miércoles, 18 de junio de 2014

BILL EVANS & GEORGE RUSSELL - "Living Time": Creatividad a raudales.


Hay artistas que son mundos únicos en sí mismos. Es el caso de GEORGE RUSSELL y de BILL EVANS, el primero, junto a Gil Evans uno de los mejores arreglistas de la historia del Jazz y la Música contemporánea. El segundo el padre de casi todos los pianistas líricos de Jazz de la segunda mitad del siglo XX. Juntos ya habían confluido en alguna ocasión, pero en 1972 se produjo una colaboración de estas que nadie da un duro por ella una vez obtenido el resultado, pero que marcan un hito en las carreras de sus creadores. "Living Time", nombre que recibía la orquesta de Russell y el propio trío de Evans (éste usando el piano eléctrico también), es un disco que no gusta a nadie seguidor de ambos genios, pero al mismo tiempo es exponente de una época y una rara avis única en su especie.

"Living Time" se divide en Eventos y es un viaje interestelar. Russell nunca fue un arreglista al uso, tanto en los años cincuenta como en los setenta, siempre estaba un paso por delante. Y este disco es buena prueba de ello. El Jazz estaba cambiando, la libertad sonora del Free estaba dando su brazo a torcer y la fusión rockera que Miles Davis encabezó, se encontraba en su momento de mayor explosión. Russell optó por ambas cosas. Sobre una base eléctrica, desarrolló una suite arriesgada, dodecafónica y desquiciada en donde BILL EVANS es un mero elemento más del conjunto, ajeno a su introspección y su lirismo habitual.

La violencia de los arreglos, la presencia de solistas de la talla de Sam Rivers, Howard Johnson o Jimmy Guiffre, la esquizofrenia de la doble sección rítmica, en la que al trío habitual de Evans se le añaden Tony Williams y la tríada Ron Carter, Stanley Clarke y Herb Bushler en el bajo eléctrico, la disonancia de Sam Brown con su guitarra... todo confluye en cada evento, con contrapuntos y momentos de mayor o menor lucidez, pero siempre con un halo de inquietud y absorción sonoras que envuelven la escucha de "Living Time" haciendo de ésta un viaje claustrofóbico y enigmático al mismo tiempo.

No es un trabajo fácil. De hecho fue un descalabro económico para ambos músicos, encontrándose enterrado en la discografía de ambos y no siendo reeditado nada más que en Japón, donde no tienen complejos a hacer labores de arqueología musical. Pero "Living Time" goza de esa virtud que artistas de la talla de Russell y Evans poseen: creatividad. 

viernes, 6 de junio de 2014

PHAROAH SANDERS - "Love In Us All": Hacia la transición espiritual


PHAROAH SANDERS fue el alumno más aventajado de JOHN COLTRANE. El saxofonista fue la extensión de Trane hacia la espiritualidad y la libertad de formas. Siendo parte de las últimas formaciones de Coltrane y permaneciendo hasta el final con él, SANDERS debió sentir la pérdida de John como la de un hijo con su padre. Desde que en 1967 Coltrane muriese, SANDERS buscó su propio karma, sus pensamientos más profundos y la unidad de la comunidad negra, por jugar con los títulos de sus mejores trabajos. Llevando siempre un paso más allá las enseñanzas de su mentor, tanto en la interpretación (aún más fogosa y extrema si cabe), como en la inspiración (mucho más espiritual y elevada), como en la composición (totalmente libre y derrochadora en extensión y espacios), PHAROAH SANDERS se convirtió en lo que COLTRANE alguna vez quiso ser, o se supone que buscaba ser.

Cuando “Love In Us All” salió, el mundo del Jazz volvía a estar de cambios. El sello que se había convertido en el hospedaje de los músicos de Free Jazz en los sesenta y que tan ligado estuvo a Coltrane, Impulse, se dio cuenta de que tenía en nómina a muchos músicos avant-garde que no encajaban en los derroteros que estaba tomando el Jazz, fusionándose con otras músicas, en particular el Rock y el Soul. La estrategia seguida por Impulse fue la de, por un lado buscar nuevas vetas musicales, y por otro “transformar” a sus protegidos. Ahí tenemos a Ayler o Shepp, que acallaron un poco sus proclamas furiosas con el saxo y lo transformaron en algo más audible y cercano al Soul y a la música negra popular. SANDERS hizo lo mismo, pero aún tardaría en llegar su transformación y de hecho se produjo fuera de Impulse, siendo “Love In Us All” el penúltimo disco con el sello en 1973 y “Elevation” el capítulo final en 1974.

“Love In Us All” se empapa de esta situación: dos largas composiciones que son totalmente contrapuntísticas. La primera, “Love Is Everywhere” es un compendio de percusiones, voces y melodías de alma profunda. Durante 20 minutos SANDERS repetirá una y otra vez los mismos fraseos, acolchado por los juegos armónicos de Joe Bonner en el piano y el pulso constante de Cecil McBee en el bajo. La primera parte de la composición se basa en la voz, en constantes coros de inspiración africana y calado casi religioso, que repiten una y otra vez el título del tema. El resto es un constante ir y venir de percusiones mientras Bonner roza los abismos de la armonía y SANDERS insiste en la melodía principal. Es el tema que más transición refleja: SANDERS recoge las enseñanzas de la World Music que están presentes en discos pretéritos y las lleva hacia terrenos libres, pero controlados, reflejo de lo que vendría después en “Elevation” y más adelante en la carrera del saxofonista.

Pero lo bueno viene en la segunda composición, “To John” que es un homenaje a su maestro. Aquí no hay concesión: SANDERS comienza de forma “pausada” pero en pocos instantes nos ofrece la interpretación más furiosa de su carrera. PHAROAH SANDERS lleva al límte el saxo tenor, lo retuerce, le hace chillar, lo maltrata, envuelto en una producción fantasmagórica, en medio del eco de la lejanía, del ir y venir de su sonido (probablemente improvisaba en plenos movimientos de efusividad y locura y el micrófono no captaba todo con igual intensidad). El fuego, el infierno de su interpretación se ve acompañada de un mar de percusiones y poliritmos alocados y densos con Norman Connors a la cabeza, un Bonner haciendo escalas a lo McCOY TYNER, ausente, en su mundo (aunque genial en su momento de lucimiento allá por el minuto 13 de la composición, seguido de un solo con arco de Cecil McBee), un trompetista no listado en los créditos (por la época en que se grabó el disco, probablemente fuera Marvin "Hannibal" Peterson) rompiendo las escalas y el contrapunto de la flauta (y probablemente un segundo saxo) de James Branch. Durante otros 20 minutos hemos sido golpeados por una oda salvaje y descontrolada a la música más libre que se puede escuchar, nunca mejor homenaje para su maestro…

El conjunto es como si fueran dos discos. Si tenemos el vinilo original, se puede optar por hacer una escucha separada en el tiempo, o usar la primera cara para entrar en trance y la segunda para descender directamente al infierno… Sea como sea la forma de afrontar el trabajo, en “Love In Us All” encontramos un viaje a lo espiritual, a lo global y a lo elevado. Todo lo que quiso Coltrane y su amor supremo, lo reproduce SANDERS aquí. Un disco de transición sí, pero una joya para no dejar a un lado…

miércoles, 4 de junio de 2014

GREEN CARNATION - "Light Of Day, Day Of Darkness": Una experiencia vital única.


Hablar de un disco de una hora de duración no es nada anormal. Que ese disco sea de Rock / Metal con tintes progresivos, tampoco es anormal. Que los miembros del grupo provengan de bandas extremas, pero sólo la oscuridad que sirve de trasfondo sea lo que resta aquí (además de alguna voz rasgada), siendo la música mucho más relajada y envolvente, tampoco es nada raro. Que ese disco se componga de una sola canción… Ahí sí puede que hablemos de algo “raro”. Efectivamente, los sucesores de IN THE WOODS (y predecesores, pues GREEN CARNATION fue el inicio, luego tornó en IN THE WOODS y cuando éstos se disolvieron, GREEN CARNATION volvió a formarse), de la mano de su guitarrista Tchort (activista en CARPATHIAN FOREST, EMPEROR y BLOOD RED THRONE… de lo mejorcito en cuanto a Black y Death como se ve), dieron a luz a un segundo trabajo que es un sueño, un viaje, una sinfonía de luz y oscuridad al mismo tiempo, un regalo de Tchort compuesto íntegramente por él para su recién nacido hijo en aquel año 2001.

La banda noruega seguía la estela de otros extremos de segunda oleada como PROMETHEAN / BLACK CRUCIFIXION, DIABOLICAL MASQUERADE o los ya citados IN THE WOODS: se acogen influencias de los años sesenta y setenta (el Hammond siempre presente es prueba de ello), se desarrollan estructuras extensas que dejen espacio para elementos de todo tipo, se asume un aura envolvente y progresiva que mantiene al oyente alerta de cualquier detalle y se le añaden algunas enseñanzas metálicas en forma de riffs y ritmos de doble bombo o incluso algún blast beat ocasional. Las voces oscuras prácticamente desaparecen salvo alguna excepción y en su lugar los efectos instrumentales y en las propias líneas vocales, enriquecen aún más la música dando lugar a trabajos detallistas y donde es difícil aburrirse, para deleitarnos con las largas secciones instrumentales (pero no en un sentido virtuoso a lo DREAM THEATER) y los pasajes atmosféricos.

El reto está en conseguir reunir a RUSH, BLACK SABBATH y GENESIS, al mismo tiempo que a EMPEROR, MY DYING BRIDE y DEATH. En ese sentido, desde los inicios OPETH ha basado su propio sonido en estas referencias, pero grupos como IN THE WOODS y por extensión GREEN CARNATION lo llevaban más allá en el lado progresivo. Después de separarse IN THE WOODS y que GREEN CARNATION volviese a la vida, y tras un debut, “Journey to the End of the Night” que recuerda un poco a DIABOLICAL MASQUERADE, pero más anclado en el sonido conciso y redondo de la composición en sentido clásico (aunque los cortes superaban los diez minutos en muchos casos), la banda de Tchort, inspirado en las sensaciones y esperanzas que el nacimiento de su hijo le inspiraba, decidió embarcarse en este viaje durante una hora: “Light of Day, Day of Darkness”.



La composición sigue una estructura con altibajos, contrapuntos necesarios, mientras Kjetil Nordhus en un tono lúgubre, mezclado con partes operísticas, va relatando un sueño, un mundo imaginario en el que él mismo es dios, en el que se controla la soledad y los sentimientos, y todo está protegido de incertidumbres. El trasfondo musical está estructurado entorno a la sección rítmica, con in crescendos constantes y algún pasaje más Doom, líneas melódicas y riffs que sirven de columna vertebral y se van repitiendo a lo largo de la composición, quedándose al final grabadas y una labor sinfónica de teclados, coros operísticos (e infantiles también) y sección de cuerdas que redondean el conjunto desde el punto de vista atmosférico. El resultado es excelente: Tchort consigue envolvernos y emocionarnos, sentir oscuridad y luminosidad al mismo tiempo, llevarnos de la mano en un viaje a la vida en sí misma, incluyendo momentos de euforia y bajadas a los infiernos (este momento viene en la mitad de la composición, alrededor de la media hora, donde la voz de una soprano se retuerce y llega a límites de lo humano en medio de la desnudez de un saxo tenor y un mellotrón como únicos acompañantes.

En el mundo del Underground metálico, es difícil encontrar otro disco como “Light of Day, Day of Darkness”. Un trabajo de riqueza inaudita, excepcional en su desarrollo y su concepción y con una capacidad para evocar nada fácil de conseguir. Una composición de una hora que se torna en un segundo y que es un viaje vital a los miedos y esperanzas del ser humano.


viernes, 30 de mayo de 2014

MARASME - "Mirroir": Atmósfera y efectividad al mismo tiempo


Hay dos extremos a la hora de analizar un disco en primera escucha: aquellos que entran a la primera pero que probablemente se pierden en su propio efectismo y acaban aburriendo, y los que precisan de bastantes rotaciones para conseguir comulgar con ellos. Entre ambos extremos, hay múltiples posibilidades, pero es difícil lograr ambos ingredientes de una forma más o menos pura en un mismo trabajo. No es el caso de los mallorquines MARASME. El grupo debuta después de una demo o EP previo, con “Mirroir”, un larga duración de seis temas y una intro que recorre casi cincuenta minutos de música en su más amplio sentido: un trabajo impresionante, envolvente y atrayente desde la primera vez que gira en nuestro reproductor, y que al mismo tiempo gana en sucesivas escuchas, se llena de matices, de detalles y nos invita a una aventura nueva cada vez. El quinteto logra así lo imposible: lograr un efecto directo y al mismo tiempo perdurar en el tiempo, dando lugar al primer disco que entraría por mi parte en el top-ten del 2010.

¿Qué ofrece MARASME para armar tanto revuelo en mi cabeza? Para empezar un estilo difícil, no tanto de escuchar, como de sobresalir en él, pues las bandas suelen mimetizarse mucho y al final siempre salen los mismos nombres: ellos se definen como Post-Metal, usando ese prefijo como tantos otros para denominar aquel género que se sale de los cánones y se contagia de sonoridades ajenas. En concreto, la tríada de siempre, NEUROSIS, CULT OF LUNA e ISIS, es el punto de referencia. Sin embargo, MARASME va más allá: sus componentes beben del Metal Extremo en sentido clásico, del Doom, del Progresivo setentero y hasta de la música oscura de los ochenta. Todo se mezcla y ofrece un producto que unas veces te sonará a SNAPCASE, otras a SIGUR ROS, otras a PINK FLOYD y otras a MY DYING BRIDE, pero con una personalidad propia que va más allá de la estela de siempre: THE END, MASTODON, TEXTURES, BURST y demás grupos que vienen a la cabeza cuando se trata de ejemplificar este tipo de sonidos. Así, partiendo de una producción soberbia, donde todos los componentes de MARASME tienen su espacio, haciendo hincapié en la atmósfera y al mismo tiempo en la efectividad y la contundencia metálica, “Mirroir””es un viaje donde cada composición es una escala nueva y distinta de la anterior.

Comenzando con la intensidad creciente de la percusión tribal de su intro, el primer corte, “Mirroir” es uno de los que más recuerda a la tríada citada, aunque pasado por la batidora más Death que los emparenta con los citados BURST. La voz de Jeroni, predominantemente chillona y agónica, como los mejores tiempos de CULT OF LUNA, da un toque de personalidad al conjunto al combinar textos en inglés y francés, dando un tono aún más tenebroso y envolvente si cabe en ciertos pasajes. Menos directo y más centrado en la atmósfera es “Flames”, otra oda a la agonía, que consigue atrapar por su estructura in crescendo. Por si alguno pensaba que el grupo se iba a acomodar, nos vemos sorprendidos por “Més Enllà”, corte instrumental donde comienza a ser más evidente el gusto por el progresivo más clásico del grupo, mezclado con cierto aire a los últimos KATATONIA y ANATHEMA. Totalmente atrapados, gracias al hilo argumental cuidado que sigue el grupo, “Ultimatum” ofrece otra cara nueva: cierto aire al “Deliverance” de OPETH, pasado por el cariz menos técnico de BURST, una estructura a lo KING CRIMSON y unos solos que miran directamente a PINK FLOYD. Como se puede ver el eclecticismo es otro de los ingredientes de MARASME.

Pero lo mejor aún está por llegar: asistimos a un nuevo giro en “Thousands”, esta vez mirando a NOVEMBERS DOOM, MY DYING BRIDE y sobre todo los KATATONIA del “Brave Murder Day”, destacando una nueva tonalidad en la voz de Jeroni que es una mezcla entre Swanö y Akerfeldt. Brutal tema, uno de los más metálicos pero que no desentona respecto al resto. Y finalmente, para cerrar de forma decadente, “Blind”, esta vez recordando a TIAMAT en la época “Clouds”-“Wildhoney”, pero con una voz más rasgada y áspera. La cara más Doom aparece así para dejarnos con ganas de volver a la intensidad inicial y recorrer una vez más este viaje que tan corto se nos ha hecho. ¿Algo más? Para completar el conjunto, no basta con personalidad, sonido, ideas y ejecución, encima MARASME se esmera en crear un añadido en forma de digisleeve con una foto muy acorde a la música y una presentación cuidada, en colaboración con los tres sellos que distribuyen este trabajo. Creo que no me dejo nada: simplemente que, si te gusta la MÚSICA, los ocho míseros euros que cuesta este disco, son la mayor ganga que se te ha puesto a tiro. Impresionante debut y banda que entra directa en la lista de perlas a no perder de vista en el futuro.


(Crítica publicada también en: http://www.xtreemmusic.com)

ATROCITY - "Atlantis": Un antes y un después


Alexander Krull es de esas personas que tiene carisma por sí mismo y lo sabe. Si nos situamos en el mundo del Metal Extremo, el vocalista de larguísima melena casado con la lánguida LIV KRISTINE, Krull puede ser considerado uno de los grandes, no solo en su Alemania natal. ATROCITY es una banda de culto, especialmente por sus tres primeros trabajos, los densos y técnicos, a la par que mórbidos y oscuros, “Hallucinations” y “Todessehnsucht” (este último para mi uno de los hitos del Death Metal), y “Blut”, donde aprovechando el concepto draculiano incluyeron otros elementos en su música, lo que empezó a poner la llamada de atención sobre los puristas (confirmado tras la edición del EP “Calling The Rain”, en acústico junto a la hermana de Alex y sobre todo con el siguiente trabajo, “Willenskraft”, que abriría la veda a la música industrial y el aire Gótico, aún más desarrollado en los discos de versiones “Werk 80”). Pero dejando a un lado esta faceta musical, Krull ha ejercido labores de rey de la escena extrema, produciendo, moviendo iniciativas y metiéndose en diversos proyectos, lo que aumenta el carisma del que comentaba.

Después de los devaneos por diversos estilos, Krull pensó que ATROCITY debía hacer un repaso a todo su bagaje y facturar un disco diverso, conceptual y al mismo tiempo focalizado, volviendo a la inspiración del pasado. Así “Atlantis” supuso para muchos “la vuelta” de ATROCITY, para otros “su mejor disco” y para mi en particular, el disco del año 2004. Una producción grandilocuente, pero potente en guitarras y voces, dando fuerza a los riffs y limpieza a las melodías (sólo la batería suena algo sintética), unas composiciones que siguen un hilo conductor envolvente, con puntos culminantes y otros momentos de relajo que no de relleno, y una ejecución entusiasmante, con sensación de directo, contagiando el poder intrínseco de los temas y el derroche de poderío de Krull y sus compañeros, incluyendo a su propia mujer, LIV KRISTINE, haciendo coros y compartiendo protagonismo en los temas más Dark.

Krull no era tonto, sabía que tenía que seguir vendiéndose hacia el público Dark, pero no perder de vista el lado más extremo. Por eso a muchos los dejó un poco perdidos con el single elegido, en una especie de inclusión de LEAVES’ EYES en medio de un disco de ATROCITY (no olvidemos que los miembros de la banda de la mujer de Krull y los de ATROCITY, incluyendo al propio Krull eran los mismos). Así, “Cold Black Days” no es para nada representativo de lo que es “Atlantis”, aunque en la posición en la que se encuentra y siguiendo el hilo conceptual, está perfectamente encajado. Si alguno desechó el trabajo por ese tema, se habría perdido toda la carne del asado: y es que lo que hizo que mis ojos se tornaran hacia este disco y que lo consumiera con avidez durante muchos meses, hasta dejarlo en los huesos, es la increíble apertura con “Reich Of Phenomena”: baterías aceleradas, unos riffs afilados, la voz de Krull oscura y poderosa… Es uno de esos momentos culminantes de los que hablaba, pero no el único, pues “Enigma” también tiene lo suyo, o “Morbid Mind”, que hace honor a su nombre, y ya superados el single, “Atlantean Empire”, con su aire marcial o “Clash Of The Titans”, precedida de una introducción orquestal a lo SEPTIC FLESH y con alguno de los momentos más extremos por la voz de Krull.

“Atlantis” es un antes y un después, uno de esos momentos en que uno recupera la fe en una banda que creía anquilosada en su propio universo paralelo. Como ocurriese con “The Antidote” de MOONSPELL o “Virus” de HYPOCRISY, este disco supuso la vuelta de ATROCITY, sin por ello abandonar todo lo aprendido en el camino. Sigue sonando repetidas veces en mi reproductor y cada vez me enfrento a él con el mismo entusiasmo contagiado, volviéndome loco desde el primer minuto. Por algo será.




miércoles, 21 de mayo de 2014

DRY KILL LOGIC - "The Darker Side Of Nonsense": En la línea de la época


En mi tierna adolescencia, hace ya tres lustros, en plena eclosión del NU METAL, y después de pasar por una fase de Punk melódico al ritmo de BAD RELIGION y THE OFFSPRING, las guitarras contundentes y las voces rasgadas empezaron a inundar mi cabeza. Mi gusto se movía por los mismos derroteros que la revista que editaba las tiendas Tipo, entonces mi tienda cabecera, publicaba, es decir: SLIPKNOT, ILL NIÑO, KORN, DEFTONES, SYSTEM OF A DOWN, BERRI TXARRAK, HABEAS CORPUS, LIMP BIZKIT, LINKIN PARK.... Para mi aquello era ser un total "anti-ley", en una época en la que mi odio por el ser humano crecía al mismo tiempo que mis greñas. Añadimos al cóctel un par de FESTIMADS y tenemos una foto de lo que era por aquella época, en pleno cambio de milenio.

Aunque esta fase no me duró mucho y pronto me metí más en terrenos metálicos de libro, una de las primeras bandas que me llamó la atención por una grotesca portada fue DRY KILL LOGIC. En la citada revista Tipo, los vendían como seguidores de KORN, COAL CHAMBER, PANTERA y SYSTEM OF A DOWN. Con esta última banda tenían bastantes paralelismos visuales, por la pose de sus componentes, y musicalmente lo cierto es que no aportaban nada nuevo, pues era la típica mezcla de las citadas bandas, pero a pesar de ello, en este disco con el sello que abanderó el Nu-Metal, Roadrunner (el único que sacaron con ellos), se muestran como un grupo solvente y con buenos temas.

El disco, cuyo título dice mucho del contenido lírico "The Darker Side Of Nonsense", se divide entre los "típicos" cortes herederos de su época y otros más oscuros que servirían de aviso de lo que, con posterioridad, ofrecería esta banda. Esos temas no tan típicos se concentran en sendos cortes acústicos al final del plástico, en especial "Goodnight" aunque también en el single "Give Up, Give In, Lie Down" que mezcla tranquilidad y agresividad. El resto se mueven entre los juegos vocales de KORN ("Feel The Break" o "Weight"), COAL CHAMBER ("The Strength I Call My Own"), o los más agresivos de SLIPKNOT ("Rot", "Nightmare" con una buenísima introducción y "Nothing").

El resultado es un producto de la época: no busques novedades, ni nada que no te aporten otras bandas. Visto desde la distancia es un disco que me sigue gustando, creo que es muy completo y está bien estructurado (incluso su parte final más tranquila que en aquellos años me resultó muy "tranquilita"). Además DRY KILL LOGIC demostró que tenía cuerda para rato, una vez que se rompió el cántaro y la industria musical miró hacia otro lado. Será que la nostalgia hace mella, pero "The Darker Side Of Nonsense" es un disco carismático y que tiene cosas que ofrecer.

miércoles, 7 de mayo de 2014

THE SLITS - "Cut": Una rara avis única y genuina


En el mundo del Rock, las bandas integradas sólo por féminas no son raras de encontrar: RAINCOATS, GIRLSCHOOL  o sin irnos muy lejos, las VULPESS serían ejemplos. Relacionado con el estilo de las primeras citadas, otro ejemplo sería THE SLITS. Surgidas a mediados de los setenta cuando el Punk estaba en plena efervescencia y un grupo de amigas quedaron prendadas de PATTI SMITH, Ari Up y compañía decidieron formar su propio grupo y después de foguearse un poco con sus instrumentos mal cogidos, se encontraron frente a la audiencia abriendo ni más ni menos que para THE CLASH. La popularidad se volvió repentina a nivel local y, ¡cómo no!, ahí estaba John Peel para dedicarles unas sesiones a este grupo de chicas, cuyo sonido no era tan “típico” como podía pensarse, en parte por la voz de Ari, bastante original e histriónica y en parte por la ascendencia Reggae de algunos riffs y ritmos.

Así, ya cerrando década, THE SLITS facturaron su debut, “Cut” en 1979. Esos ritmos Reggae fueron potenciados por DENNIS BOVELL, productor del trabajo y también miembro del grupo de Reggae MATUMBI y creador de su propia música Dub, y ello unido a una portada que convirtió al disco en un habitual en las recopilaciones de “portadas míticas de la historia de la música”, hizo que THE SLITS subieran rápidamente, metidas de lleno ya en la evolución Post-Punk. Con estas premisas “Cut” no es tampoco un “típico” álbum Punk: por la época, por la confluencia de estilos y por la propia voz de Ari, la rabia da paso a un disco que encierra muchos detalles, más de los que uno podría pensarse, unido a un explícito feminismo radical en sus letras (“Love Und Romance” se ríe de la pareja y las aspiraciones amorosas convencionales, con un trasfondo musical muy avanzado y “Typical Girls” describe de manera cruda e incisiva a las mujeres que no piensan por sí mismas).

El resultado es uno de los discos más completos de la época: las chicas ya habían aprendido a tocar sus instrumentos, la producción de Bovell dejaba que todo se apreciara a la perfección y la variedad de las composiciones, convierten a “Cut” en un trabajo que hasta incluso se hace difícil de escuchar en las primeras vueltas, tratando de acostumbrarse a la voz de Ari y a la mezcolanza estilística (escúchese sin ir más lejos las dos citadas anteriormente, ambas con arreglos de piano complejos, o “FM”, con sus laberíntico trasfondo rítmico y las inflexiones vocales de Ari). Pero al mismo tiempo, es un trabajo fresco, construido desde la energía de unas, todavía, adolescentes, pero ya con experiencia sobre las tablas y las ideas muy claras.

Sólo duraron otro trabajo más dos años después de “Cut”, (“Return Of The Giant Slits”, mucho más atípico si cabe y alejado de las ideas Punk), aunque revivieron ya en el nuevo milenio, como tantos otros combos. En cualquier caso “Cut” es un álbum tan propio y genuino que merece mantener el nombre de THE SLITS vivo en la memoria musical.