jueves, 27 de febrero de 2020

CARPATHIAN - "Isolation": demasiado predecible y constante aunque con buena base melódica.


El gran problema de las bandas de Hardcore actual, y ya no digamos de Metalcore al uso, es que se están mimetizando a pasos agigantados. Si hace unos años había ciertas diferencias, ahora escuchas A LIFE ONCE LOST, ALL IT COST, THE ACACIA STRAIN, DEAD HEARTS o similares, y todas las bandas acaban sonando a lo mismo. Unas veces más agresivas, otras veces más “emotivas”, pero si te dedicas toda una tarde a poner uno detrás de otros sus discos acabas saturado hasta decir basta. El caso de CARPATHIAN, pese a lo elegante y cuidado de la presentación y su nombre enigmático, no es una excepción. Metalcore de rasgos emotivos, Hardcore denso y envolvente, ambientes apesadumbrados y sin predominio de los tiempos rápidos, pero todo está tan estáticamente pensado que se recibe sin entusiasmo, sin gracia, con indiferencia.

“Isolation” es un culto a lo cotidiano, a lo predecible y a lo constante. Al principio se albergan ciertas esperanzas: por el sonido frío y poco orientado a la contundencia, lo que hace mirar en cierta manera a la escuela ISIS, CULT OF LUNA, pero el devenir predecible y totalmente encorsetado de “Ceremony” acaba por dar al traste con esta sensación que no volverá a lo largo de la escasa duración del trabajo. Desconozco el pasado del grupo, mis conocimientos acerca de ellos se limitan a su procedencia (Melbourne, en Australia) y a que “Isolation”, segundo trabajo completo, es su primera avanzadilla fuera de la tierra de los canguros. Pero seguro que no ando muy alejado de la realidad si digo que sus trabajos previos no diferirán en demasía de lo expuesto en “Isolation”. Y eso que se les aprecian ciertas buenas maneras a la hora de componer melodías intensas a lo BURST, pero se les pierde el resultado en la nada y la repetición de esquemas hasta que uno asiste impasible a una sucesión de cortes que no aportan nada a nuestras almas.


Iré por partes: la voz. Martin cumple con su función, pero no estaría de más acuñar algún que otro rango distinto a lo largo del trabajo. Las guitarras: compactas, intensas, densas… pero repetitivas y predecibles. Las bases rítimicas: salvo un par de momentos de desmelene (“Spirals” fundamentalmente, y aunque de una manera más contenida, también entraría  “Ceremony”) todo el disco se desarrolla a base de ritmos cadenciosos, lentos, pesados, supuestamente intensos, pero que acaban por tornarse en predecibles y harto aburridos. Finalmente, y lo más importante, la composición. Se podría decir que “Isolation” es un mismo tema repetido diez veces con la única variación de las melodías (en “The Cold Front”, por ejemplo, bastante conseguidas) y los tempos, pero uno acaba asistiendo perplejo a una sucesión de minutos que tienen comienzo y no parecen tener fin, y eso que las composiciones raras veces superan los tres minutos, con lo que se supone que el dinamismo debería ser un componente básico de CARPATHIAN. Nada más lejos de la realidad.

A su favor tienen el hecho de que no buscan la comercialidad, al menos descarada y directamente. La total ausencia de estribillos para recordar, la no presencia de voces limpias y, en general, el estatismo rítmico, se dirigen a oyentes algo más reposados y activos que los que busquen una sucesión de elementos simples, directos y sin mucha masticación para su digestión. No es el caso de “Isolation”, pero entre la comercialidad radiofónica y las vueltas sobre uno mismo que da CARPATHIAN hay un mundo que podría ser rellenado con un poco más de genialidad o por lo menos entusiasmo y no con un tratamiento tan aséptico, frío y calculado. Aún así, “Isolation” no es lo peor que se puede escuchar hoy en día, pero quedarse sólo en esto es muy poco, en mi opinión. 

(Crítica publicada también en: http://www.rocktotal.com)

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