado y que no para un momento quieto. No se puede valorar “The Promise” en conjunto, porque puede pecar de inconexo, pero cada pieza es única en sí misma y sirve de conexión con algún capítulo de la historia musical de JOHN McLAUGHLIN. Afortunadamente la producción permite que las muchas transiciones se hagan sin mayores problemas, aunque el único “pero” achacable es la gran diversidad en cuanto a estructuras de los temas, pues encontraremos cortes que se acercan al cuarto de hora y otros que ni llegan al minuto que sirven de interludio entre las transiciones, pero que pueden llegar a descompensar un poco la narración musical de “The Promise”.

El trabajo se abre en clave de Jazz pero visto a través de la excitación Rock. Junto al enorme JEFF BECK (acompañándose de PINO PALLADINO, MARK MONDESIR y TONY HYMAS en la sección rítmica), JOHN realiza un ejercicio de heroísmo instrumental adaptando al Rock progresivo el tema de JOHN LEWIS en honor a DJANGO REINHARDT, “Django”. Brutal es poco, pues ambos guitarristas están muy inspirados en sus solos y recrean una atmósfera muy emotiva al mismo tiempo. El siguiente capítulo mira a THE FREE SPIRITS, el trío de McLAUGHLIN junto al organista JOEY DeFRANCESCO y el batería DENNIS CHAMBERS, con una composición homenaje a MONK salida de la cabeza del guitarrista, “Thelonious Melodious”, que en poco más de cinco minutos ofrece uno de los momentos más puramente jazzistas del disco. Otro tema propio, “No Return” ejerce también de homenaje a MILES DAVIS en su etapa ochentera, llegando así al segundo momento culminante, “El Ciego” donde se reúne el trío de virtuosos de JOHN, PACO DE LUCÍA y AL Di MEOLA (anticipo de un nuevo disco que los tres sacarían un año después). Nueve minutos de auténtica delicia que preceden al clímax de “Jazz Jungle”, rodeado de un grupo de instrumentistas representantes de la fusión más avanzada como son MICHAEL BRECKER, DENNIS CHAMBERS, DON ALIAS, JAMES GENUS y JIM BEARD que durante un cuarto de hora se despachan a gusto, en especial BRECKER con un solo efusivo que es una maravilla. 

Después de un momento de tanta euforia, McLAUGHLIN recupera en “The Wish” otra de sus formaciones de más éxito, SHAKTI, ese invento de fusión indio-jazzística junto a TRILOK GURTU, ZAKIR HUSSEIN y NISHAT KHAN y que también sentaría precedente para otro renacimiento del grupo un par de años más tarde de que “The Promise” saliera al mercado. El siguiente paso después de un par de interludios vuelve a mirar a la fusión avanzada en “Shin Jin Rui” con el mismo grupo que en “Jazz Jungle”, pero cambiando a BRECKER por otro de los representantes del saxo en la fusión, DAVID SANBORN, lo que implica menos efusividad solista y algo más de textura radiofónica. Y finalmente, el disco se cierra con otra composición ajena a McLAUGHLIN, la única junto a la apertura del trabajo, “The Peacocks”, debida a JIMMY ROWLES y que une música y poesía lorquiana, de la mano de sonidos cálidos y acústicos, junto al también guitarrista PHILLIPE LOI, cerrando de manera reposada y evocadora un disco ecléctico y variado al máximo.

Como resumen a toda una vida dedicada a la música, “The Promise” es impagable. Cargado de clímax y contrastes, este disco es un homenaje a JOHN y a sus fans de toda la vida, aquéllos a los que les gusta el sonido de McLAUGHLIN en cualquiera de sus muchas encarnaciones. Si quieres acercarte a su universo, también puede valer, puesto que desde aquí puedes ir tirando hacia su pasado según qué composiciones te hayan llamado más la atención. Si por el contrario no todo lo que ha hecho el guitarrista a lo largo de su historia te llega a convencer, será mejor que dejes pasar “The Promise”, demasiada variedad que puede resultarte irregular. En cualquier caso, un gran trabajo en la dilatadísima carrera del guitarrista y un auto-homenaje necesario.